Tras hacerse pasar por investigador para arrancar grabados de libros únicos de la Biblioteca Nacional de España, confesar el robo y devolverlos, el uruguayo Carlos Gómez Rivero (61) fue procesado sin prisión en un juzgado argentino por fraude en grado de tentativa, al haber intentado vender objetos que no eran suyos.
El juez federal argentino Ariel Lijo determinó el procesamiento de Gómez y dos cómplices, el librero y anticuario Daniel Guido Pastore y Washington Luis Pereira. El abogado de Gómez, Fernando Soto apeló la decisión. Además de esta causa, el uruguayo tiene en curso la solicitud de extradición realizada por España.
El diario español El Mundo señala que Gómez no será extraditado, "no va a la cárcel y sigue disfrutando del chalé que ocupa en la exclusiva urbanización `La Delfina`, a 50 kilómetros de Buenos Aires, con canchas de tenis, un campo de fútbol, cinco de hockey, dos piscinas, salón de juegos y sauna". El País de Madrid informa que la directora de la Biblioteca Nacional y el jefe de Policía Judicial de la Guardia Civil española inaugurarán mañana la exposición "Mapas recuperados".
Especialista. Carlos Gómez Rivero, "el negro", entró a sala Cervantes de la Biblioteca Nacional de España con una hoja de afeitar escondida en el estuche de los lentes.
Con ella cortó 12 páginas de 10 libros antiguos, con 19 selectos grabados: un mapamundi de Ptolomeo, el primer cartógrafo de la historia, un mapa del estrecho de Magallanes de los hermanos García de Nodal, y otros similares, de los siglos XV y XVI.
Con acreditaciones falsas de investigador (de Argentina y Portugal) dando como domicilio una dirección falsa (que resultó ser de El Corte Inglés) y regalando bombones, comenzó a visitar la sala en febrero de 2004. El robo se descubrió el 24 de agosto de 2007, provocando un escándalo y la dimisión de la directora de la biblioteca. Un mes después, Gómez devolvió el botín en el juzgado de Lijo.
Robó cartas históricas en Uruguay
César Gómez Rivero también aparece vinculado a robos de documentos en Uruguay, como cartas de Fructuoso Rivera y de Juan Manuel Blanes sustraídas de dependencias del Museo Histórico Nacional, en 2003, o robos ocurridos en la Biblioteca Nacional en 2001, año en el que un funcionario encontró que alguien se había olvidado un estuche de lentes con navajas de afeitar dentro.