Enviado | Alejandro Nogueira
El presidente Vázquez llegó anoche a La Habana en una visita que resulta una suerte de "invitación" a Uruguay a poner el foco en este modelo socialista, tan diferente al uruguayo y, a la vez, tan entrañable para el Frente Amplio en el gobierno.
El modelo local, ponderado y democrático, seguramente contrasta con la realidad de esta roca tropical en la que solo la insularidad, las particularidades de su historia, las absurdas políticas estadounidenses y las ambigüedades europeas y latinoamericanas pueden explicar la permanencia de la última dictadura latinoamericana que en 2008 cumple 49 años.
Y la visita pone a Vázquez en un brete, porque deberá justificar sus abrazos con los añosos líderes de este triste enclave que no logra cristalizar una alternativa política democrática, y que complica los discursos de izquierda de la región, arropada en gradualismo y libertades tradicionales. El ingenio cubano de la supervivencia se agota en el día a día, sin lograr concretar alternativas políticas a esta cruel mancha en el contexto latinoamericano, tan cruel como la dictadura que hace no tanto tiempo vivió Uruguay.
SIN CAMBIO. Raúl Castro (77) cumple hoy 117 días formalmente al frente del gobierno. El pasado 26 de julio, en la fiesta nacional que conmemora el asalto al cuartel Moncada y el principio del fin de la era Batista, soplaron algunos vientos de esperanza de cambio que hoy son virtual calma chicha.
Con Fidel Castro instalado en una larga agonía, Raúl reconoció la gravedad de la situación de la economía heredada por sucesión horizontal y dio a entender que comenzaría un proceso de cambios.
Para el economista y periodista cubano disidente, Óscar Espinosa Chepe, el primer movimiento hacia los cambios quedó congelado por la interna del Partido Comunista Cubano. "Hay una fuerte lucha entre reformistas y talibanes", aseguró a El País el economista, que disfruta de "licencia" de la prisión por razones de salud. Espinosa fue detenido en 2003 y pesa sobre él una condena de 20 años.
En los procesos de debate interno en todos los niveles del Partido Comunista que se abrieron tras las señales de cambio de Raúl Castro surgieron, en la pequeñísima apertura de válvula, un millón de planteamientos, críticas e ideas. La economía de la isla se sustenta en el comercio con un centenar de países -el bloqueo es hoy un verso útil al régimen comunista y al discurso estadounidense, espantado con la escena de una invasión de "marielitos" en las costas de su nación-, en las remesas de los cubanos del extranjero, en la demanda europea (y también latina) de turismo de sol, playas y sexo barato.
Venezuela y los petrodólares de Hugo Chávez dan también cierto alivio a las desesperadas finanzas cubanas, lo que, sumado a los ingresos por turismo y remesas desde el extranjero, logran sustentar a la burocracia estatal, que no deja de querer parecerse a una clase media latinoamericana.
Las "elecciones" para el congreso, denominado Poder Popular, no han variado respecto a ediciones anteriores: los candidatos se digitan y se prohíbe la actuación de otros partidos políticos.
Pero los diversos grupos disidentes existentes no logran articular una alianza política en medio de sus propias discrepancias y de la persistente acción de la seguridad de Estado que hostiga, infiltra y divide a los opositores. Todas las consultas realizadas por El País en los días previos a este viaje con periodistas y disidentes coinciden con este diagnóstico.
AVATARES. El 31 de julio de 2006 Fidel pasó a su cama, desde donde no cesa de emitir mensajes. Más farragoso, pero en el fondo, como el Cid, sigue montando el caballo y periódicamente da señales de que quiere seguir cabalgando.
El pasado 24 de febrero con la elección de un nuevo Consejo de Estado, encabezado por Raúl, la realidad del poder cayó sobre su falda. Pero como muchos esperaban, no se inició un modelo chino-tropical, ni siquiera sopló un aire vietnamita que, pragmáticamente, pusiera las necesidades de los ciudadanos en un marco compatible con la burocracia estatal.
Muchas veces, antes de tomar oficialmente el mango de la sartén, Raúl dio señales de cambio. Planteó la normalización de las relaciones con Estados Unidos en un marco de igualdad y mencionó la necesidad de cambios estructurales en la economía como los que dio a entender en su discurso del 26 de julio del año pasado en Camagüey. Las demandas locales y mundiales se dispararon.
Incluso firmó dos pactos internacionales de derechos humanos (ver recuadro en esta página). Luego, casi na-da: su hija Mariela Castro salió abogando contra la homofobia, se autorizó la venta de celulares y otros electrodomésticos inaccesibles a la mayoría de los cubanos, y se hicieron promesas de hacer productivo el vasto latifundio estatal en un país que debe exportar el 84% de los alimentos, hasta el azúcar que distinguiera otrora la economía de la isla.
Esa ciudadanía aletargada, temerosa, erótica, ladina, buscadora pertinaz de su supervivencia, está muy lejos aún, sin las matrices genéticas y políticas de pueblos co-mo el uruguayo, de tomar la historia en sus manos.
Muchos uruguayos de todo pelo seguramente esperan estos días la decodificación de medio siglo de la revolución cubana que hará el presidente Tabaré Vázquez a partir de esta visita.
Papel firmado en Nueva York
Una de las primeras medidas de Raúl Castro fue firmar en Nueva York el Pacto de Derechos Económicos y el Pacto de Derechos Civiles. Razones de negocios, Europa aprieta, aunque no lo suficiente. Y los disidentes hacen lo que pueden, presentan cartas en embajadas omisas y distraídas (como la uruguaya) y miran perplejos al presidente de Brasil, Lula Da Silva, vaticinando que Cuba será un "tigre" tropical. Apenas saben lo que fueron los "tigres asiáticos". La presunta democracia isleña hizo que el candidato peor votado en la última elección obtuviera el 98,7% de los votos. Sería un pésimo negocio poner en Cuba una encuestadora. Pero Internet, el hambre, la necesidad de libertad, la conciencia de la postergación histórica son fuerzas a la larga imposibles de domeñar y que no se agotan en un papel firmado en Nueva York.
Una enmienda para la ley 88
El tema que entretiene últimamente a los cubanos es la "revelación" de que desde Estados Unidos se financia a la disidencia. Las más denostadas fueron las Damas de Blanco, esposas de presos políticos que incordian al gobierno cada domingo con sus caminatas desde la Iglesia de Santa Rita a la Plaza de la Revolución de La Habana. Una oscura organización llamada "Rescate jurídico", con presuntas vinculaciones con algún indeseable disidente de Miami, donó a las Damas de Blanco la escalofriante cifra de US$ 2.400. El "periodista" y diputado Lázaro Barredo, director del diario oficial Granma, no tuvo mejor idea que proponer una enmienda a la ley 88 que consagra casi todas las violaciones imaginables al derecho a la libertad de los ciudadanos, para incluir como delito recibir dinero del exterior con fines contrarrevolucionarios.