El País de Madrid | Joseba Elola
Cuando Amy Winehouse tenía 13 años, en la academia de teatro musical Sylvia Young a la que asistía, le pidieron que escribiera un ensayo sobre sí misma. Era parte de la prueba de ingreso.
Con caligrafía redonda, la pequeña Amy escribió: "Toda mi vida he sido gritona hasta el punto que me tenían que mandar callar. La única razón que he tenido para ser tan gritona es que en mi familia hay que gritar para que te escuchen". En el patio de esta pequeña escuela del centro de Londres, con el eco de los niños que ensayan una pieza cabaretera de fondo, un administrativo nos muestra una fotocopia de aquel documento escrito en 1997. Formaba parte de las pruebas de acceso que exigían a todos los aspirantes. La escritura se interrumpe, algunas partes del documento han sido ocultadas, pero tres párrafos más adelante, Amy hace gala, a sus 13 añitos, de su talento para escribir, de su ambición e incluso, de una precoz ironía: "Quiero estar en un sitio donde se me exija todo lo que doy de mí, incluso más. Quiero cantar en una clase donde no me digan que me calle (siempre y cuando sea una clase de canto)".
Jóvenes aspirantes a ser Amy se ejercitan en esta pequeña escuela ubicada en el ala de una antigua iglesia mientras a apenas tres kilómetros, la más famosa de sus alumnas, Amy Winehouse, la mejor voz de su generación, ganadora de cinco premios Grammy, se somete a pruebas para evaluar su estado de salud. Ingresó en esta clínica de cinco estrellas utilizada por la realeza y los jeques, el lunes de la semana pasada, tras sufrir un desvanecimiento.
El portavoz de Amy asegura que ella cumplirá con sus compromisos. Su desvanecimiento, sobre el que especulan los tabloides británicos, es el último capítulo de una espiral de drogas, clínicas de rehabilitación, actuaciones canceladas y lágrimas por el marido encarcelado. "Amy me recuerda a Billie Holiday, transmite esa imagen de mujer rota", confiesa Paolo Hewitt, periodista británico especializado en música soul. "Es ese tipo de artista, un talento único: como cantante y como compositora".
Billie Holiday también ponía todo su dolor en cada canción. Nunca ocultó su adicción a la heroína. Cantaba su vida en cada frase, con toda la intensidad de su sufrimiento. Salvando todas las distancias con la que fue una de las tres grandes reinas del jazz, a Amy la comparan con la Holiday. Parece que la cantante judía estuviera escribiendo su biografía emulando los pasos de otros mártires de la música, refugiándose en la analgesia que proporcionan las drogas.
Musicalmente, eso sí, se la compara más con Sara Vaughan, por el timbre de voz. La mítica escuela de la Motown, el sonido de Nueva Orleans, el rollo chicas malas de Queens de las Shangri-La`s. Winehouse recoge una herencia y la hace suya con unas letras que rebosan autenticidad, estampas de abandono y melancolía, guiños al sexo y a las drogas sin tapujos. Con la inestimable ayuda del productor Mark Ronson, ha hecho converger la elegancia del soul con la poesía callejera y la actitud punk. Su Back to black ha vendido 8,4 millones de discos (según su compañía discográfica), en la era de las descargas. Fue el segundo disco más vendido de 2007 -detrás de High school musical 2- según los datos facilitados por la IFPI, la asociación de productores fonográficos.
DESAMORES. Back to black, su segundo álbum, el que le granjeó cinco premios Grammy que no pudo recoger en mano -las autoridades estadounidenses no le concedían el visado- es una sucesión de crónicas de desamor. El desamor que le produjo la separación de Blake Fielder-Civil, el chico que se aleja mientras el sol se pone. Un asistente de rodajes de videoclips de 24 años con el que se reconcilió y que se convirtió en su marido el 18 de mayo de 2007, en una boda relámpago en plenas vacaciones en Miami. Se gastaron poco más de 75 euros en la ceremonia y se encerraron dos días en un hotel.
La alegría de Amy y Blake duró cinco meses. Desde que el chico del sombrero no está allí apoyándola desde detrás del escenario, a Amy le cuesta seguir con su vida. El pasado mes de noviembre, Fielder-Civil era detenido por haber agredido al barman James King y por intentar sobornarle para que no testificase en su contra. Se tomó la justicia a broma y la broma le puede salir cara. Por lo pronto, lleva seis meses en prisión. Hace apenas dos semanas, se declaró culpable de los cargos que se le imputan.
La historia de Amy y Blake recuerda también a la de Syd y Nancy, pero con los papeles intercambiados. A Blake también le acusan de ser una mala influencia para la artista. Syd Vicious, el bajista punk de los Sex Pistols que murió de una sobredosis de heroína, vivió una historia de amor muy tormentosa con su incondicional groopie Nancy Spungen.
Amy va a visitar a Blake cada vez que puede. De hecho, es lo que hizo horas antes de aparecer en Lisboa, hace apenas tres semanas, en aquella actuación en la que la acusaron de salir otra vez al escenario con retraso y unas copas de más. Tenía el día por delante y esa misma mañana alquiló un helicóptero de Lisboa a Londres para ver a su esposo. Lo cuenta Robert Grima, promotor de Amy Winehouse en España, el hombre que la llevó a la edición madrileña del Rock in Rio. Estuvo con ella aquella noche, en el camerino: "Estaba emocionalmente desequilibrada, es como un cristal, muy frágil. Se fue a ver a su marido porque está enamorada y él es lo que tiene para agarrarse". Grima sostiene que las críticas que se le han hecho a Amy son injustas. Que en Lisboa no estaba para cantar, y aun así, cantó. Que el vaso con el que salió al escenario contenía limón con jengibre, no alcohol, como se dijo. Que no fue su mejor concierto, de acuerdo, pero se vivieron instantes memorables. "Olé su 30% de capacidad", remata.
