A la ministra de Interior le preocupa que las portadas de los diarios asignen tanto espacio a la crónica roja. Y que los noticieros de televisión dediquen veinte minutos a la información policial. Sostiene que el periodismo está generando en la sociedad una sensación de creciente inseguridad. Y que la oposición política, que no descansa en su intento de descalificar lo mucho y muy bueno que se hace en el gobierno, se está haciendo su agosto.
A la gente, en cambio, le preocupan otras cosas. Por eso a las rejas y a las alarmas se han venido a sumar, con inusual fuerza, las cercas electrificadas. Por eso la venta de gas paralizante y de picanas ha aumentado exponencialmente. Por eso las casetas de seguridad privada, financiadas por comunidades de vecinos, se han incorporado a la escenografía ciudadana. Porque la gente, aunque la ministra y su gobierno no lo quieran ver, tiene miedo.
La ministra dijo muchas cosas. Y es difícil no meter la pata cuando se habla tanto. Doña Daisy no ha sido, precisamente, la excepción. Quizá si hubiera esperado antes de hablar hubiera podido ver que incluso los indicadores del propio Ministerio del Interior señalan que las rapiñas han crecido casi un 20% en 2008 respecto del año anterior. Y que los homicidios todavía aumentaron más. ¿No será por eso, señora ministra, que la crónica roja ocupa más espacio en los medios? ¿Acaso las rapiñas y asesinatos no están ocupando también más tinta en los gráficos de su propia secretaría de Estado?
¿Y cuánto habrán aumentado, señora ministra, los delitos que los uruguayos ya no denunciamos, porque tenemos que trabajar para pagar los impuestos que su gobierno nos aplica incluso a quienes tenemos una jubilación, y no tenemos tiempo para perder una hora en una seccional para que un funcionario policial anote, a mano y con lapicera, nuestro drama cotidiano en un humilde cuaderno de novedades que luego nadie tomará en cuenta a la hora de diseñar una estrategia de seguridad? ¿Verdad que la gente ya no denuncia cuando le roban la radio o las tasas del auto, el pestillo de bronce de la puerta, las mochilas, los libros y los celulares de los pibes que vuelven de estudiar y tantas otras cosas de las que ya no podemos ser dueños?
Claro que es más fácil, y este gobierno sabe de eso, echarle la culpa al otro. "El doctor Lacalle no entiende nada. Hace tiempo que no entiende nada de nada", llegó a decir la ministra.
¿Y por casa cómo andamos, señora ministra? ¿Cuántas de las rapiñas y homicidios cometidos este año, y el anterior, ha logrado aclarar la Policía que usted dirige? ¿Y cuántos hurtos? ¿Y cuántos arrebatos?
¿Por qué usted, que sí entiende, no nos cuenta finalmente quién truncó en Piriápolis la vida de la joven Natalia Martínez?
¿Por qué usted, que sale tan a menudo en los noticieros que a la vez critica, no utiliza sus muchos minutos de televisión para decirnos quién ejecutó al joven asesinado en pleno Centro de Maldonado y al periodista Mateo Kutalec en el mismo departamento? ¿Y a Pamela Silva, de apenas 11 años?
¿Cuándo entonces podremos saber quién mató al comerciante de Las Acacias hace algunos días, ante la vista azorada de su sobrino?
¿Cuándo, a fin de cuentas, podrá decirnos usted, que sí entiende lo que está pasando, por qué hay cada día más gente delinquiendo si todo anda tan bien como el gobierno al que usted pertenece pregona? Con tanta prosperidad y un Plan de Emergencia tan eficiente, ¿qué es lo que está pasando?
Señora ministra, ya que tiene todo tan claro, somos todo oídos.
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