Un gran disco de carreteras perdidas
Conor Oberst, un "folkie" cada vez más cerca de los tótems
Quizá sea por esa forma incómoda de cantar que tiene este cantante más conocido por su trabajo firmado como Bright Eyes, quizá por ese aire rutero, de carretera que desprenden muchas de las canciones de este disco grabado en México, pero es imposible no pensar en Conor Oberst en función de las leyendas del country-rock y el folk. Suficiente motivo como para meterse en este disco escapista, en el que el cantante toma el viaje como elemento sanador (a lo Tom Petty) y salta del country más eufórico de I don´t wanna die in a hospital a la balada removedora de Get well cards, donde hay que decirlo: la sombra de Bob Dylan se proyecta, y no necesariamente en desmedro de Oberst. Parece hasta bendecirlo. Es cierto que puede ser exagerado, pero también lo es que con este disco, Oberst demuestra que puede estar a la altura de ellos, o que va en camino. No es poca cosa.
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