De bueyes y cornadas

ANTONIO MERCADER

Mañana, Daisy Tourné se las verá feas en el Parlamento. Su subordinado, el jefe de Policía de Canelones, Sergio Guarteche, acusó al barrer a los legisladores de "corporativismo". A todos sin excepción, incluidos los del Frente Amplio, lo que deja a la ministra Tourné sin su habitual argumento de que es la aviesa oposición la que hace política con el tema seguridad. Aquí está en juego el honor de sus propios correligionarios y la ministra deberá optar entre respaldar al lenguaraz Guarteche o destituirlo por lo que dijo.

Lo cierto es que ya debió destituirlo sin esperar la sesión ante la comisión parlamentaria que entiende en el tema carcelario.

Es verdad que nada ha sido sencillo para Tourné.

Pocas tareas de gobierno son más difíciles que conducir a la policía y controlar las cárceles. Siempre fue así en nuestro país por lo que no pueden cargársele las tintas a Tourné, en especial si se recuerda que heredó la obra de un calamitoso ministro del Interior y que la policía -debido, entre otras cosas, a los pujos de sindicalización insuflados por el Frente Amplio- reacciona cada día más como un cuerpo monolítico que cierra filas cuando se ataca a uno de sus integrantes.

Algo de eso sucede en torno al pleito del jefe Guarteche con Álvaro Garcé, el comisionado parlamentario de cárceles. Garcé, un vocacional en la materia y un profesional escrupuloso, denunció irregularidades en la cárcel de Canelones -en particular, maltratos a los presos- lo que documentó al detalle ante el Parlamento. Los legisladores, sin distinción de partidos, aprobaron su informe de 16 páginas y le ratificaron la confianza. Despechado, Guarteche insistió en sus cargos contra Garcé a quien incriminó por "hacerle los mandados a los delincuentes", entre ellos a dos narcotraficantes.

Si esa embestida contra Garcé se pasó de la raya, peor fue el exabrupto de Guarteche contra el Parlamento. Parapetado tras su cargo de jefe de Policía de Canelones, Guarteche dijo que tanto Garcé como los diputados y senadores que integran la comisión bicameral sobre las cárceles provienen de "la misma casa y se apoyan mutuamente". Por si fuera poco, sintetizó su pensamiento con una pieza del refranero popular: "entre bueyes no hay cornada" dijo.

En su concepción, los "bueyes" vendrían a ser los legisladores que confían en el comisionado Garcé.

Por tratarse de un conflicto, y además de poderes, es natural que el duelo Guarteche-Garcé concite la atención pública. Empero, más allá de observar su desenlace puntual, sería bueno que todos trascendiéramos la anécdota para acercarnos al trasfondo de la historia. Detrás de las denuncias de Garcé hay una cadena de indignidades en la cárcel de Canelones, la tercera más grande del país, con 810 presos y unas condiciones locativas que, al menos en teoría, no son las peores en el sistema penitenciario nacional.

En su informe, Garcé registra casos de corrupción y degradación, así como de castigos físicos a los reclusos, sobornos, violaciones, extorsiones y otras figuras del Código Penal. Son fogonazos del infierno que centellean desde nuestras prisiones, no en todas, y que recrudecen cuando una de ellas hace crisis.

Lo mejor que podría pasar mañana es que, aparte de aclarar las cosas y pararle el carro a Guarteche, la ministra, el comisionado, los legisladores, los policías y los carceleros se conjuraran para seguir corrigiendo fallas y transformando la realidad de nuestro sistema penitenciario.

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