Los presagios

JORGE ABBONDANZA

Hay problemas peores que la suba del petróleo o la carestía mundial de los alimentos. Lo saben los habitantes de Bagdad y también los de Kabul, donde hubo en estos días un atentado contra la Embajada de la India que dejó 41 muertos y 147 heridos. Eso ocurrió seis años y ocho meses después de la invasión de Afganistán por tropas norteamericanas y de sus aliados europeos, que derrocaron en 2001 al régimen talibán pero enfrentan constantes batallas campales contra las fuerzas fundamentalistas que han resurgido. Para aliviar ese tropezón militar, el presidente de Estados Unidos firmó la semana pasada una ley que destina 162.000 millones de dólares como refuerzo de dicha campaña y de la ocupación de Irak, cubriendo las necesidades militares hasta mediados de 2009, o sea más allá del fin de su mandato.

Las maltrechas finanzas norteamericanas ya están habituadas al colosal desembolso que exigen esas guerras, pero no sólo ellas. Según ha trascendido, la Casa Blanca aumentó enormemente la ayuda militar a Israel, un compromiso que Estados Unidos considera prioritario en el Cercano Oriente, aunque tiene ramificaciones potencialmente más costosas. Una de ellas es la desafiante actitud israelí ante el régimen de Irán, ya que el mes pasado -según la agencia Reuters-- el viceprimer ministro Shaul Mofaz declaró que "un ataque contra Irán es inevitable". Se refería a un operativo aéreo que buscaría destruir las instalaciones nucleares iraníes, en preparación del cual (de acuerdo a The New York Times) la fuerza aérea de Israel con más de cien cazas, helicópteros y aviones de reconocimiento, efectuó en junio grandes maniobras sobre el Mediterráneo y el Egeo.

Si se produjera esa agresión sobre Irán, este país podría responder cerrando el estrecho de Ormuz, que es la salida del Golfo Pérsico por donde circula el 40% del petróleo que abastece al mundo. Aunque el espionaje norteamericano opina que los iraníes abandonaron en 2003 el programa de fabricación de una bomba atómica, Israel discrepa con esa posición y sospecha que "Irán poseerá armas nucleares en un par de años". Es cierto que el gobierno de Teherán ha dicho que el Estado hebreo debe ser borrado del mapa, pero en Tel Aviv y Jerusalén hay posiciones más moderadas que la de Mofaz, apostando a que el problema se resuelva por la vía diplomática o mediante sanciones económicas.

En caso de que se produjera un ataque sobre Irán, fuentes del Pentágono temen que "se multipliquen los atentados terroristas en suelo norteamericano", que el barril de crudo llegue a 300 dólares y que "todo Medio Oriente se convierta en una bola de fuego", como señaló el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica. En el filo de esa navaja se encuentra hoy una región que podría desembocar en calamidades imprevisibles.

Mientras Moscú sigue vendiendo misiles a Irán, los países con armas nucleares (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, China, Rusia, India, Pakistán e Israel) no están dispuestos a admitir al socio persa en el club.

La guerra de nervios sigue adelante.

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