AGENCIAS
Mitt, Hillary, Mick, Barack, Rudy. La carrera presidencial comenzó tan pronto en Estados Unidos que los votantes se refieren a los contendientes solo por su nombre. En estos días, la puja se torna seria.
El proceso electoral actual tiene varios elementos que lo hacen único. No solo es su comienzo por demás prematuro (este año terminará con no menos de 20 debates entre los precandidatos) y las inmensas cifras que se barajan como gastos de campaña y que ya la sitúan como la más cara de la historia. Es la primera que tiene a la Internet como herramienta para difundir las propuestas de cada uno de los postulantes.
Es así, con la búsqueda de ganarse el voto de los jóvenes, los candidatos de ambos partidos acudieron al popular portal de videos YouTube para expresar sus propuestas y debatir. Los demócratas lo hicieron en julio y los republicanos en noviembre. Algunos analistas sostienen que en el futuro esta instancia ocupará un lugar en la historia similar al debate televisado entre Richard Nixon y John F. Kennedy para las elecciones de 1960.
Pero también, y no es un dato menor, será la primera vez desde 1928 que no se presente a la reelección, ni el presidente ni su vicepresidente. El inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush, no puede presentarse a un tercer mandato por la Constitución. El vice, Dick Cheney, ya había anunciado años atrás que no sería postulante.
CAPITULOS. Esta larga y costosa campaña, que por momentos amenazó con saturar a la población, está entrando en sus instancias decisivas. Antes de prestar juramento el 20 de enero de 2009 y aun antes de resultar electo el 4 de noviembre del año próximo, el candidato debe sortear varios capítulos electorales. El último antes del veredicto de las urnas será, para los demócratas, a fines de agosto cuando la convención partidaria proclame a su postulante; a principios de septiembre le tocará a los republicanos.
Esa misma nominación a nivel nacional está precedida por las elecciones primarias en cada estado. Las primeras instancias de este tipo, en Iowa y New Hampshire, el 3 y el 8 de enero, respectivamente, si bien no se consideran decisivas, si pueden marcar la tendencia en el resto del proceso.
A nivel nacional, la esposa del ex presidente Bill Clinton, Hillary Rodham Clinton le lleva nueve puntos porcentuales de ventaja al senador por Illinois Barack Obama. Pero dos semanas atrás, el margen llegó a ser de 17 puntos. La carrera entre los demócratas parece limitarse a ellos dos.
Pero en Iowa, primera escala electoral rumbo a la Casa Blanca, hay un virtual empate. En los últimos días pulularon encuestas que vaticinaban un triunfo de quien busca convertirse en el primer presidente negro del país. Sin embargo, un sondeo del Washington Post le dio una intención de voto del 33% a la ex primera dama contra 29% para Obama; al igual que a escala nacional, los otros postulantes demócratas, John Edwards (20%) y Bill Richardson, aparecen atrás, lejos.
Iowa no es un estado muy grande, de hecho aporta solo siete de los 538 miembros del Colegio Electoral que elegirá al presidente en la instancia final. Pero tradicionalmente ha sido un punto de inflexión en la carrera a la Casa Blanca. Los comicios en este Estado por lo general provocan un efecto dominó que hace que su vencedor logre un impulso resistible en todo el país. Los demócratas lo saben bien. Cuatro años atrás, Iowa significó el principio del fin en la puja partidaria para el favorito, Howard Dean, y en su lugar fue un espaldarazo para John Kerry.
Entre los republicanos, la puja aún es más compleja y abierta. Giuliani sigue primero a nivel nacional, aunque con una ventaja más reducida respecto a sus competidores. Y, de manera similar a Clinton, no ha logrado mostrar la misma fuerza en las instancias claves de Iowa y New Hampshire. La sorpresa es el ex gobernador de Arkansas Mick Huckabee, el preferido entre el electorado más religiosamente conservador, que incluso -según un reciente sondeo de la CNN- ya se ubica en el segundo lugar en todo el país, un 22% contra un 29% para el ex alcalde neoyorquino. Más atrás siguen Mitt Romney (16%), John McCain (13%), quien cayó mucho en las últimas semanas, y Fred Thompson (10%).
