Francisco Gallinal
Hoy quiero rendirle homenaje a un amigo, a quien siento como compañero de lucha pero por quien agrego ahora una profunda admiración. Ha sido siempre un compañero político de mil batallas, a quien conocí en la época de la dictadura militar cuando militábamos en las filas del Movimiento "Por la Patria" y con quien coincidimos en una total identificación con el liderazgo y el pensamiento político de Wilson Ferreira Aldunate.
A partir de la recuperación de la democracia en el país, nos encontramos a veces en la misma trinchera otras en distintos sectores partidarios, pero siempre coincidiendo en rescatar valores fundamentales como el nacionalismo, el wilsonismo, la descentralización, la lucha permanente por las libertades públicas, el rechazo al doble discurso, la filosofía ética y política de exigir desde la oposición lo que somos capaces de prometer y hacer desde el gobierno.
Se trata de un compañero especializado en economía, cuya opinión ha sido siempre respetada por todos quienes han tenido la responsabilidad de conducir los destinos del Partido Nacional. Sereno, reflexivo, mesurado, de convicciones profundas, sabe ser a la vez economista y político; vale decir, no se aísla en la teoría económica siempre necesaria sino también, se sumerge de lleno en la realidad.
Hoy es uno de los principales economistas del calificado grupo que en esa materia integran el Instituto "Aportes" de Correntada Wilsonista, y autor del fundamento técnico que en todos los casos ha acompañado las posiciones de nuestro sector. Sector cuya capacidad de propuesta se debe precisamente a la inspiración de esta camada de especialistas.
Es además escritor; en poco más de un año ha presentado un par de libros de cuentos amén de otras publicaciones, que lo muestran dueño de una pluma divertida, con sentido del humor, capaz de reírse de sí mismo, pero a la vez agudo conocedor de la vida cotidiana.
Hasta aquí las condiciones propias de un ciudadano que se hace querer, buen correligionario, con el que uno se siente a gusto en una tertulia, en un asado, en una trinchera política o en el estadio viendo jugar al "bolso". Seguramente también en el Hipódromo compartiendo una buena jornada turfística aunque aún no he logrado llevarlo aunque, ya le va a tocar.
Pero sucede que desde hace un tiempo la vida le ha puesto en el camino un desafío singular; enfrenta una complicada enfermedad que lo ha sometido a duros tratamientos que lo han puesto a prueba. Que lo tienen en jaque. La fuerza de espíritu, la fe en sí mismo, el amor a la vida y a los suyos con que enfrenta esta coyuntura tan especial, son la razón de la admiración que, quien estas líneas escribe y muchos otros compañeros, sentimos hoy por él.
Y esas mismas virtudes son también la razón de que siga sorteando obstáculos y ganando las batallas.
Me asombra y me motiva el optimismo sincero que me transmite cada vez que conversamos. Este es mi modesto homenaje a Ramiro y a quienes, como él, han hecho posible que tengamos hoy el Partido Nacional que tenemos.
Porque su guapeza e idiosincrasia son propias de un gran blanco. Como dijo Wilson en la Explanada Municipal: "Este es un episodio más en la pelea. La lucha comienza todos los días de nuevo y, por lo tanto, la lucha comienza hoy".
Hasta ayer amigo, hoy además objeto de mi admiración. Hay Ramiro para rato.