DANIEL HERRERA LUSSICH | CORRESPONSAL PERMANENTE
EL PAÍS EN WASHINGTON
Una de las principales obsesiones que domina a la uruguaya Irene Litvan apunta a abrir el camino para detener o enlentecer el proceso del Mal de Parkinson y el Alzheimer.
Esta doctora es la Directora del Programa de Movimientos Anormales de la Universidad de Louisville. Es una mujer de enorme dinamismo, incansable y entusiasta. Una enamorada de su profesión.
Dedica la mayor parte de su tiempo a la investigación y a la organización de charlas y conferencias que reúnen a los más altos especialistas en Neurología del mundo.
Litvan, en este momento, se encuentra abocada a trabajar, junto con colegas científicos de las principales universidades de los Estados Unidos, en un estudio sobre las posibles causas de una enfermedad que se manifiesta con parkinsonismo. Sobre ésta han planteado una hipótesis que intenta establecer si pesticidas, herbicidas u otras sustancias pueden influir en la aparición de esta patología en personas que son susceptibles genéticamente, lo que lleva a que algunas padezcan del mal y otras no, a través de un estudio multicéntrico.
El Instituto de Salud de Estados Unidos le ha otorgado 3,4 millones de dólares para seguir adelante con sus trabajos de investigación. Esto representa un reconocimiento enorme y una especie de declaración de confianza (en un país de alta tecnología), hacia la labor y los posibles resultados de la tarea científica de Irene Litvan.
Y no por eso, Litvan deja de estar pendiente cada día de las noticias de su país.
historia. "Hace años que dejé el país, pero estoy muy agradecida con el Uruguay. Me dio una enseñanza espléndida y gratuita, de alto nivel, que me abrió puertas para ingresar en este universo de alta tecnología. Por eso considero que una de mis grandes obligaciones morales radica en intentar devolver algo de lo mucho que recibí. Tengo allí parte de mi numerosa familia y en mis planes está el acercar mis conocimientos y apoyar para que por alguna vía llegue la última tecnología. Es una deuda a cumplir con mi paisito", dijo la profesional a El País.
Irene Litvan pertenecía a una familia de clase media uruguaya, su padre -hijo de inmigrantes rusos- nació en Buenos Aires y vino a vivir a Montevideo con un año de edad; su madre, nacida en Kobryn cuando era parte de Polonia, también emigró a Uruguay antes de la Segunda Guerra Mundial. Tiene dos hermanos: uno economista y reconocido hombre de negocios; el otro, anestesiologista, que se fue a Barcelona en 1975, debido a los problemas políticos de aquella época.
Litvan hizo primaria en la Escuela Grecia, en Ellauri y 21 de Setiembre, en la cual se formó un grupo humano que aún hoy se reúne cuando visita Montevideo. Los años de liceo los cumplió en el Zorrilla y luego hizo preparatorios en el IAVA. Se recibió en la Facultad de Medicina.
En 1979, se trasladó a Barcelona. Los primeros tiempos fueron duros, en general los extranjeros encontraban barreras para trabajar o para desarrollar la profesión. Se presentó a un concurso en el Ayuntamiento, en cuyas bases nada decía de que era sólo para españoles. Ganó, pero no la aceptaron por ser extranjera. Allí fue que intervino un abogado, que había vivido en Uruguay, país que le había dejado grandes recuerdos. Fue el que tomó su defensa y presentó muy buen alegato. Se logró que se hiciera un nuevo llamado: también lo obtuvo y empezó a trabajar en Cataluña. Mientras tanto, hizo un entrenamiento de cuatro años en neurología en el hospital de Santa Creu i de Pau, fue instructora clínica para estudiantes de medicina de sexto año y conferencista de patología general clínica, en el mismo hospital, afiliado a la Universidad de Barcelona.
Vivió ocho años en España, luego se trasladó a Washington, donde trabajó hasta hace cinco años en el Instituto Nacional de Salud, en la rama de los desórdenes neurológicos del movimiento y demencia; también cumplió un segundo entrenamiento de neurología de cuatro años en la Universidad de Georgetown.
especialidad. Luego se traslado a trabajar en la Universidad de Louisville, siempre en su especialidad, la neurología, los movimientos anormales como el mal de Parkinson, volcándose con preferencia al estudio de pacientes con parálisis supranuclear progresiva (PSP), que tiene ciertos aspectos en común con el mal de Parkinson y el Alzheimer.
Es una forma de parkinsonismo más complicada porque hay problemas de equilibrio, con caídas al principio, enlentecimiento y rigidez como en el mal de Parkinson, pero los medicamentos que ayudan en este tipo de enfermos no son muy efectivos. "Y se plantea otro problema", explicó Litvan. "Estos pacientes tienen problema en mover los ojos hacia arriba y hacia abajo, el que, entre otras dificultades, crea serios problemas para leer y bajar escaleras".
En las células afectadas, se deposita en forma de agregado una proteína que se llama TAU, que normalmente existe en la célula, pero no como agregado. Estos agregados se supone que es lo que hace que la célula muera, en un proceso similar al que se da en el Alzheimer, ante lo cual se piensa que estudiando esta enfermedad no sólo se puede avanzar en el campo del Parkinson, sino también en la enfermedad de Alzheimer. La doctora Irene Litvan está también realizando un ensayo terapéutico con unas drogas que podrían enlentecer la parálisis supranuclear progresiva.
Ahora, el próximo paso, bajo la dirección de la Dra. Litvan en la Universidad de Louisville, -que fue la que hizo la propuesta original- radica en trabajar junto a la Clínica Mayo, la Universidad de Emory en la ciudad de Atlanta, Universidad de Baylor en Texas, Universidad de Maryland, Universidad de Los Ángeles en California y la Universidad de Birmingham en Alabama, todos centros de altísimo nivel.
En estas universidades se reclutarán en total 500 pacientes con la PSP, y mil controles de personas sanas en cuatro años. Los pacientes y controles son entrevistados en la Universidad de Louisville para evaluar si tienen contacto con sustancias que pueden ser tóxicas y a las que estamos expuestos en nuestros trabajos, hobbies, o comidas, aclaró Litvan.
El análisis de a qué sustancias tóxicas puede uno haber estado expuesto se hace de forma anónima por un ingeniero industrial y un toxicólogo de los mejores lugares de los Estados Unidos, gente de la Universidad de Hopkins, y de la Universidad de Washington. Los estudios genéticos se hacen en la Clínica Mayo.
"Esperamos que los resultados de este primer estudio nos pemita encontrar el camino para mejorar o detener este tipo de la enfermedad, la enfermedad de Parkinson, con la posibilidad de extender los resultados hacia el Alzheimer", concluye Litvan, no sin agregar que "no sólo procuran mejorar la situación de los pacientes, también la de los familiares o personas que conviven con los enfermos, víctimas indirectas del mal, a las que les cambia el sistema de vida radicalmente".