¿De qué nos vamos a reír ahora que está solo?

MATÍAS CASTRO | LA FARÁNDULA

El conductor de Intrusos en el espectáculo, Jorge Rial, escribió el viernes una columna sobre Matías Alé. "La decadencia de un Don Nadie" se titulaba, y con eso ya decía todo. Matías Alé cayó en lo más bajo y recibió una puñalada certera.

Es curioso, porque hace apenas tres semanas, cuando oficializó su separación de Graciela Alfano, el notero de Intrusos lo entrevistó y Matías le agradeció a Rial y sus compañeros por el supuesto apoyo que siempre le brindaban. O bien el apoyo no era muy sincero, o bien Matías interpretó las cosas de maneras extrañas. Y teniendo en cuenta la forma de ser del muchacho y sus habituales demostraciones de "ingenio", es muy probable que haya interpretado la actitud de Rial y su equipo en formas un tanto extrañas.

Pero ahora no hay lugar a segundas interpretaciones. No hay muchas lecturas para esta frase de Rial: "Con esto queda demostrado que el tipo no era un nabo por pedido de su ex pareja famosa. No, es un tonto de chico, de herencia, genética pura... Es patético verlo llamando amiguita o amiguito a artistas que, hasta no hace mucho, creían que el muchacho sin nombre era sólo el mucamo sexual de la reina de la avenida Alvear". Si Alé lo lee, se revolcará, o al menos intentará buscar cámara para responderle.

Es cierto que ahora Matías quedó totalmente en el aire. Tiene algunos contratos de trabajo y hasta cierto punto figura en el mundo del espectáculo porteño. Pero en realidad, su verdadera gracia era como novio de Alfano. Por separado su existencia mediática no tiene mucho sentido. ¿De qué nos vamos a reír ahora que Matías está solo y sin Gracielita? Es como El Gordo sin El Flaco, con el debido respeto de Stan Laurel y Oliver Hardy.

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