Rodolfo Sienra Roosen
Es indiscutible. Nuestro régimen carcelario es de los peores de América Latina, lo que ya es decir.
Sabemos además que hay cárceles y cárceles y presos y presos. Lo que no puede ocurrir es que haya determinados presos para determinadas cárceles o viceversa. No es lo mismo estar preso en Cárcel Central que estarlo en el Comcar. En este último establecimiento, hacinado con una población que duplica su capacidad locativa, se cometen abusos y delitos de toda naturaleza. Se consume droga, hay violaciones, agresiones, asesinatos.
Tiempo atrás, era de estilo que al delincuente de cuello duro, por llamar así al tipo de delincuencia no violento, al que por sí o por medio de su abogado, o por tener amigos con influencias, se le alojara en San José y Yí.
La dictadura, so pretexto de no conceder privilegios a nadie, a muchas personas procesadas por delitos económicos, los enviaba a cárceles del Interior. Así, por ejemplo, la de Trinidad, en la década de los años setenta fue una especie de hotel cinco estrellas. Un edificio bien mantenido, con un jardín precioso, todos los presos alimentándose con comida del "Berruti", y varios que al caer el sol se tomaban su whisky y otros que se dormían al compás de conciertos de Wagner, pues tenían la posibilidad hasta de instalar equipos de música en sus habitaciones. Y esto no me lo va a contar nadie, porque yo lo vi, pues ejercía la defensa de algunos e iba periódicamente.
Cosas de militares. Eso no estaba bien. Pero siempre desde antes y ahora se dio rango de hotel de lujo a la Cárcel Central. No hay ninguna razón para discriminar, no la hubo nunca, pero en los hechos se discriminó y se discrimina.
Llegó la izquierda al gobierno y una de las primeras decisiones que tomó y publicitó el Presidente fue la de sacar de allí a los hermanos Peirano, a quienes sin ni siquiera acusación fiscal calificó de "peligrosos delincuentes", lo que fue severamente observado por la Comisión de Derechos de la OEA. Cosas de Vázquez… No fue inmediato, pero finalmente se les trasladó a La Tablada, en donde permanecieron hasta que se les dio una muy tardía libertad.
Y ahora, lo de Juan Peirano. No es fácil resolver este problema, pero nadie ignora que hay cárceles, especialmente el Comcar, en donde algunos recursos de "brazos fuertes" ofrecen protección a presos que presumen con dinero para pagarles sus servicios, y que en caso de negativa, agreden, les hacen la vida insoportable a los que se niegan a pagarles, y llegado el caso, hasta los matan.
No conozco a Juan Peirano, borrosamente recuerdo haberlo saludado en una oportunidad no me acuerdo en dónde. Conozco poco a dos hermanos, Dante y Jorge. No me duelen prendas por ninguno, pero es evidente que al tenerlo preso en el Comcar se le está arriesgando la vida, y de esto hay evidencias, porque si a los agresores de hoy los aíslan, podrán venir otros por sí mismos o mandados vaya a saber por quién o quiénes.
Muchos ahorristas han quedado en la ruina como consecuencia de lo que pasó en el Banco de Montevideo. Si el Ministerio del Interior y autoridades deportivas le dan protección especial a un señor a quien la casualidad le puso el apellido de Prudente, en este caso prudente sería tomar una medida para evitar que haya que lamentar algo más que un corte superficial.