G. TRINIDAD / D. FRIEDMANN
La inexistencia de un hospital penitenciario acarrea inseguridad para funcionarios hospitalarios, quejas de pacientes y dificultades para los reclusos que permanecen esposados en la cama. Y fugas, como las dos que ayer hubo en el Vilardebó.
Los lugares más problemáticos son los hospitales Vilardebó, Maciel y Saint Bois, según la Federación de Funcionarios de Salud Pública.
Si bien durante este gobierno se habló de construir un hospital penitenciario, esa idea está "prácticamente descartada" o al menos "pasó a un segundo plano", dijeron a El País fuentes oficiales. "Se ha manejado que sería discriminatorio y se apunta a potenciar la sala del Saint Bois", explicaron.
Consultado por El País, el comisionado parlamentario para el sistema carcelario, Álvaro Garcé, afirmó que la atención sanitaria de los presos es uno de los "puntos débiles" del sistema penitenciario y que el nivel de atención es variable. Informó que se hizo un protocolo entre su oficina y la Dirección de Cárceles para agilitar los reclamos que les llegan.
Garcé opinó que la solución a "buena parte" de la atención sanitaria de los reclusos debería pasar por el fortalecimiento de la policlínica del Comcar. "Está ubicada en el centro de la cárcel, a 30 kilómetros de Libertad, cerca de La Tablada y de la cárcel de Canelones. Se podrían atender los reclusos de esos centros, que concentran entre 60% y 70% de los presos", dijo.
El proyecto apunta a que la policlínica del Comcar -que se reacondicionó- duplique su número de camas, de 20 a 40.
FUGA. Ayer de mañana un funcionario de seguridad de Salud Pública del Vilardebó salvó su vida cuando atinó a tirar la cabeza hacia atrás ante el ataque de un preso internado que tenia un corte casero.
Uno de los reclusos internados en la sala 11, donde están presos derivados por orden judicial, pidió atención porque dijo sentirse mal.
Cuando dos funcionarios llegaron y le abrieron la puerta, con una cuchilla hecha con chapa, e incluso con un mango de tela, atacó al trabajador de seguridad quien recibió un corte en el cuello pero pudo empujarlo. La herida fue leve. Un enfermero que lo acompañaba también fue golpeado, al tiempo que otro recluso se sumaba a la fuga. Corrieron hacia el patio y luego saltaron el muro.
Uno de los reclusos fugados había sido derivado al Vilardebó como inimputable por problemas psiquiátricos pero las autoridades del hospital habían solicitado una nueva pericia.
Un operativo conjunto entre los policías de la Seccional 6ª y de Radio Patrulla no había podido capturar a los presos hasta el cierre de esta edición.
Los funcionarios realizaron un paro de actividades durante todo el día de ayer y hoy está previsto que retomen las tareas.
"Nosotros paramos como medida de repudio a estos hechos pero sabemos que en estos casos el paro no soluciona nada", dijo Beatriz Fagián, dirigente de la Federación de Funcionarios de Salud Pública.
"La situación es cíclica y cada tanto tenemos este tipo de agresiones. En ese caso se veía venir, ya se sentía que el ambiente estaba raro. Desde 1997 cuando mataron a un enfermero en el Hospital Maciel nosotros establecimos que no tendríamos a reclusos ni en emergencias ni en lugares abiertos", explicó Fagián a El País.
En tanto, fuentes allegadas a la Dirección del Vilardebó señalaron que este tipo de situaciones se producen "periódicamente" por el tipo de población que asisten. "Lo que hemos tratado en este período es minimizar que se generalicen y, sobre todo, proteger a los funcionarios como a los otros pacientes", dijeron.
En concreto, realizaron un protocolo para el trato con estos pacientes, colocaron cámaras de seguridad en las salas y cambiaron el servicio de vigilancia. Eso, señalaron, logró que disminuyeran los motines.
EN EL MACIEL. La emergencia del Hospital Maciel se llama Miguel Martínez en homenaje a un auxiliar de enfermería asesinado a tiros mientras atendía a un recluso en 1997. Al menos desde ese momento, los gremios de la salud alertan sobre los riesgos de asistir a reclusos en los hospitales. Y continúan haciéndolo.
Actualmente el Hospital Maciel cuenta con un protocolo para la atención de reclusos, dijo la dirigente gremial Valeria Ford, integrante de la Comisión Interna del Hospital. Las reglas comprenden que las asistencias deben ser respaldadas por una orden judicial y que después de intervenciones quirúrgicas y la recuperación post anestésica no pueden permanecer internados allí, explicó.
"De todos modos, hemos tenido dificultades para hacerlo cumplir, porque hay veces que nos enteramos tarde de la permanencia de algún recluso. Hay algunos que han pasado más tiempo del debido en el hospital. Algunos no son problemáticos; otros sí", afirmó.
