MARÍA JULIA POU
Nuestro país se ha destacado en el concierto sudamericano por sus niveles de educación. Sin soberbia pero sin falsas modestias podemos reconocer que nuestra población ha sido frecuentemente motivo de elogio por parte de personalidades extranjeras quienes muchas veces manifestaron que el grado de educación de los uruguayos era realmente admirable. Hoy nos preguntamos nosotros, ¿era o sigue siendo admirable?
Los niveles de educación de una sociedad se miden por muchos parámetros. No sólo la instrucción o educación formal cuenta, sino que el comportamiento social y colectivo es una expresión que permite una medición más sutil pero reveladora de una comunidad. La preocupación de hoy está motivada por hechos que elocuentemente nos indican que en ambos planos asoman muestras de decadencia.
En cuanto a la instrucción formal, los índices de repetición en la escuela, el abandono temprano del sistema educativo por parte de muchos jóvenes sumado a medidas desacertadas -desde nuestro punto de vista. Como la de disminuir las horas de enseñanza del inglés en un momento de la historia en que esa lengua ha ganado la batalla y ocupa un lugar privilegiado en las comunicaciones, para mencionar sólo algunos de los síntomas que aparecen en el horizonte, nos demuestra que hay una señal de alerta que deberíamos atender. Y no sólo atender, sino discutir -de verdad- para qué educamos, qué herramientas queremos darles a nuestros niños y jóvenes como instrumentales para el desarrollo de sus vidas. El tan mentado "debate educativo" no ha sido precisamente un éxito. Pero no nos quedemos en eso, habilitemos -seriamente, con profesionales- otras instancias. En este sentido sería importante definir hacia qué país nos encaminamos pues el rumbo que tenga el barco en el que estamos todos, va a determinar cuáles serán las líneas educativas en las que tengamos que trabajar.
El comportamiento social del colectivo es revelador de su grado de educación y por aquí también tenemos luces rojas en el tablero. Cuando se nos informa que la corriente de emigración de los uruguayos no se ha detenido, que se ha suspendido un concierto por miedo a los desmanes, cuando no logramos elaborar una política para enfrentar el tema de la adicción a la pasta base y sus consecuencias, cuando escuchamos el lenguaje con que se expresan algunos actores del periodismo, de la actividad política o comunicacional en general, ¿no significará que deberíamos considerar con una mirada más amplia la Educación -así, con mayúscula- de los uruguayos?
Y en esta tarea debemos estar todos comprometidos. Una página magnífica de ese novelista español que fue Gironella nos ofrece un diálogo entre un padre y un joven muy elocuente. Cuando el padre resuelve ejercer su paternidad de una forma que él cree es más convincente, le habla al joven de sus deberes en la vida y con una monotonía casi litúrgica enumera lo que se debe y no se debe hacer. Pero este padre, que en su vida personal no era precisamente un modelo, escucha lo que para nosotros constituye una lección de pedagogía sin igual: "lo que tu haces no me deja escuchar lo que tu me dices...."
Todos tendremos que trabajar y comprometernos para volver a ser ese país distinto, "el Uruguay" es diferente, como tantas veces oímos decir, pero diferente por ser mejor y más educado en toda la extensión de la palabra.
"Todos tendremos que trabajar y para volver a ser ese país distinto y diferente. Pero diferente por ser mejor y más educado en toda la extensión de la palabra