En medio de un clima de tensión social debido a las permanentes movilizaciones y paros por las demoras en los Consejos de Salarios, fue saludable la decisión del gremio del transporte de suspender una huelga prevista para ayer. Pero esa misma saludable decisión deja en claro los perjuicios que provoca este "gatillo fácil" que están viviendo los gremios a la hora de decretar paros.
Por ejemplo, se supo de facultades que suspendieron clases, trabajadores que no supieron si podrían volver a sus casas y, en general, un clima de incertidumbre que no es bueno para el país.
Lo que parece haberse perdido es la noción de que una huelga debería ser una medida extrema en casos desesperados, y no una simple forma de presión más, a decretarse con la alegría que lo hacen algunos gremios.