Las dificultades de trabajar con este tipo de pacientes son fundamentalmente que no se quieren medicar o alimentarse y que algunos pueden tornarse agresivos.
De todos modos, dijo Ford, los mayores problemas se producen con sus acompañantes por malos tratos o insultos hacia los funcionarios. "Lo hemos hablado con la Dirección del Hospital e incluso se ha prohibido la entrada a varios acompañantes por malos tratos a los funcionarios y al resto de los pacientes", señaló.
Los pacientes también se quejan. Algunos por la manera de expresarse de los reclusos, otros por tener que compartir una misma sala con personas esposadas y custodia policial. También hubo planteos por robos a enfermos.
La actual dirección del sindicato no está de acuerdo con que se coloque a todos los reclusos en una misma sala. Creen que debe construirse un hospital penitenciario.
La problemática está en la agenda de la comisión interna electa, que asumirá el 1° de agosto y lo planteará a la dirección del hospital. Para ellos una posible solución sería una sala exclusiva para presos, atendida por enfermería penitenciaria.
Reclusos del hospital a la calle
El año pasado varios presos fugaron de la Sala 11 del Vilardebó y este año hubo dos fugas desde el hospital psiquiátrico de San Carlos.
En octubre de 2007ocho internos de los considerados violentos se fugaron en la noche del Hospital Vilardebó. Uno redujo al guardia que lo traía de la enfermería y luego gritó "fuga". Esa era la señal de aviso para que siete presos más derribaran una de las rejas y huyeran por los fondos.
En enero de este año cinco internos de la Sala 11 también lograron fugarse.
En febrero dos funcionarios fueron lesionados a golpes de puño por internos de la misma sala que se negaron a ser medicados protagonizando un principio de motín que pudo ser controlado.
En marzo de este año dos presos fugaron del pabellón psiquiátrico del hospital Alvariza de San Carlos.
La cifra
300 Es la cantidad de pacientes internados en el Vilardebó. Los asistidos por orden judicial llegaron a ser el 45% de esa cifra.
Higiene y salud, un pedido en Las Rosas
MALDONADO | M. GALLARDO
Los delegados de los reclusos del penal de Las Rosas coordinaron ayer con las autoridades policiales y judiciales de Maldonado el trabajo de la comisión que tendrá a su cargo representar a la población carcelaria del desbordado establecimiento carcelario fernandino.
En la primera jornada de trabajo estuvieron el jefe de Policía Eduardo Martínez, del juez penal de 4º turno Néstor Saravia, el comisionado parlamentario Álvaro Garcé y el diputado Nelson Rodríguez. Se entrevistaron con una treintena de presos: representantes titulares y suplentes de los distintos pabellones del penal.
Problemas higiénicos, sanitarios y médicos, de comunicación con sus familiares, abogados y causas, y las consecuencias de la superpoblación carcelaria -en algunos sectores alrededor de 40 reclusos comparten un solo water- fueron algunos de los planteos efectuados.
Uno de los recursos aseguró cumplir 46 meses de prisión y todavía no sabe cuánto tiempo estará recluido. Varios de los delegados reclamaron mayor presencia en la cárcel de los defensores de oficio. Se presentaron otros reclamos. "No sé por qué en las cárceles no se deja entrar fruta", preguntó Mauricio Alexandre, uno de los delegados. "Porque luego hacen escabio", contestó la subjefa Luisa Scelza, haciendo referencia a la bebida alcohólica carcelaria.
Ayer hubo una fuga desde un juzgado
Un hombre que estaba detenido en la Seccional 3ª, logró fugarse ayer cuando salía del juzgado Penal de Paysandú.
Allí había sido conducido para declarar como sospechoso de varios hurtos sucedidos en los últimos días.
A pesar de que fue perseguido intensamente por parte de personal de varias dependencias policiales, el hombre no pudo ser recapturado.
Alrededor de las 18 horas de ayer, el conocido delincuente, que posee antecedentes penales de hurto y lesiones personales, salió esposado del juzgado en custodia de un policía.
En determinado momento, empujó al funcionario y comenzó a correr hacia la calle 18 de Julio, a esa hora muy transitada. Mientras pedían apoyo, los policías comenzaron a perseguirlo. El delincuente cruzó la plaza Constitución, corrió otra cuadra hasta calle Uruguay y se dirigió hacia el este, hasta Vizconde de Mauá. En ese lugar trepó un muro, ingresó a un amplio terreno, lindero de una casa de familia y se perdió de vista. Según pudo saber El País, en la noche de ayer la Justicia ordenó varios allanamientos, los que serán efectuados en la mañana de hoy, en pos de hallar al delincuente.