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Un manto de protestas empaña los Juegos Olímpicos de Beijing
Disidente. Un preso político cuenta sobre su "trato diferencial" en la cárcel

BEIJING | EL PAÍS DE MADRID Y AFP

La jornada inaugural ya pasó. Los Juegos Olímpicos, tan anhelados por el gobierno chino, ya están en pleno rodaje. Pero eso no ha impedido que sigan sucediéndose, en el país y en el extranjero, las protestas contra el régimen represor.

"El pueblo chino se ha puesto en pie", dijo Mao Zedong el 1º de octubre de 1949 desde lo alto de la Puerta de la Paz Celestial. En su camino hacia la sociedad armoniosa que propuso el Partido Comunista Chino en 2005, el régimen en Beijing aspira ahora a algo más que estar en pie; quiere estar, definitivamente, arriba. Los Juegos Olímpicos son, el instrumento perfecto.

Las dos semanas y media de competición deben, según el diseño trazado por el presidente Hu Jintao y su primer ministro, Wen Jiabao, rematar el ascenso imparable de China en la escena internacional, y consolidar un régimen autoritario bajo una buena capa de sentimiento nacionalista. Los Juegos son un escaparate planetario que la cúpula dirigente china ha tenido interés en planificar al milímetro para exhibir el "increíble cambio" que ha experimentado el país desde el inicio del proceso de reformas impulsado por Deng Xiaoping hace ahora tres décadas. Se trata, en definitiva, de borrar cualquier sentimiento de inferioridad. Frente a la amenaza china, los juegos de Beijing y sus organizadores proponen el ascenso pacífico.

Pero la realidad puede más, y las violaciones de los derechos humanos y la represión en el Tíbet continúan ensombreciendo la cita olímpica y su espíritu conciliador. Parece imposible olvidar que los Juegos se celebran en un país sometido a un régimen autoritario, con restricciones a las libertades (entre ellas limitaciones el acceso a Internet) y vulneraciones de los derechos humanos, y en el que la oposición es perseguida y los disidentes encarcelados en condiciones ignominiosas. La denuncia del disidente chino He Depu, encarcelado por sus opiniones desde 2002, en forma de carta enviada al presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, es un buen testimonio de las asignaturas pendientes del régimen comunista.

DISIDENTE. El veterano disidente chino, que cumple una pena de prisión de ocho años, pidió en una carta al presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, que le visite para que compruebe en persona las duras condiciones en las que viven los prisioneros políticos del país. En la citada carta, He Depu, cuenta cómo es su condición de "prisionero político de China". Depu fue encarcelado por publicar sus opiniones políticas en un portal de Internet.

"Las normativas para los presos desobedientes son inhumanas y discriminatorias. Hay un reglamento en las cárceles llamado `Normas para el trato a los presos especiales` en el que hay muchas limitaciones para algunos presos. Y hay todavía más limitaciones destinadas a tratar a prisioneros políticos que no admiten su culpabilidad. Este manual diferencia estrictamente el trato que reciben los prisioneros políticos del que reciben los delincuentes normales. A los prisioneros políticos no se les permite llamar o ver a sus familias, ni obtener una reducción de la pena, ni conceder una entrevista a los medios de comunicación, ni participar en las actividades de ocio que se organizan en la cárcel. A menudo, las cartas que escriben a sus familias no se entregan. Las cartas enviadas por parte de organizaciones o individuos a prisioneros políticos tampoco se entregan", remató Depu.

PROTESTAS. Por otra parte las reacciones por las violaciones a los derechos humanos en China llegaron ayer a todos los rincones del mundo.

En Nepal, la policía anunció la detención de 800 exiliados tibetanos por haberse manifestado cerca de la embajada de China en Katmandú.

Desde los disturbios y la represión china en Lhasa, la capital del Tíbet, en marzo pasado, Katmandú es escenario de protestas diarias contra Beijing.

