Carlos Maggi
Producto culto interno / externo
El sistema capitalista crece y se enferma como los seres vivos, según su propia constitución orgánica; por eso resulta tan impresionante comparar la gripe de un gigante, con la gripe de un país de pequeñas dimensiones. Se viven grandes sorpresas.
Los bancos Transatlántico del Uruguay de un modo, en 1965 y Lehman Brothers, de otro modo en 2008, crearon empresas colaterales para multiplicar sus negocios de riesgo desmedido y algo más. Esas colaterales escapaban a los controles de la autoridad que regula la actividad bancaria y produjeron un desastre.
Las colaterales de los bancos de inversión, en EE.UU. prestaban, sin tomar ninguna precaución con tal de que el cliente diera garantía hipotecaria. El negocio permitía emitir papeles respaldados en la garantía real: papeles de papeles en larga cadena; todo basado en el precio de los inmuebles que subía sin parar.
Una vez un hombre abrió una lata de sardinas y estaban podridas. Reclamó contra el vendedor; el vendedor había comprado en Singapur, eran sardinas importadas de Grecia, pero de origen español. Cuando la reclamación llegó a Vigo, el primer vendedor contestó: ¿Quién fue el idiota que abrió la lata? Hasta ese momento todos habíamos ganado y nadie había perdido. ¿Quién quiso ejecutar al primer deudor hipotecario y comprobó que era insolvente y que el precio de su casita no cubría lo adeudado?
Por si fuera poco, sucede que la quiebra de un banco no sólo arruina a los dueños del banco (a cientos de accionistas) sino que además le quita sus ahorros a cientos de miles de clientes; y cuando millones de clientes no pueden cobrar, se traba la rueda de los pagos, nadie le paga a nadie y se frena la economía.
Que los papeles de adeudo no sean confiables asusta y muchos quieren cambiar sus papeles por dinero. Pero los bonos hipotecarios igualan en cantidad a la deuda pública de EE.UU.; la cifra total es espeluznante.
Ante semejante responsabilidad, la ignorancia expuesta en EE.UU. para manejar bancos en apuros, agravó la situación.
El Federal Reserve fue criticado cuando evitó la quiebra de un banco, el Bear Sterns, poniendo dinero grande. En plena campaña electoral se oyó decir: ¡Están socializando las pérdidas!
Después de este escandalete, el Banco de la Reserva Federal cambió de actitud y dejó caer al Lehman Brothers Bank.
¡Para qué! A raíz de esa caída hubo un colapso mundial.
Tratar un banco como si fuera el almacén de la esquina hizo que Europa tuviera que respaldar su sistema con 70.000 millones de euros; Rusia 30.000 millones de dólares; Japón 100.000 millones.
Nadie dejó de sentir que habían soltado a una bestia que se comía el mundo.
En EE.UU. agonizaban sin remedio Merril Lynch, Washington Mutual, AIG, Morgan Stanley, Goldman Sachs... Sólo la aseguradora AIG era 30 veces más grande que el banco que dejaron fundir (el capital de AIG es de un millón de millones).
Entonces el gobierno y la oposición dieron marcha atrás: había que inyectar dinero grande, costara lo que costara. Consecuencia: el Estado da por recuperables los préstamos incobrables; paga los papeles con dinero contante y sonante por su valor nominal. Y aquí no ha pasado nada. (?)
Pero un grupo de senadores y un grupo de diputados se negaron a socializar las pérdidas, era un mal negocio. Este fue un golpe terrible.
Dos días después, los que votaron que no, fueron enterados del panorama que se venía y cambiaron de opinión; habían votado como ignorantes. Entonces, los estadounidenses se resignaron a copiarnos… tardíamente.
Chile en 1982 y el Uruguay en 1985 pasaron por un colapso parecido, con la diferencia que aquí se conocía tan a fondo la enfermedad financiera y su remedio, que no se perdió un minuto en sofocar el fuego.
La gente ni se dio cuenta de la bancarrota simultánea de las tres instituciones privadas más grandes del país: Banco Comercial, Banco La Caja Obrera y el Banco Pan de Azúcar.
Fue una herencia que dejó la dictadura. Se sabía que esos bancos estaban fundidos y fueron maquillados (sostenidos en apariencia) hasta la llegada del gobierno democrático de Sanguinetti. (En ese momento, hacía tiempo que el Comercial había perdido 2.000 veces su capital).
En el Senado de la República se pensó entonces que la compra de carteras (pérdidas multimillonarias para el Estado) había sido un delito y por consiguiente, la denuncia pasó a consideración de un juez en lo penal. Pero cuando el juez y el fiscal se enteraron cómo funciona una plaza bancaria, decidieron inteligentemente, el archivo del asunto. Se trataba de un pésimo negocio provocado por el rompimiento de la tablita; la falla venía de muy atrás.
Las pérdidas por estabilizar la plaza, fueron infinitamente menores de lo que hubieran sido de no haberse tomado las drásticas medidas que se tomaron. Una operación de salvataje financiero se parece a la manera en la cual trabajan los bomberos: con tal de apagar un incendio, usan el hacha. La comparación convenció al juez y al fiscal: un mal enorme evita males mucho mayores.
La compra de carteras en EE.UU. costará un millón de millones. Un poco menos que la guerra de Irak... pero claro... viene a sumarse al agujero provocado por el gasto público militar. EE.UU. sufrirá y hará sufrir.
El mal que ha esparcido el señor George W. Bush en su país y en el mundo entero, se parece al momento en el cual Nerón quemó Roma.
Habrá un castigo merecido para el Partido Republicano. El gobierno controló mal los bancos: permitió las colaterales y sus negocios de especulación desbocada.
¿Cómo explicarle a la gente que si no compran las carteras se socializaría un abismo? Ya sucedió una vez en un gran país. El dinero dejó de valer, fue hacia 1923; y en la década siguiente, asistido por una juventud quebrada por la inflación pavorosa, desmoralizada en los dos sentidos de la palabra, el mundo vio triunfar al tirano que ofrecía revancha y seguridad... Berlín 1936.
En el programa "GPS", el domingo pasado, Fareed Zacaria editor de Newsweek, ahora en CNN (1) dijo y no mentía:
-"En 1929 la bolsa cayó un 40% en un día. En 1987 cayó un 22%. La semana pasada batió todos los récords en puntos: caída de 770 puntos en una sesión. Esa caída sólo representa el 7% y al otro día subió un 6%, 585 puntos. No digo que la crisis no sea muy importante, pero creo que hay estudiarla alejada de las noticias sensacionalistas".
Sabiendo que hay 700 mil millones de dólares para pagar créditos incobrables; y sabiendo que en todos los países evolucionados se repite el remedio (inyectan dinero grande en el sistema financiero); cabe pensar que esta crisis global cambiará muchas cosas, pero que su azote no será largo.
Suponer que los bancos pueden ser empresas bajo un sistema liberal es un error colosal cuyas consecuencias se están viendo, una vez más. El libre mercado financiero debe encuadrarse en una regulación de fierro; y ahora más que nunca cuando el sistema va camino de concentrarse en menos bancos de mucho mayor calado.