THE ECONOMIST
Rara vez los encuestadores y otros gurúes se habían equivocado tanto. Con el impulso de haber ganado en Iowa, Barack Obama tenía todas las razones para esperar una nueva victoria sobre Hillary Clinton, en New Hampshire, dos días atrás.
Casi todas las encuestas lo mostraban liderando entre los demócratas, incluso por diferencias de dos dígitos. Pero los votantes de New Hampshire recordaron al mundo lo relativo de la importancia, y fiabilidad, de un sondeo electoral.
La ex primera dama logró un estrecho triunfo -39% a 36%, o solo siete mil votos- sobre Obama. Ella siempre apareció como la favorita en esta primaria, antes que Obama y su envión post-Iowa la relegaran en las encuestas. Pero no hay caso: hoy todo el mundo habla del "regreso" de Clinton.
¿Qué pasó para ese giro, y para las desastrosas predicciones de las encuestas? Un motivo es que en New Hampshire, los electores independientes (el 40% del total) pueden votar en cualquiera de las primarias. Entre ellos, más de lo que se esperaban habrían participado en la instancia republicana, quizá pensando que Obama ya tenía la victoria en el bolsillo; el senador negro tiene mucha mejor imagen que la ex primera dama entre los republicanos y los independientes. Otro podría ser que las mujeres se inclinaron mucho hacia Clinton, en contraste a lo ocurrido una semana atrás en Iowa. Tal vez el llanto de la senadora neoyorquina, al ser preguntada el lunes por el estrés sufrido en la campaña, mostró su costado más humano y conmovedor. No se puede obviar tampoco los esfuerzos de Bill Clinton, marido y ex presidente, que se explayó con dureza contra la prensa, diciendo que trata injustamente a su esposa y con mucha suavidad a Obama; esto último puede haber repercutido en muchos de los electores de New Hampshire, reacios de por sí a confesarles a un periodista o un encuestador por quién piensa votar.
La carrera electoral se muda ahora a Nevada y Carolina del Sur. John Edwards, tercero entre los demócratas en New Hampshire (ninguna sorpresa) no piensa arrojar la toalla y tendría ahí sus últimas oportunidades. Es muy difícil ya que las luces se enfocan en la lucha Obama-Clinton. El primero, buscando el triunfo en estados con importante población negra, entusiasmada por el triunfo de un "hermano" en Iowa, un distrito de enorme hegemonía blanca. Ambos apuntando sus baterías al "Súper Martes" del 5 de febrero, cuando casi la mitad del país vota en las primarias.
REÑIDO. La primaria republicana no hizo trizas ninguna encuesta, pero prepara el camino para una fascinante puja en Carolina del Sur y el "Súper Martes". John McCain repitió su victoria de la campaña preelectoral de 2000 en New Hampshire; obtuvo el 37% de los votos contra el 32% de Mitt Romney y el 11% de Mike Huckabee. Ocho años atrás, McCain terminó mordiendo el polvo ante la poderosa maquinaria del "establishment" republicano, que impulsaba a George W. Bush, que terminaría llegando a la Casa Blanca. Esta vez no hay tal maquinaria, y la carrera sigue abierta.
El senador McCain es aborrecido por parte de la cúpula del Partido Republicano por haber votado contra los proyectos de recorte de impuestos de Bush, por la reforma a los financiamientos de las campañas y, más recientemente, por haber co-escrito y defendido un proyecto para regularizar a los inmigrantes ilegales. Así que, mientras los peculiares votantes de New Hampshire le daban un gran espaldarazo, su camino a la nominación partidaria está lejos de ser fácil. Huckabee puede volver al camino de la victoria en Iowa en Carolina del Sur, que al igual que aquel estado, está lleno de republicanos religiosos, como él.
Pero estos dos no son los únicos que compiten. Romney ya acumula dos segundos lugares y ya tiene una pequeña luz a favor en Wyoming. Él puede jactarse de ser el único candidato aceptable tanto para los conservadores económicos como para los conservadores religiosos; también se ubica en los primeros lugares en todas las regiones. De esta manera, al polarizarse la interna republicana entre McCain y Huckabee, seguir sumando segundos lugares puede no ser el camino más dramático a la victoria.
Por su parte, Rudy Giuliani espera confiado un surgimiento tardía; las encuestas lo muestran en un cómodo primer lugar en Florida, el distrito más importante que tendrá su interna (el 29 de enero) antes del "Súper Martes". El ex alcalde de Nueva York tiene el mayor apoyo republicano a nivel nacional, por más que esto les disguste a sus correligionarios más conservadores.
La pugna republicana está reducida a cuatro nombres; la demócrata a dos, con el añadido histórico de postular por primera vez a una mujer o a un afrodescendiente a la Casa Blanca. Ingredientes que conforman el menú de las elecciones más reñidas en décadas en Estados Unidos.
Mano dura a inmigrantes no está dando frutos electorales
WASHINGTON
Los precandidatos republicanos que abogaron por la mano dura contra los indocumentados sufrieron hasta ahora serios reveses en las primarias: Mitt Romney derrotado dos veces; Fred Thompson y Duncan Hunter con 1% de los votos en New Hampshire; Tom Tancredo, fuera de combate antes de iniciarse la contienda.
"Creo que la mano dura contra los ilegales no es un buen lema de campaña", explicó Daniel Restrepo, del Center for American Progress, tras el triunfo la noche del martes en New Hampshire (noreste) del senador John McCain, uno de los "raros" republicanos que es partidario de regularizar a los indocumentados.
En los últimos días de la campaña, tras sufrir un primer revés en Iowa (centro), el favorito Romney lanzó en vano duros ataques contra el congresista, al acusarlo de haber apoyado una "amnistía" por haber defendido el año pasado un proyecto de reforma migratoria que bloqueó la base radical republicana.
En momentos en que EE.UU. se encuentra al borde de la recesión, la economía es la principal preocupación. "La inmigración ilegal es parte de la manifestación de la inquietud sobre la economía", admitió Restrepo. "Pero no es suficiente que los candidatos digan que van a adoptar una política de mano dura contra los inmigrantes ilegales". AFP