El propietario de la imprenta en la que la Policía halló planchas de prueba con cédulas de identidad falsas quedó en libertad. La Justicia dispuso de todos modos que el hombre y uno de sus hijos continúen siendo indagados.
El viernes, el propietario de la imprenta, de 57 años, y sus dos hijos quedaron detenidos a disposición del juez Pedro Salazar, quien resolvió ayer que todos quedaran en libertad. El magistrado determinó también que uno de los jóvenes nada tiene que ver con los hechos que se investigan.
Fuentes judiciales dijeron a El País que se formó presumario y se dispuso una serie de diligencias probatorias, entre ellas "informes a distintas entidades del Estado y pericias caligráficas".
"Seguramente en no más de 15 días habrá una resolución", señalaron las fuentes.
El procedimiento que culminó con la detención de estas tres personas estuvo a cargo de la Dirección General Impositiva, que manejaba información referente a que en ese negocio se efectuaban falsificaciones de boletas. Al inspeccionarse el lugar, se encontraron con las planchas de prueba para fabricar los documentos de identidad.
El detenido volvió a negar su responsabilidad pero no tiene una coartada creíble. Ayer reiteró ante la Justicia que un cliente le pidió determinado trabajo y que cuando la imprenta estaba cerrada, el sujeto le dejó un sobre por debajo de la puerta. Según el dueño de la imprenta, cuando abrió el sobre se encontró con las planchas que nada tenían que ver con el trabajo que le habían encargado. Sin embargo, no pudo aportar datos sobre el cliente, por lo que éste no ha podido ser ubicado.
Para la Justicia, las planchas halladas no representan la comisión de un delito.
"Es un acto preparatorio, nada más. No ingresa la ejecución y por tanto no ingresa la tentativa tampoco", dijeron las fuentes.
PUNTA DE LA MADEJA. De todos modos, las planchas son consideradas "indicios para otras cosas", que pueden llevar a "la existencia de otros delitos", señalaron las fuentes.
En efecto, se cree se podría estar frente a la punta de una madeja que podría dejar al descubierto un grupo que opera con bandas criminales.
Las derivaciones podrían ser importantes ya que, por lo general, las cédulas de identidad no se falsifican para venderse a ciudadanos comunes.
En muchos casos, los documentos falsificados se utilizan para ocultar a delincuentes o para narcotraficantes que cruzan las fronteras. En el Mercosur, basta el documento uruguayo para atravesar las fronteras de todos los países miembros.
Con respecto a las boletas falsificadas, la Justicia no ha recibido aún ninguna denuncia de la DGI.