SEBASTIÁN DA SILVA
Mientras el mundo se debate entre el pánico y la recesión, nuestro gobierno, con legítimas mayorías absolutas y con integración monopólica en todos los resortes estatales, está solamente abocado a dirimir la forma de mantener sus privilegios en el poder y marcar perfil hacia las próximas elecciones.
Aislados en sus propios vericuetos internos, piensan que la coyuntura económica que les permitió sacar carpeta de gobernantes cuando la soja valía 500 dólares o el novillo era más caro que una laptop, permanecerá eternamente.
Ni miran los informativos internacionales, ni los informes que imagino provienen de las embajadas del primer mundo, que hablan de corridas bancarias frente a los principales bancos y asistencia estatal a monstruos financieros que hasta hace cinco semanas eran criptonita pura.
El tema es la sucesión de Tabaré y nada más. A partir de este único objetivo comienza una interminable sucesión de hechos, dichos y contradicciones que lógicamente tiene consecuencias en la labor diaria del gobierno, siendo el ejemplo más palpable lo de las venias del Banco Central.
Todo empieza y termina en colocar con fórceps a Danilo Astori en la candidatura presidencial, y por ello en medir las fuerzas del actual Presidente mirando su futuro en el llano. Esta pulseada inicia el culebron, Mujica encarna su más patética frase de cómo te digo una cosa te digo la otra, firmando contra la ley de caducidad, reuniéndose con Kirchner. Arma su campaña personal a base de mateadas y deja absorto al delfín presidencial, que intenta mantener el impuso del dedo mágico en base a cautela y respuestas en blanco, pensando que sólo poniéndose agresivo contra los partidos tradicionales, la izquierda se puede olvidar de casi cuatro años de ninguneo en el Ministerio de Economía.
El resto del Frente que no es ni el MPP ni Asamblea Uruguay, confabula, mira con recelo una eventual polarización, tira un día la idea del consenso, inventa la posibilidad de un tercer candidato, hasta que llegan a la conclusión que la única posibilidad de frenar esta concatenada sucesión de hechos consumados es tirar de nuevo la "Gran Pacheco", promoviendo la reelección presidencial.
Conclusión, todo aparato estatal baila al ritmo de este sonsonete lamentable, que tiene a ministros más entretenidos en salir a perfilarse políticamente, armando actos callejeros o firmando papeletas, que encontrando soluciones para los tamberos, para el Casmu o arreglar la tragedia de PLUNA.
Si toda esta administración estuvo plagada de contradicciones que demostraron la inexistente cohesión dentro de las líneas programática de quienes nos gobiernan, si por ellas todo este período estuvo minado de idas y venidas que sólo se solucionaban con aumento del gasto público no nos puede sorprender que en este momento de definiciones se manejen de forma similar. El único agravante es el preocupante papel que le otorgan a la Constitución que no permite nada de lo propuesto y que el garante de la ecuanimidad y transparencia electoral como es el Ministerio del Interior sea arte y parte en este lío.
Por el resto, en el gobierno seguirán metidos en su Tupper, negando una realidad que es inevitable y como fuerza política seguirán estando como decía Marta Sánchez en su canción: "desesperados".