THE NEW YORK TIMES | JESSE GREEN
Dado que vamos a hablar de su obesa y desafiante Edna Tumblad en la versión cinematográfica del musical "Hairspray" (se estrena el viernes en Estados Unidos) es inevitable que los temas con John Travolta sean el peinado, la ropa y el cuerpo.
Antes de comenzar a filmar debió lidiar con vestuaristas, expertos en maquillaje y efectos especiales que revisaron cuidadosamente su trabajo para obtener el "look" que él había imaginado. Travolta no quería lucir como un refrigerador o como Jabba the Hutt (el grotesco villano de El regreso del Jedi), sino como una Sophia Loren con doscientos kilos de más. Y lo logró: su Edna, a diferencia de la grasienta Gorgona creada por Divine en el original de John Waters de 1988, o la memorable dama Kabuki interpretada por Harvey Fierstein en el musical de Broadway de 2002, resulta atrayente y hasta emite una suerte de geológico "sex appeal".
Aunque pueda parecer que a él no le importa, un elogio de ese tipo puede sonar no solamente amistoso, sino realmente "gay". Lo que podría ser apenas un detalle simpático adquiere otro carácter si se tiene en cuenta la controversia suscitada recientemente por su aceptación del papel de Edna. En una entrada en el blog The Washington Blade del pasado mes de mayo, su editor, Kevin Naff, llamó a boicotear Hairspray debido a la adhesión de Travolta a la Iglesia de la Cienciología, a la que describe como "un culto que rechaza a los gays y las lesbianas, y hasta realiza operaciones curativas para terminar con la homosexualidad". En un editorial posterior, Naff agregó que "la aparición de Travolta en un arquetípico papel `gay` es aun más llamativo, teniendo en cuenta los rumores de homosexualismo que lo han rodeado durante años".
Sentado en un sofá en su confortable biblioteca, donde los libros sobre cigarros y aviación comparten un espacio con tratados sobre la Cienciología y un "tributo fotográfico" al fundador de la Iglesia, L. Ron Hubbard, Travolta no se coloca a la defensiva. Interrogado sobre las declaraciones de Naff, no esgrime alusiones a su matrimonio de quince años con Kelly Preston o a sus dos hijos. Simplemente señala que no se siente incómodo con la gente "gay", que Edna no es un personaje "gay" en absoluto, y que las quejas sobre la Cienciología son inadecuadas. "La Cienciología es una de las religiones menos homofóbicas", afirma. "No está muy interesada en el cuerpo en general".
Sin embargo, Travolta lo está. Se convirtió en una estrella apoyándose en una fuerte "fisicalidad", muy específica para cada papel, que parecería casi haber sido coreografiada. Incluso más allá de los movimientos de danza de Grease o Fiebre del sábado a la noche, definitorios como eran, hay que fijarse en su habilidad para crear un personaje a partir de una inclinación de la columna vertebral, un bamboleo de la pelvis o el aislamiento de varias partes de su cuerpo. El toque Watusi que inventó para su Vincent Vega en Tiempos violentos (1994) no solamente enriqueció al personaje sino que revivió una carrera que había caído en uno de sus cíclicos períodos de decadencia.
Y esa puede ser una expresión suave para definir algunos de los fracasos de taquilla, tropiezos artísticos o ambas cosas al mismo tiempo que siguieron a varios de sus mayores éxitos. Se deba a malos consejos, malas elecciones o una reiterada tendencia a apostar todos los boletos a un perdedor, Travolta ha perjudicado con frecuencia su capital crítico y espantado al público con películas cuyas cualidades redentoras resulta por lo menos difícil discernir.
Durante la conversación, Travolta reconoce haber aceptado proyectos comerciales como la reciente Rebeldes con causa, una comedia que fue destrozada por la crítica pero recaudó doscientos cincuenta millones de dólares, como algo que se permitió para poder encarar proyectos más personales pero con menos posibilidades en la taquilla. "Pero mayormente uno hace lo que cree mejor como artista, cosas a las que piensa que puede aportar una dimensión creativa y moral", agrega. "Al final, uno quiere poder decir: caramba, qué paquete tan mezclado, pero al mismo tiempo, qué buen paquete".
Sorprendentemente, se las arregló para recuperarse de desastres como Vivir el momento, Sobreviviendo o Perfección, y la lista sigue. Pero sobrevivir al fracaso de La batalla final, el asombroso fiasco del 2000 basado en una novela de L. Ron Hubbard que fue su "trabajo de amor" resultó más difícil: solo una de sus nueve películas siguientes ha recaudado mundialmente más de cien millones de dólares.
Sin embargo, los musicales y ejercicios cercanos al género han estado con él desde los años setenta, y si no ha hecho más es porque no ha habido muchos por hacer. De hecho, rechazó tres: A Chorus Line ("tuve razón"), El fantasma de la Ópera ("ídem") y Chicago ("me equivoqué").
Que Hairspray haya nacido como una película no significa que su "remake" tenga que ser necesariamente un éxito, como la debacle de Los productores lo ha probado recientemente. Sin embargo es probablemente uno de los más atrayentes musicales en mucho tiempo: combina una gran historia, personajes interesantes y una de las mejores partituras que Broadway haya compuesto en décadas. Sorprendentemente, Travolta tardó 14 meses en aceptar el papel, pero no se arrepiente.
Tres antecedentes en pistas de baile
1 Fiebre del sábado...
Un concurso de baile sabatino, la música de los Bee Gees, y unos movimientos en la pista que hicieron historia y toda una generación copió. Los malhumorados, que nunca faltan, piensan que es la película que retrasó veinte años el desarrollo del musical norteamericano, pero John fue una estrella.
2 Grease
Un ejercicio de nostalgia: Travolta, Olivia Newton-John, y una música pegadiza que llenó los oídos de una generación. Travolta venía con el impulso de Fiebre de sábado por la noche y le sirvió en términos de taquilla. Los problemas comenzarían después. El actor no estuvo en la secuela.
3 Sobreviviendo
La secuela de Fiebre del sábado a la noche, con Travolta retomando el personaje de Tony Manero, y la dirección que cayó en manos del director de secuelas por antonomasia de Hollywood: "Sly" Stallone. Pero la magia (para quienes creyeron percibirla en la primera película) se había perdido.