Un insólito y provocador ejemplo de cine taiwanés

Exótico. Se estrena "La nube errante" de Tsai Ming-liang

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GUILLERMO ZAPIOLA

Puede provocar, chocar, rechazar o fascinar a un espectador. "La nube errante", film taiwanés de Tsai Ming-liang premiado en Berlín y por la Fipresci que se estrena hoy en Cinemateca 18, pertenece al género "tómelo o déjelo".

El director Tsai rescata para su nuevo film a la pareja protagónica de uno de sus películas previos más notorias (Qué tiempo es ahí), y la coloca en un entorno espacial de particular fuerza metafórica. En un extremo de la historia, la vuelta a Taipei de la protagonista (Chen Shiang-chyi) coincide con una sequía, que tiene sometida a la ciudad a largos cortes de agua. Los habitantes acumulan el líquido en botellas de plástico, o bien robando el agua de aseos y locales públicos o llenando las bañeras.

Otro extremo del cuadro lo constituye, el joven actor porno (Lee Kai-sheng, intérprete fetiche de Tsai) que consigue bañarse a escondidas con el agua residual de la lluvia en el tejado de su piso, donde se refugia de una realidad rutinaria y claustrofóbica. Los dos personajes no tardarán en encontrarse y en reconocerse, pues ella le compró a él un reloj cuando este era un vendedor ambulante, aunque desconoce su actual profesión, que él guardará en secreto mientras le sea posible.

Ha podido señalarse que la película retoma formas estilísticas de El agujero, película anterior de Tsai Ming-liang ya conocida en Montevideo, con objetivos diferentes. En ese film previo los personajes hacían frente a una suerte de diluvio universal que los tenía incomunicados, al tiempo que sufrían sus desesperaciones emocionales. Y el estilo mezcla géneros, el drama con el musical `kitsch` (con algún homenaje muy directo a los films musicales de los años 50) más un peculiar y casi ingenuo sentido del humor. Pero hay también sexo explícito, necrofilia y un final muy agresivo.

La forma a la que Tsai apela, apoyada sobre todo en planos largos, no es un capricho estilístico: el director observa a sus personajes con un ojo paciente, dejándolos vivir, reconociéndoles libertad de movimientos y vida propia. Se ha pensado en el maestro japonés Yazujiro Ozu ante el uso de la cámara por parte de Tsai, aunque el autor de la magistral Cuentos de Tokyo nunca habría incluido en una película las dosis de sexo a las que Tsai apela.

Influencias más cercanas se han querido ver en el extraño humor del finlandés Kaurismaki, o los vínculos con Keaton y Tati en la mirada triste y el frecuente mutismo de su protagonista Lee Kang-sheng. A cierta distancia está también la sombra de Michelangelo Antonioni, con su pintura del desarraigo de los individuos en una sociedad fría y deshumanizada. El film ha generado polémicas pero también elogios y premios en el circuito de festivales: en el Festival Internacional de Berlín con un Oso de Plata y los premio Fipresci y Alfred Bauer.

Un transgresor amante de la Nueva Ola francesa

Comparado en numerosas ocasiones con maestros como Michelangelo Antonioni o Andrei Tarkovskii (con quien además comparte una afinidad especial por un elemento como el agua) por el ritmo pausado y la cualidad estética de sus películas, Tsai Ming-liang prefiere en cambio establecer un vínculo con uno de los grandes nombres de la Nouvelle Vague, Francois Truffaut, de quien sostiene que "ha creado su propio mundo, que filmó una y otra vez". Tsai ha dicho también con respecto a Truffaut que el cineasta francés tuvo siempre "las mismas preocupaciones, que encontraban la manera de reaparecer una y otra vez en sus films."

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