EDUARDO DELGADO
-¿Por qué renunció a su cargo docente en la Universidad de la República?
-El nivel de la enseñanza universitaria ha bajado y yo, a esta altura de mi vida y de mi carrera docente, sentí que mi deber era denunciar la situación. Lo sentí como un deber de lealtad con la facultad y con la propia Universidad. Es una renuncia que contiene una denuncia hecha desde dentro de la Universidad, por quien se siente parte integrante de ella y desde la conciencia de que ningún país y el nuestro en especial, tiene futuro sin una universidad pujante, valiosa. El país no es viable sin una Universidad pública de alto nivel. El país necesita un sistema universitario de alto nivel, pero dentro de ese sistema tiene que ser una pieza fundamental la Universidad de la República y fue con ese espíritu que yo presenté la renuncia.
-¿Usted manejó previamente la posibilidad de renunciar?
-Es algo que pensé hacer tiempo atrás, porque no es un fenómeno de ahora, que apareció con este Consejo y esta decana, por la cual tengo el máximo respeto. Viene de largos años y lamentablemente no es un fenómeno exclusivo de nuestra facultad ni de nuestra Universidad.
-¿A qué se debe ese menor nivel en la educación universitaria? ¿A los estudiantes como algunos docentes señalan?
-No es un fenómeno atribuible a los estudiantes de ninguna manera. Alguna gente ha dicho que todo esto es responsabilidad del bajo nivel de los estudiantes. Yo creo que los estudiantes no son ni culpables ni causantes de este escenario, o sea que son víctimas también. Los estudiantes como orden son tan responsables como los otros órdenes, ni más ni menos. La Universidad y la facultad de Derecho son gobernadas por tres órdenes (docentes, egresados y estudiantes) y los tres tienen su responsabilidad.
-Los estudiantes ¿llegan preparados para encarar una carrera universitaria?
-Los estudiantes son víctimas no sólo de la caída del nivel de la facultad, también de la caída del nivel de Secundaria. Creo que no hay en el país quien discuta que la enseñanza secundaria ha bajado su nivel; se podrá discutir sobre las causas o soluciones. Tampoco creo que pueda haber discusión en cuanto a que el nivel de la facultad disminuyó; no conozco a nadie que niegue ese fenómeno. Entonces, si los estudiantes de Secundaria ingresan a la Universidad con un nivel más bajo, llegan con un nivel de formación e información, cultural en general, que no es el requerido en una enseñanza universitaria de nivel adecuado. Esa es una causa que no es una responsabilidad de la Universidad y que a su vez tiene múltiples causas.
-En la Universidad se ha planteado la necesidad de hacer las carreras más cortas. ¿Qué opinión le merece esa posibilidad?
-No es un fenómeno propio de nuestra Universidad ni de nuestro país, sino que hay una tendencia general a reducir la extensión de las carreras.
Yo creo que nuestro país no necesita más abogados y escribanos, sino mejores abogados y escribanos. Entonces yo hago la pregunta: ¿la solución para que haya mejores abogados y escribanos es acortar las carreras? Es un tema que en la facultad de Derecho nunca se ha discutido.
-¿Por qué no se discuten esos temas en los ámbitos de cogobierno de la Universidad?
-Es que problemas importantes, trascendentes de la Universidad no se discuten. Es que el cogobierno, que yo no cuestiono sino que, por el contrario, lo defiendo y que está en la Constitución de la República, en la realidad se ha transformado en una coadministración cotidiana. Los órganos que deberían ser de cogobierno son órganos de coadministración diaria y no se dedican a las políticas de largo aliento. Lamentablemente son de una mala coadministración. Que los órganos de cogobierno estén coadministrando todos los días impide que los temas importantes se analicen. Es bien sabido que lo urgente desplaza lo importante y es lo que pasa.
En vez de discutir sobre el cambio de planes, acortar las carreras o no, están viendo qué impresoras compran, a qué profesor le dan licencia, a cuál le cambian el horario. La mayor parte es ese tipo de temas en el consejo.
-¿Considera que esta situación que usted plantea puede revertirse, o su renuncia es una señal de que ello no es posible ?
-Yo no soy tan pesimista para pensar que esto no se pueda mejorar. Pero la forma más segura de que un problema no se solucione es disimularlo, desconocerlo, que quienes tienen la posibilidad de resolverlo lo barran debajo de la alfombra. Entonces vuelvo al principio, presenté la carta de renuncia porque me duele la Universidad, que debe solucionar estos problemas. Para empezar eso hay que comenzar por plantearlos. En la situación en que estoy, por edad y altura de la carrera docente, creo que la forma más eficaz de poner este tema arriba de la mesa fue la que usé (...) Los problemas han salido a la luz, esperemos que quienes tienen que encararlos lo hagan, no los escondan. Que no digan que Cajarville hizo eso porque está viejo y cansado. La pérdida del nivel de la enseñanza en la facultad no es sólo la óptica de una persona vieja y cansada, sino un fenómeno que realmente existe.
Control de universidades privadas
- Usted que fue parte del cogobierno de la universidad pública ¿está de acuerdo con que haya opciones privadas de educación terciaria?
- Que pueda existir enseñanza de cualquier nivel privada es una opción de la Constitución. Yo redacté lo que después fue el decreto 308 de 1995, que rige las universidades privadas. Éstas tienen que tener libertad de impartir su enseñanza, sus títulos deben tener valor, pero esas universidades tienen que funcionar en base a carreras, planes de estudios, cuerpos docentes e infraestructura adecuadas, que cumplan con un nivel académico mínimo.
Se hace el control previo de lo que las universidades privadas proponen, pero el problema es que no se controla eficientemente que lo propuesto se cumpla. Yo no tengo dudas que hay universidades que cumplen lo que propusieron, algunas holgadamente. Tampoco tengo dudas que algunas no lo cumplen, que no tienen el plan de estudio ni el cuerpo docente que propusieron. A la Universidad de la República le hace bien que haya otras universidades. Las primeras interesadas en que se controlen las universidades privadas deberían ser ellas mismas, para evitar que el sistema se corrompa.
Perfil
Nombre: Juan Pablo Cajarville
Nació: En Montevideo, el 5 de febrero de 1939. Tiene dos hijas, una veterinaria y otra socióloga.
Catedrático y experto
En 1971, Juan Pablo Cajarville obtuvo el título de abogado y al año siguiente ya comenzó a trabajar en la docencia como ayudante voluntario. Catedrático de renombre y uno de los tres catedráticos grado cinco en Derecho Administrativo, renuncia a la docencia siendo el director del Instituto de Derecho Administrativo. Participó del cogobierno de la Universidad, siendo integrante de la asamblea general del claustro y el consejo de la facultad de Derecho, "un trabajo que nadie que no haya estado allí se lo imagina", recuerda. En 1960 ingresó por concurso al BROU y en 1968 pasó al BCU, institución de la que fue abogado hasta cumplir los 60 años. Antes de jubilarse fue asesor de Hugo Batalla en sus cargos de senador y vicepresidente. Viaja hoy a la Universidad de Buenos Aires, donde integrará un tribunal que designa catedráticos y adjuntos.