Unos 40 activistas pro democracia de Hong Kong protestaron ayer en las afueras del recinto olímpico hongkonés donde se celebraba una recepción para participantes en las pruebas ecuestres e invitados, poco antes de la apertura de los Juegos.

"Queremos protestar contra el fracaso del gobierno chino en su compromiso hecho siete años atrás cuando fue elegido sede de los Juegos Olímpicos", indicó la diputada hongkonesa Emily Lau, fundadora del grupo The Frontier.

"Queremos que China honre el espíritu de los Juegos Olímpicos, poniendo en libertad a todos los disidentes políticos, a los abogados de derechos humanos y a los grupos religiosos que detuvo", indicó Lau.

También en Hong Kong, un británico de 33 años fue detenido luego de haber escalado un puente y desplegado dos pancartas a favor de los derechos humanos y de la democracia que decían: "El pueblo de China quiere libertad" y "Queremos derechos humanos y democracia". Varias asociaciones defensoras de los derechos humanos prevén manifestaciones para hoy cuando comiencen las pruebas de equitación.

Así también 150 bonzos tibetanos en el exilio en la India intentaron ingresar ayer al perímetro de la embajada China en Nueva Delhi, horas antes de que en Beijing fueran inaugurados los Juegos. Los monjes budistas, vestidos con sus ropas de color naranja, llegaron en autobús frente a la legación diplomática china e intentaron arrancar las barreras de acero y los alambres de púas instalados en torno a las paredes del edificio desde los incidentes de marzo pasado, explicó un portavoz policial. Las fuerzas del orden indias controlaron a los tibetanos pero algunos se zafaron del cordón policial antes de que se les cortara el paso frente a la embajada.

"Hemos puesto a los monjes en detención provisional y reforzado la seguridad en la embajada", afirmó un policía.

Más de 100.000 tibetanos viven exiliados en la India desde la represión en 1959 de una rebelión antichina en Tíbet y la llegada a este país del Dalai Lama, jefe budista tibetano. En París, la justicia derogó ayer la prohibición policial de manifestarse ante la embajada china. En varias partes de Europa se realizarán manifestaciones, vigilias y otro actos por asociaciones de apoyo a los tibetanos.

Críticas de Bush en suelo chino

Beijing | El presidente George W. Bush inauguró ayer una enorme embajada de Estados Unidos en Beijing y dijo que era el símbolo de dos socios comerciales con diferencias políticas.

Bush, señaló que el edificio de ocho pisos, con un costo de 434 millones de dólares, representaba "los sólidos cimientos`` de las relaciones entre los dos países, así como un compromiso para fortalecer esa base en los próximos años. Calificó las relaciones entre Washington y Beijing como "constructivas, cooperativas y sinceras``. Alabó el trabajo de ambas naciones para liberar a Corea de Norte de armamento nuclear, combatir enfermedades, responder a desastres naturales e incrementar el comercio.

Sin embargo, criticó nuevamente lo que calificó como la represión del gobierno comunista chino sobre su pueblo. Y lo hizo en su páis.

"Creemos firmemente que las sociedades que permiten la libre expresión de ideas tienden a ser más prósperas y más pacíficas``, indicó Bush.

Fue la continuación de una serie de señalamientos políticos que Bush adoptó desde el comienzo de esta gira por Asia, cuando criticó acremente a China por su expediente en la defensa de los derechos humanos. China reaccionó molesta el jueves a las críticas de Bush.

Bush llegó el jueves por la noche a Beijing en la escala final de su gira por tres naciones de Asia. El mandatario se reunirá mañana con el presidente Hu Jintao con quien hablará sobre derechos humanos y asuntos bilaterales.

Sarkozy. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, que también viajó a Beijing, afirmó que es necesario "acompañar a China hacia el respeto de los valores que son los nuestros". "No se boicotea a un cuarto de la humanidad", sostuvo Sarkozy antes de reunirse con el presidente chino, Hu Jintao y con el primer ministro chino Wen Jiabao. La prensa francesa criticó con dureza al presidente, por asistir a la ceremonia. AGENCIAS

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