El superior gobierno que nos gobierna pregona una cosa, pero hace otra.
Nos pide, por ejemplo, que ahorremos energía. Que apaguemos luces. Que asumamos la crisis de generación eléctrica por la que atraviesa el país. ¿Pero usted ha visto la cantidad de focos del alumbrado público que, al menos en Montevideo y en Canelones, permanecen encendidos a plena luz del día? ¿Cuánto nos costará a todos, vía aumento de tarifas de UTE, esta negligencia de unos pocos?
Nos pide también el gobierno que cuidemos el agua, que es un recurso finito. ¿Usted ha visto la cantidad de calles de Montevideo donde el agua proveniente de un caño roto corre días y días, sin que a nadie parezca preocuparle?
Y hay más. El gobierno nos pide que seamos solidarios. Que quienes tienen más acepten pagar más impuestos para que quienes tienen menos, o directamente nada, puedan satisfacer sus necesidades básicas. Y entonces se aumenta la carga tributaria, y pagan impuesto a la renta quienes no tienen ni renta ni capacidad de ahorro, y el Estado le saca al que tiene más para darle a quienes tienen menos. ¿Cómo se entiende entonces que en los semáforos haya cada vez más niños pidiendo? ¿Y cómo debe leerse entonces el indicador que revela que la pobreza y la indigencia no han caído, ni siquiera en un período en que la coyuntura externa nos ha regalado años de prosperidad económica y el Estado ha tenido más dinero que nunca para sacar de la calle a quienes nada poseen?
A la vez, el gobierno le pide a los empresarios que se saquen el cocodrilo del bolsillo y los empuja a conceder aumentos salariales significativos. Dice que los trabajadores merecen y deben ganar más. Que hay margen, aunque los empresarios se empeñen en negarlo, para conceder más y más incrementos en las remuneraciones. Después de todo, la economía florece. ¿Pero qué pasa cuando el empresario es el Estado y el trabajador es un empleado público o municipal? ¿Por qué la Intendencia de Montevideo puede decir que no puede acceder al aumento que pide Adeom y una empresa privada no tiene la misma posibilidad? ¿Por qué cuando el Estado hace la Rendición de Cuentas puede conceder menos de lo que los funcionarios piden, si cuando eso pasa en una empresa privada seguramente el diferendo termina en ocupación, cuando no en el cierre de una planta, sin que el gobierno aplique en estos casos los mismos criterios que pone sobre la mesa cuando el empresario es él mismo?
Es el mismo gobierno que le pide a la gente que dice apostar a la educación y a los valores, pero tiene un ministro que cada vez que habla dice más palabrotas que mi nieto adolescente. El mismo gobierno que pide que se deje actuar a la Justicia cuando se trata de derechos humanos, pero se agravia cuando la misma Justicia falla en su contra en cualquier tema.
Es el mismo gobierno, sin duda, que asumió denostando a cuando político blanco y colorado se pusiera en su camino, y acusando de corrupción a todo el que pasara por la otra vereda, pero hoy no soporta que los periodistas investiguen casos al menos no transparentes o que la oposición señale con el dedo públicamente aquello que considera irregular.
Es la misma izquierda, seamos sinceros, que cuando era oposición no dejaba que se privatizara nada, y que -por ejemplo- ya le ha vendido Pluna a un consorcio privado cuyo principal directivo ha admitido que, una vez que la empresa sea rentable, va a colocar acciones en la Bolsa y a "licuar" su participación y la del Estado en la aerolínea de bandera nacional.
Los que prestaron su voto en octubre de 2004, ¿Qué estarán diciendo a estas alturas?
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