RUBEN LOZA AGUERREBERE
Javier Marías, hablando del escritor Henry James, señalaba que éste se paseaba por la vida como un espectador y que, en cierta forma, fue un desdichado feliz. Como escritor, indagó en el alma de hombres y mujeres. Como diría Michel Tournier, les tomó espléndidas "fotografías con su corazón". Los libros de Henry James se bastan a sí mismos, motivo por el cual es uno de los maestros de las letras de habla inglesa.
Nacido en Nueva York en 1843, Henry James vivió en el seno de una familia con prestigio social e intelectual. Su padre era amigo de Emerson y un seguidor de Swendenborg. Como había heredado dinero, no tuvo que trabajar para mantener a su familia. Casado con Mary Walsh, tuvo cinco hijos. El primogénito fue uno de los psicólogos más innovadores de su tiempo: William James. El segundo de sus hijos, fue Henry, el futuro novelista, quien vino al mundo en 1843. William y Henry James cambiaron de colegio y de tutores con frecuencia. Pero mientras Henry fue creciendo con avidez intelectual, sometido al rigor filosófico de su padre, su hermano William James era el heredero del puritanismo.
Graduado en Harvard, el futuro escritor se trasladó a París y luego se radicó en Gran Bretaña. Escribió de manera aplicada y, salvo viajes esporádicos, vivió allí hasta su muerte, en 1916. En su vasta obra, hay cuentos tan memorables como "La figura en el tapiz" y "La lección del maestro". Y entre sus novelas siempre se mencionan obras maestras como "Otra vuelta de tuerca" y "Retrato de una dama".
Ahora, una acabada muestra de su arte narrativo llega en una bienvenida edición. Me refiero a la colección titulada "La vida privada y otros relatos" (Cuenco de Plata/Gussi). El libro, que contiene piezas de mediana extensión, es una muestra del arte impar de Henry James, quien capta con una pluma de refinado estilo los diversos matices de una sociedad a la que pinta esmeradamente, habitada por personajes singulares, atractivos, siempre complejos. Ello lo vemos en el relato que titula a la colección y también en la historia que desarrolla en "Los amigos de los amigos". Mientras, en el relato "La bestia en la jungla", percibimos agazapado el misterio que acecha a su protagonista, como suele ser habitual en él. La ironía ha cincelado esas páginas.
Henry James llevó una vida social intensa: a manera de ejemplo digamos que en el correr del año 1878 fue invitado a cenar ciento cuarenta veces, y que las aceptó todas. En ese mundo, por cierto, encontró los materiales para sus obras. Deliberadamente o no, pues, como se sabe, un escritor es un alumno desatento en el aula de la vida (palabras de Elizabeth Bowen).
Los personajes de Henry James están generalmente enfrentados a los problemas vinculados con el bien y el mal, y exhiben sus dificultades para resolver sus asuntos sentimentales. Aquí tenemos algunos relatos donde hay diversas formas de la agonía, la que surge como motivo esencial, dando sentido a unas historias de lentos desarrollos, que le permiten desplegar el llamado "estilo Henry James", al que el paso del tiempo ha enriquecido aún más.
El poeta Auden lo llamó "Maestro del matiz y el escrúpulo". Afortunadamente, regresa para regocijo de los "lectores imprescindibles" (como decía el Nobel Eugenio Montale) con relatos de esbelta belleza.