Marialaura Ibarra
Hasta hace un par de semanas Conchillas vivía del recuerdo de un pasado dorado. Hoy el clima es otro. Los vecinos -tan amables como optimistas- comentan, orgullosos de sentirse conchillenses, las últimas novedades de la planta de ENCE.
"Aunque sea de noche cada vez que escuchamos ruidos nos levantamos corriendo para ver qué está pasando", cuenta Líder Goña, que vive frente a los terrenos que compró la empresa española para levantar su planta procesadora de pasta de celulosa, la segunda que tendrá Uruguay luego de la finlandesa Botnia en Fray Bentos.
Pese a que aún falta mucho para que los ladrillos comiencen a formar los cimientos de la planta, en la zona no se habla de otra cosa que de ENCE. En la panadería, el kiosco, el cibercafé, en la policlínica, la estación de servicio, la Junta Local, la Comisaría, el club deportivo y hasta entre los pescadores debaten sobre lo que ocurrirá.
"Ahora somos famosos, salimos en la prensa y no tenemos que explicar de dónde somos cuando decimos que nacimos en Conchillas", afirmó Adriana Sosa, guía turística del pueblo.
Pero a Conchillas le cuesta salir de su modorra. Durante las primeras horas de la tarde el pueblo está cerrado. Sus escasos locales comerciales -panadería, kiosco, cibercafé, farmacia y poca cosa más- no se adaptan al mercado potencial que se abre con el nuevo emprendimiento. Pese a que ya han llegado varios obreros a la zona, en las primeras horas de la tarde no hay dónde comprar un refresco. El pueblo no tiene restaurante ni llegan los diarios.
"Nos quejamos que no hay turismo pero tampoco nos preparamos para eso", asegura Esther Giribone, que desde hace 37 años vive en Conchillas y hoy es la encargada de la mutualista local.
"EFECTO ENCE". Los conchillenses sueñan con el esplendor económico de antaño y la gran mayoría está "feliz" con la llegada de la empresa española para que cambie el rótulo de "pueblo olvidado".
"De la mano de ENCE viene el progreso que repercutirá en la educación, la comunicación, la salud… Este es el futuro que estamos esperando desde hace mucho tiempo", explica Ariel Arocena, un pescador que vive desde hace 40 años cerca del puerto.
Los vecinos aseguran que con la cantidad de puestos de trabajo que generará la planta, la "bonanza" movilizará a todo el departamento: Conchillas, Carmelo, Tarariras, Ombúes de la Valle, Colonia…
Desde que se inició la remoción de tierras en ENCE, una ambulancia circula durante 12 horas en la zona por algún accidente laboral.
"Esto es algo que nunca se vio en Conchillas", afirma Julio Taccan, el encargado de la estación de servicio, ya que el pueblo no contaba con emergencia médica y la policlínica de Salud Pública atiende sólo los lunes, miércoles y viernes.
Muchos de los residentes de la zona se han mudado de sus viviendas "históricas" para arrendarlas a los empleados de la planta.
Hoy los alquileres se multiplicaron por 15 ó 20, monto que no puede pagar un empleado del lugar, ya que el salario promedio ronda los $ 2.500 y $ 4.000.
"Una casa histórica con un baño humilde -como los de las casas de balneario- que se arrendaba en $ 700 o $ 1.500, hoy se está alquilando en $ 15.000 o $ 20.000. Y desde ahí los alquileres trepan hasta los $ 60.000 por una vivienda sin demasiados lujos", explica Juan Martín Torena, encargado de la Inmobiliaria Raúl Machado.
Jorge Banchero es uno de los propietarios que ha vivido toda su vida en Chonchillas y se mudará con su familia para alquilar su casa con un pedazo de campo en US$ 2.000.
"Es la oportunidad que tenemos. Para algunos es un sueño. Pero no hay que perder de vista que esto se puede acabar", sentenció.
En la zona hay una gran avidez por obtener empleo en el emprendimiento. Se han presentado cientos de curriculum sin que la empresa hiciera un llamado solicitando personal y a la oficina local llegan diariamente decenas de personas pidiendo trabajo.
Ese es el caso de Rubén Maraboto de 42 años y su hijo de 21, ambos oriundos de Juan Lacaze. "Hay rumores de que están tomando gente y que van a priorizar a los de la zona. Además, dicen que van a llevar y traer el personal para que no se arme un problema demográfico, porque después se va la empresa y queda gente afincada y sin trabajo", dice Maraboto.
Luego de cinco horas de viaje y con la mochila al hombro, decidido a quedarse a trabajar "si hay lugar", llegó Jorge Rabiale desde Montevideo a la oficina de ENCE. Pese a que le informaron que no están tomando personal, asegura que va a insistir "porque es lo que hay ahora. Si hay trabajo y es como dicen que los sueldos son buenos, vale la pena quedarse y dejar tan lejos a la familia".
VIDA SANA. Hoy Conchillas es un "villa de jubilados". En una población de 400 personas hay 150 que tienen entre 77 y 91 años. "Los jóvenes después que estudian se van a buscar un futuro laboral, ya que en la zona no hay trabajo", asegura Giribone. Sin embargo, los vecinos coinciden en la buena calidad de vida del pueblo: no hay indigencia, ni prostitución, ni drogas, ni robos.
"Acá la gente duerme con las puertas y ventanas abiertas. Uno se puede ir y dejar la casa abierta por un par de días o más sin que pase nada", aseguró Eduardo Sugo, el comisario de la zona. Sugo casi no recuerda los últimos delitos ocurridos en el pueblo. "Ya hace más de dos años que no pasa nada importante en Conchillas", dijo. Sin embargo, indicó que los conchillenses no tienen idea del movimiento que se va a producir a partir de ENCE. "La gente se va a tener que cuidar más porque al aumentar los bienes de consumo aumentan las tentaciones", afirmó.
Los miedos de los pobladores pasan por la pérdida de tranquilidad y seguridad, por la gente extraña que circulará y porque "el somos pocos y nos conocemos mucho se acabará pronto".
Los vecinos confían en que entre el gobierno y la planta controlarán los niveles de contaminación. Porque "las peores consecuencias que podemos tener es seguir con la chatura de ahora, que no se arregla con nada", indicó Goña.
"Más contaminación de la que hacen los campesinos que le echan a la soja todo tipo de productos químicos, no puede haber. Acá no vive una perdiz, un pajarito… la contaminación la tenemos encima y nadie dice nada", protesta el pescador Arocena.
Recuerdos de un tiempo mejor
En 1880 la compañía británica Walker gana la licitación para construir el puerto nuevo de Buenos Aires -hoy Puerto Madero- y fue en Conchillas donde encontró piedra y arena de calidad. La empresa, que en su apogeo tuvo 2.000 operarios, trajo mano de obra especializada de Europa y empleó a los lugareños. Todo era prosperidad. Las casas, que fueron edificadas para los obreros por la compañía inglesa, tenían gruesas paredes de piedra asentadas en cal, con la particularidad de que carecían de pozo negro a fin de evitar la contaminación del subsuelo y vetas de agua potable. Como consecuencia la materia se depositaba en baldes detrás de las viviendas y en la madrugada eran recogidas por "el nochero". Conchillas fue el primer pueblo en Uruguay en tener luz eléctrica, eso sí, a la hora 23 se apagaba. También tuvo moneda local -el Evans- traída por el comerciante Davis Evans. El apogeo duró hasta que los Walker se desfinanciaron como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.