Uno de cada tres...

MARÍA JULIA POU

Días pasados leíamos en un semanario una noticia que nos pareció alarmante: uno de cada tres uruguayos no sabe cuál es la función del Parlamento. Varias son las reflexiones que nos motiva este dato.

La primera es que hace ya veintitrés años que nuestro país ha vuelto a ser una democracia plena, con el funcionamiento del Parlamento como caja de resonancia de los problemas de nuestra sociedad. Y a través de los medios de comunicación se mantiene informada a la población de la marcha del debate parlamentario acerca de los distintos temas que se tratan en ambas cámaras. Pero parecería ser a todas luces insuficiente para motivar el interés de la gente el hecho de que la prensa se preocupe de mantenerla al día con información.

Y esto nos lleva a una segunda mirada: al sistema educativo. Porque ese tercio de uruguayos que ignora la función del Parlamento es egresado de nuestras escuelas y liceos. En otros tiempos, se incluía dentro de las materias curriculares -en Secundaria- lo que se llamaba "Educación Moral y Cívica" y era en ese espacio educativo donde los estudiantes se familiarizaban con la Constitución, las leyes, los decretos, el rango de las distintas normas, los derechos del ciudadano, sus deberes, y por supuesto, el papel fundamental de cada uno de los tres Poderes. Aunque ya nos resultan lejanos en el tiempo, recordamos aún las discusiones e intervenciones que se sucedían en aquellas clases y de cuántas formas creativas se valían los profesores para interesarnos en los temas: nos convertían a las alumnas en circunstanciales parlamentarias con el cometido de defender alguna idea que se planteaba en clase. Así aprendimos a escuchar y a ser escuchadas, a respetar la opinión ajena, a ponernos en el lugar del otro. Y también -por qué no- a reconocer que alguien tenía mejores argumentos que los nuestros por lo tanto, a darle la razón.

Por último quizás también sería un buen momento para revisar algunas conductas parlamentarias. Cuando nos tocó hacer el balance de nuestro pasaje por la legislatura dijimos que queríamos subrayar lo intensa de la tarea parlamentaria -especialmente en las comisiones- , la seriedad con que trabaja la mayoría de los parlamentarios y la tarea en conjunto que realizan todos quienes conforman los equipos de funcionarios- taquígrafos, etc., Pero también es cierto que cuando las sesiones son largas y duran hasta altas horas de la noche las imágenes que se trasmiten provocan comentarios que de nada sirven a nuestros legisladores que aparecen durmiendo en sala o con aspecto que no condice con el ámbito del recinto. Si bien esto puede parecer accesorio, en un mundo de imágenes, es algo que debería cuidarse.

En un momento en que nuestra sociedad necesita escucharse, entenderse, para que todos podamos vivir en ella con menos violencia, con menos temor, nos parece que el retomar el espíritu de aquellas clases de Educación Moral y Cívica nos podría ayudar. Y para valorar al Parlamento como algo esencial a nuestra vida republicana, sería bueno acordarnos de los tiempos en que el Palacio se mantuvo cerrado, los políticos proscriptos y la gente amordazada sin opinar. La indiferencia no es inocua y para una democracia: puede ser letal. Esto es lo principal a transmitir.

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