1929 y la crisis actual

JUAN EDUARDO AZZINI

En un acto realizado en la Academia de Economía a fines de 2007, me referí al libro del egipcio Nassim Taleb, "El cisne negro", y "lo altamente improbable" y también a los artículos de Paul Krugman en la prensa de EE.UU., desde su óptica neokeynesiana, criticando el control del Estado en épocas de crisis.

Ya en marzo de 2007 se advirtió sobre la baja de interés en EE.UU. para aumentar el consumo y la aparición de nuevos "productos" financieros respaldados por una masa de bonos hipotecarios a bajo interés para la compra de inmuebles. Y la recesión se desata con la caída de "Fannie" y, "Freddie" en julio, la quiebra posterior de "Lehman" en setiembre seguida de una pavorosa crisis financiera que ataca al sector real. Lo demás es conocido. Y se compara con la "Gran Depresión" de 1929. Pero ¿Qué pasó en 1929?

Todo el mundo vivía "los años locos" sin pensar en el futuro. EE.UU. surgía como acreedor del mundo entero; ventas a plazo, crédito descontrolado, subsidios, una banca sin control, el lujo, la especulación, "Alemania pagará"... Agréguese a ello la enorme producción de trigo en EE.UU., con subsidios al agro, alocadas tasas de interés. Solo Hayek advirtió el peligro.

Y EE.UU. entró en una fase depresiva en el otoño de 1929. El mercado de valores se retrasó y la Bolsa comenzó a padecer. Pero los grandes banqueros tranquilizaban al público. El gobierno no opinaba y la "Reserva Federal" tampoco. El jueves 24 fue el primer día que se habló de pánico. Se transfirieron varios millones de acciones. Y faltaban compradores. El presidente de la Bolsa estaba en Hawai. La multitud se agolpaba en Wall Street esperando... nadie sabía qué.

Unos días antes, el presidente Hoover se había referido a través de los diarios, a que el país estaba sólido en términos reales y que lo que sucedía era solo un fenómeno psicológico.

El alcalde de Nueva York pidió a los cines que pasaran películas alegres. A bordo del transatlántico "Berengaria", en viaje a Europa, la "crema" de la sociedad de EE.UU. había jugado fuerte en la oficina del barco. Así les fue. Solo Helena Rubinstein pudo vender a tiempo sus acciones y salvar su gran fortuna.

Y así se llegó al martes 29 de octubre que marcaría el fin de una era de especulación bursátil, y el inicio de la recesión y el hambre. Las ventas superaron los US$ 17 mill. de títulos. Ya no había compradores. Dos días después, se deterioró el mercado del algodón, cayó el trigo y la producción de acero, pararon muchos ferrocarriles... y comenzaron años amargos que vinieron lentamente. Cientos de bancos quebraron, la desocupación pasó el 20%, las colas para recibir un trozo de pan alcanzaban centenares de metros en Nueva York. Pero era gente de clase media, que habían perdido todo en la bolsa. EE.UU. abandonó el patrón oro.

Pero el desastre saltó a Europa y en 1932 lo sentimos nosotros, comenzando una era de controles, subsidios y reglamentaciones que solo la Guerra Mundial, y después la de Corea fueron difiriendo en el paisaje. Hasta los años 50.

¿Y en esta nueva crisis? También se sentirán sus efectos que ya se aprecian en Europa. Y comienzan los coletazos en nuestro país, que se intensificarían en el 2009. La crisis se aprecia ya en la economía real: cierres, paros, dificultad para financiar proyectos, dificultad en las exportaciones y menor consumo... Veremos.

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