FRAGILIDAD. Los que estuvieron cerca de Amy a su paso por España, el verano pasado, coinciden en que transmite fragilidad. "Tiene un cuerpo parecido al de una niña de 12 años, es bajita y muy flaca, aunque desarrollada", describe Carla Urquiza, que lleva la contratación de grupos en el FIB Heineken de Benicàssim, el festival al que vino a tocar en momentos en que empezaba a hacer las primeras eses y a cancelar conciertos. Todavía no había llegado el huracán Grammy, ni la cara fea del éxito a escala planetaria, ese que todos celebran y a ti te devora, ni el encarcelamiento de Blake. En aquel momento, Amy era una desconocida para el gran público español, una delicatessen para conocedores. "Tenía un caché de grupo que está empezando y que va a despuntar", cuenta Urquiza, que no quiere revelar cantidades. En apenas un año, su caché se ha multiplicado por 10, asegura. En Europa debe de cobrar alrededor de medio millón de euros por actuación, según estiman distintas fuentes consultadas. Se calcula que su fortuna personal ronda los 12,6 millones de euros. Ocupa el décimo lugar en la lista de jóvenes millonarios de la música.
Amy es una música muy respetada. Así lo corroboran distintos miembros del mundillo musical consultados en Londres: Amy es grande, todos los saben. Concita los favores de críticos, público conocedor y, ahora, gran público. Es mucho más que una chica con un problema de drogas, aunque algunos medios sensacionalistas la hayan tomado con ella. "La gente que ama la música entiende que es un ser humano y que está un poco jodida, como tanta otra gente", dice el promotor británico Adrian Leight. "Es una rebelde y mucha gente se identifica con eso. Hay gente peligrosa por ahí, pero ella no lo es. Sólo es peligrosa para sí misma".
Orígenes de una cantante marcada por la rebeldía
A Amy le encantaba cantar a Frank Sinatra con su padre. Nació en una familia de clase media. Mitch, taxista, se divorció de Janis, farmacéutica, cuando Amy tenía nueve años. Fue él quien la llevó hace 8 días al hospital, en el taxi.
Amy montó su primer grupo a los 15 años, junto a su amiga Juliette Ashby, Sweet`N`Sour, un dúo de inspiración hip-hopera. Sylvia, la directora del centro Sylvia Young en el que se formó, es rotunda. "Tiene la voz y el talento más increíbles de la década. Se portaba mal, pero era especial". Un cartel de esta escuela recuerda a los alumnos que no masquen chicle en el edificio. A Amy le gustaba mascar chicle. Y escribir. Era muy creativa escribiendo, la asignatura de inglés le entusiasmaba. Eso sí, cuando algo le aburría, no dudaba en demostrarlo.
Sus primeros pasos sobre un escenario los dio en The Cobden, un añejo y victoriano club de hombres reconvertido en sala de conciertos. Tocó por primera vez en el tercer piso, sobre un escenario encajonado en una pared, en una pequeña sala de espejos grandes y techos muy altos. Aquí se presentó ella, solita con su guitarra, el 22 de julio de 2003. "Era muy tímida", recuerda Christian Barnes, programador de la sala. "Pero cuando cantaba con esa voz que ahora es su sello, algo especial ocurría en la sala. No tenía hits como Rehab, pero ya tenía la voz".
La llama que inflamó su gran obra, Back to black, fue el sufrimiento de una mujer desgarrada, separada de su gran amor.
Una fuente de riqueza para los fotógrafos que la persiguen
Richard es un paparazzo que lleva toda la semana apostado en la puerta de The Clinic, el centro en el que Amy Winehouse está ingresada desde el lunes de la semana pasada. Intenta conseguir la imagen de la salida del hospital, una fotografía que, dice, puede valer 25.000 euros. La vida de la cantante se ha convertido en una auténtica telenovela que hace que cada uno de sus movimientos quede documentado por una legión de fotógrafos que la esperan a las puertas de su casa.
Esta semana, en los alrededores de su casa, en una pequeña calle de Candem Town (Londres), sólo se oían pajaritos. Ni rastro de paparazzi. El foco se había trasladado al hospital. La cantante, dice Richard, se porta muy bien con los fotógrafos. Les prepara té. Si hace calor, baja refrescos. No como otras estrellas del pop británico, como Lily Allen, que siempre se muestran esquivas. Y algunas hasta les escupen. Amy, no. Amy no los esquiva.
El año 2008 no empezó bien para ella. Alguien se embolsó un buen dinero haciendo llegar un video a la redacción del diario sensacionalista The Sun, que el 18 de enero de 2008 mostraba a la diva en apuros, fumando una pipa de crack. A raíz del episodio, seis días más tarde, Winehouse ingresaba en una clínica de rehabilitación.
El acoso al que se ha visto sometida ha generado un proteccionismo informativo absoluto en torno a ella. Nadie de su círculo quiere hablar.
Con tanto teleteatro, el público acaba por olvidar que Amy Winehouse es una artista y lo que se comenta es el último video que de ella aparece en la red. "En directo es impresionante", dice el conocido dj Aldo Linares. "Sobre el escenario, es muy desgarrada, muy sexual, habla más de desamor que de amor".