Día del Patrimonio: visitar el Apostadero Naval de España

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Este próximo fin de semana celebramos el Día del Patrimonio Nacional y sería de rigor, entre las numerosas ofertas, visitar una joya del pasado que tiene que ver con el puerto de Montevideo: es el Apostadero Naval que tuvo asiento en una inocente casona de la calle Zabala a la altura del 1583, con una rica historia.

Desde esta casona, el comando naval de la flota imperial española goberno los territorios coloniales de su imperio en América del Sur, incluyendo las Malvinas, y en algún momento aquí se estaciono la mayor armada de todos los tiempos, nada menos que 116 buques de guerra y auxiliares. Era el mayor puerto de aguas profundas y bahía protegida mientras que Buenos Aires era un cenagal. Así que la corona española nos eligió para funcionar como el Apostadero Naval del Imperio, función que fue cumplida con total prescindencia del Virrey de Buenos Aires.

Es una historia que comenzó en 1776 y terminó en 1814, cuando se fueron los españoles. Pero durante 38 años el puerto de Montevideo fue el puerto "hub", el puerto distribuidor de cargas, provisiones, pertrechos militares, movimientos de soldados desde y para el Pacífico, todo articulado desde Montevideo. Aquí, en esta casona de 230 años, con un frente algo diferente al actual pero magníficamente recuperada, estuvo como dijimos el Apostadero Naval de España. Fue un centro de decisiones que fue visitado por Artigas y por muchos otros patriotas y extranjeros de la época.

Cada vez que pase frente a esa finca, además de lo que fue y de los hechos históricos navales españoles, recuerde que aquí estuvieron Garibaldi, Don José Bustamente y Guerra y Don Pascual Ruiz Huidobro y hasta el Virrey Sobremonte. Tampoco olvidamos a Don Mateo Magariños y José Batlle Carreo y también Don Juan Pivel Devoto, que a su impulso siendo Ministro se recuperó esta reliquia. Y aquí también se instalaron en febrero de 1807 los ingleses. Próximo a cumplirse una nueva festividad relativa al Patrimonio Nacional Histórico, nosotros hacemos esta apelación a que los montevideanos se reencuentren con este caserón que fue algo más que el Apostadero Naval de España, que incluso a mediados del siglo XIX funcionó como Aduana. Sus paredes, han sido testigos de hechos que enriquecen nuestra historia. Hoy en día sus corredores, pasillos y salones están vacíos, pero fueron testigos de innumerables historias que acaso torcieron el destino de nuestra República. Podemos imaginar lo que fue ese centro, donde personajes de un tiempo desarrollaron estrategias de geopolítica y logística a lo grande. En todo esto hay que poner la necesaria imaginación de crear un tiempo, una época, cuyas orillas portuarias llegaban hasta la misma esquina de 25 de Agosto y Zabala, eran las Orillas del Plata.

Ese edificio fue hermosamente recuperado hace algunos años e ingeniosamente decorado; su interior luce pulcro y atractivo con alegorías históricas, figuras de los reyes católicos en tamaño natural con sus vestimentas y la incorporación de material histórico muy bien logrado. El reciclado ha dejado hábilmente expuestos los auténticos ladrillos de las paredes levantadas por el 1750. Se nos dice que la casona ahora pertenece al Banco República. Sería interesante que las autoridades pertinentes, considerando la próxima celebración, lo abran al público.

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