Un conservador atípico al frente del gobierno japonés

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Taro Aso

El miércoles, este hombre de 68 años, fue elegido como primer ministro por el Parlamento de Japón. Su popularidad está basada en un gran carisma, que atrae sobre todo a los ciudadanos de edad avanzada para quienes la experiencia es esencial para dirigir la economía japonesa. Gran defensor de la cultura popular de su país, ha confesado ser fanático de los cómics y de las novedades del mundo tecnológico. Católico y perteneciente a una dinastía de grandes políticos, Aso logró por fin entrar en el álbum familiar de primeros ministros japoneses.

PRIMER MINISTRO

El primer ministro electo de Japón, el conservador Taro Aso, es un político atípico que se forjó como campeón de tiro al plato y mercader de diamantes en África antes de dedicarse a una profesión que corre por las venas de su familia desde hace varias generaciones.

Tras haberlo intentado en tres ocasiones, Aso logró el miércoles, a los 68 años, su objetivo de ser elegido primer ministro por el Parlamento de Japón. La opinión pública japonesa ve en este gran orador la autoridad que le faltaba a su predecesor Yasuo Fukuda, un jefe de Gobierno discreto, partidario de hacer concesiones, que nunca logró imponerse ante la oposición y acabó dimitiendo repentinamente a principios de este mes tras haber alcanzado la cima de la impopularidad.

De voz ronca y seductora, Aso es más carismático y cuenta con el beneplácito de los japoneses de edad avanzada, para quienes la experiencia es esencial para dirigir la economía japonesa.

Aso será "el primer ministro más divertido de la historia" y su llegada al poder marcará el fin de un "Japón lento y deslucido", se entusiasmó en afirmar uno de sus partidarios, el ex ministro de Justicia Kunio Hatoyama. Aso se ganó una reputación de "halcón" en política exterior cuando fue jefe de la diplomacia japonesa entre 2005 y 2007, luego de ocupar varias carteras. Aboga por mantener la alianza con Estados Unidos, reforzar el poderío militar de Japón y seguir firme frente a China, aunque reconoce que a Tokio y a Pekín "les conviene prosperar juntos".

Antiliberal en economía, defiende la reactivación mediante el gasto público.

Aso es para muchos un personaje curioso que, al ser sorprendido por una cámara de televisión en un aeropuerto leyendo con avidez una historieta, aprovechó para reivindicar su pertenencia a la tribu de los "otaku", los jóvenes japoneses llamados Mangas, de físico esmirriado, fanáticos del mundo de la electrónica y de los cómics. Prueba de ello, es que impulsó la creación del "Premio Internacional del Manga", para lo cual hizo campaña desde el techo de una camioneta en el extravagante barrio tokiota de Akihabara, templo del "high tech" y de los cómics. Es muy común que Aso defienda la "cultura popular" japonesa -cómics, moda, videojuegos, música- que él quisiera hacer llegar a todo el planeta.

Su gusto por el sarcasmo le hizo pasar malos momentos en varias ocasiones, como en 2007 cuando debió pedir disculpas tras hacer una broma sobre la enfermedad de Alzheimer, que fue mal recibida en un país envejecido.

La reputación de Aso se vio dañada durante un tiempo por acusaciones contra la empresa familiar de cemento que habría empleado a esclavos coreanos durante la ocupación japonesa de Corea (1910-1945).

Católico y perteneciente a una dinastía de grandes políticos, Aso logró por fin entrar en el álbum familiar de primeros ministros. Su abuelo Shigeru Yoshida lo fue dos veces, de 1946 a 1947 y de 1948 a 1954, y su suegro, Zenko Suzuki, entre 1980 y 1982. La esposa de Aso también es hija de un ex primer ministro, pero todos estos antecedentes no le impidieron intentar otros caminos en su juventud cuando se fue a estudiar a Estados Unidos y a Londres. Pero al tiempo sus padres, preocupados, lo llevaron de vuelta a Japón, y a los 30 años se marchó a Sierra Leona, donde trabajó dos años en el negocio de los diamantes. También en 1976, Taro Aso representó a Japón en los Juegos Olímpicos de Montreal, en la especialidad de tiro al plato. (AFP)

Enfrentar la crisis

Presionado por la crisis que ha provocado una fuerte contracción en la segunda economía del mundo, una vez elegido por el parlamento como nuevo primer ministro, Aso nombró de inmediato a los ministros de su Gabinete y aseguró que la prioridad será el crecimiento económico. "Soy particularmente consciente de las preocupaciones de la población sobre la economía, de sus quejas relativas a la vida de cada día y de su desconfianza hacia la política", afirmó al anunciar la composición de su gobierno. Aso, que no oculta su postura antiliberal en materia económica, prometió también que la principal medida que tomará será aumentar el gasto público para estimular la economía, contrariamente a la política de reducción del déficit defendida en los últimos años por los reformistas liberales. "Cuando veo la situación financiera, tengo la impresión de que atravesamos un período de turbulencias, no un período de paz", afirmó.

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