Está bien que se prohíba a los menores de edad pedir monedas por las calles -en una medida anunciada pero no concretada-, y se les impida estacionarse en los semáforos para realizar números circenses. Pero hay que extender esa medida también a los adultos que con el pretexto de pedir una moneda o de limpiar un vidrio se han extendido por toda la ciudad, convirtiendo a Montevideo en una gran ciudad mendicante cuya imagen queda bastante deteriorada. Ese panorama se extiende aun a los lugares de estacionamiento tarifado, donde al costo que hay que pagar a la Intendencia, se suma otra contribución que no se sabe que función cumple y que en algunos casos se encuentra también tarifada según el humor del reclamante. La muestra de la ciudad resulta muypobre.