Para agregar más confusión, un sondeo del Wall Street Journal colocó empatados a nivel nacional a Giuliani y a Romney, con un 20%. Tres puntos porcentuales atrás, el sorprendente Huckabee.
En referencia al primer "caucus", el principal diario de Iowa, el Des Moines Register, publicó una encuesta en la que Huckabee encabeza las preferencias de la próxima elección local con un 29%, seguido de Romney con 22%. Giuliani aparece muy atrás, con un 9% que comparte con Thompson.
New Hampshire se presenta favorable a Romney, con un 34% de la intención de voto; está muy lejos de quien aparece segundo, McCain, que contaría con un 22%. Giuliani sigue lejos (16%); Huckabee no figura en esta instancia.
Para contrarrestar un efecto dominó, sabiendo que en las dos primeras instancias no las tiene todas consigo, Giuliani ha concentrado sus esfuerzos en las elecciones primarias que ocurrirán en otros estados a lo largo del próximo año. Para los postulantes de ambos partidos, es claro que Iowa y New Hampshire pueden marcar una tendencia pero no una eventual derrota irreversible.
Esas instancias bien pueden ser las primarias en Florida, del 29 de enero, o el flamante y decisivo "Gran Martes" del 5 de febrero, en el que se realizarán las internas en 15 estados (incluyendo la muy codiciada California, que cuenta aporta 55 miembros al Colegio Electoral), o el más tradicional "Supre Martes" del 4 de marzo, en la que también distritos internas tienen lugar en estados especialmente estratégicos.
INTERNAS. Los temas de campaña (ver nota aparte) y cómo abordar los distintos problemas que sufre el país se repiten en cada uno de los candidatos, sea republicano o demócrata. Cada uno de ellos está ensarzado en una pugna para convencer al elector que es el más indicado para representar a la divisa del "elefante" o el "asno".
Entre los demócratas, los temores pasan por saber si la ex primera dama, a la que acusan de dividir ferozmente las aguas, podría vencer las elecciones generales, o si el senador por Illinois tiene la suficiente experiencia como para dirigir el país. El tercero en liza, John Edwards, casi sin chance, es estigmatizado como "perdedor". Fue el compañero de fórmula de Kerry en las últimas elecciones de 2004, las que posibilitaron la reelección de Bush.
En los "caucus", los republicanos la tienen aún más difícil. Los votantes están incómodos con las posiciones "izquierdistas" -legalizar el aborto- que tomó Giuliani como alcalde de Nueva York. También les preocupa las posiciones flexibles de Romney o , los reveses recientes de McCain, debilitado por su apoyo a la guerra en Irak y a una reforma migratoria que encolerizó a los conservadores.
Huckabee, un pastor bautista que ha arremetido con fuerza en las últimas semanas, puede ser atractivo para los sectores religiosos más conservadores (se ha manifestado opositor al divorcio, al homosexualismo y al aborto, y dijo "no creer" en Darwin), pero esa postura genera un fuerte rechazo en el resto del electorado.
Más allá de ello, la situación económica reinante sería el verdadero fiel de la balanza que definiría la elección ("Es la economía, estúpido", es tal vez la más célebre frase de Bill Clinton). También es el factor que permite vislumbrar un panorama parcial a casi un año de los comicios. Si los dólares son un indicador fiable, los candidatos demócratas han logrado recaudar hasta ahora un 50% más que sus pares republicanos. Y ese es el combustible que hace funcionar tanto al país como a las campañas electorales.
Uno ya abandonó la competencia
DES MOINES
Antes de la primera interna estatal uno de los precandidatos se retiró de carrera. Se trata del republicano Tom Tancredo, quien anunció que pasará a apoyar la postulación de Mitt Romney. De los ocho candidatos del oficialismo, era el último en las intenciones de voto.
Tancredo basó su campaña en una dura retórica contra la inmigración ilegal.
Dijo que decidió abandonar la contienda en parte debido a la preocupación de que, de haber permanecido en ella, podría haber dividido los votos para otros candidatos que han tomado una posición enérgica en el combate a la inmigración, y ello ayudaría a los que han adoptado un enfoque menos restrictivo.
"Temo que si permanezco en esta contienda que no puedo ganar, ello contribuirá a que uno de estos candidatos sea nominado``, señaló el legislador. AP