GUSTAVO TRINIDAD
Es un hombre de unos 24 o 25 años, alto, morocho. No estaba solo, se comportaba como el líder de un grupo. Iba con campera y pantalón negro deportivo. Sacó un arma de la campera y disparó cinco tiros.
Así lo contó a El País una mujer que estaba a dos metros del hombre que hirió de tres disparos a un joven de 19 años al finalizar el partido clásico el pasado domingo y que declarará hoy ante la Policía.
"Vamos a tener cuidado que viene mucha gente", había advertido Ángela a su esposo y dos hijos cuando se vieron envueltos en la marea de gente que salía del Estadio Centenario al finalizar el encuentro entre Peñarol y Nacional. Ángela había salido de la casa de sus suegros en Luis Alberto de Herrera y Asilo.
Su recomendación resultó un presagio de lo que vendría. A los pocos minutos se vieron rodeados por un grupo de unas 50 personas que venían corriendo.
La corrida separó a la familia. Ella quedó con uno de los hijos y el hombre con otro. "En eso un hombre pasó corriendo al lado mío y se detuvo. Se dio vuelta, sacó un arma negra de caño largo y disparó cinco veces. Yo no lo podía creer, me agarré a mi hijo y me apreté todo lo que pude contra la pared. Tenía el arma a la altura de mi cara", contó Ángela.
Dentro de todo el terror que sintió, Ángela alcanzó a ver bien al agresor y también advirtió que no estaba solo. Incluso asegura que podría reconocerlo fácilmente.
"Era como el líder del grupo que lo rodeaba. Estaba bien vestido. No gritó nada, solamente se dio vuelta disparó y volvió a correr. Todo no debe haber durado más de cinco minutos", relató la testigo que, cuando pudo, se refugió en una pizzería donde trataron de tranquilizarla. Pero no era fácil porque temía que los disparos fueran devueltos y se generara un tiroteo. "Uno de mis hijos me dijo que no quería salir más a la calle. Creo que todos tenemos que hacer algo, unirnos y hacer algo porque es evidente que las autoridades no están tomando las medidas necesarias para que estas cosas no pasen más", expresó Ángela. Tres de los cinco balazos que el hombre disparó a mansalva impactaron en un joven de 19 años. Hoy el herido concurrirá a cirujano para que le extraigan uno de los proyectiles que le quedó alojado en la muñeca. Otro le atravesó el hombro y otro le rozó el pecho. Felizmente ninguno le ocasionó daños irreparables.
Denuncia. Pero la balacera del clásico no fue la única odisea que vivió Ángela el fin de semana. El viernes a la medianoche uno de sus hijos de 17 años acompañó a la parada de ómnibus a un amigo. Cinco personas pasaron y los rapiñaron. "El amigo de mi hijo tenía $ 20 y se los dio y mi hijo tenía solo un peso y por eso le pegaron lesionándolo en un ojo", contó Ángela. La familia llamó varias veces al 911, "pero si no nos daba el contestador nos daba ocupado". Sin embargo cuando llevaban al amigo a la casa en el auto, vieron al joven que había golpeado a su hijo en la puerta de una discoteca ubicada en Urquiza y Luis Alberto de Herrera.
Detuvieron el auto y llamaron al 911 pero "tampoco nos atendían", aseguró Ángela. "Fuimos hasta la Seccional 9a., a decir que estaba allí y nos tuvieron 45 minutos tomándonos una denuncia por escrito. En un momento le dije al policía que sería mejor que fuéramos hasta donde estaba y le indicáramos quien era la persona que estábamos denunciando para que lo detuvieran en vez de tanta burocracia. Pero nos dijo que debía ser un menor y que el juez no iba a hacer nada", contó. La denuncia está radicada en el Ministerio del Interior.