Encuentro en Los Ángeles

Triunfador.Martín Scorsese festeja con su también premiada montajista Thelma Schoonmacher, y Leonardo Di Caprio aplaude. 360x385
Triunfador.Martín Scorsese festeja con su también premiada montajista Thelma Schoonmacher, y Leonardo Di Caprio aplaude.

GUILLERMO ZAPIOLA

Los pesimistas pueden hablar de "globalización" o "pensamiento único", aunque el real pensamiento único que intenta imponerse, afortunadamente sin lograrlo, sea la corrección política. Después llega el Oscar y el esquema se rompe.

Si algo caracterizó la entrega de los premios de la Academia del pasado domingo fue la diversidad, y el dato no estuvo presente solamente en las figuras premiadas. Por supuesto, la lista de galardonados es la primera pista. Nadie se va a quejar porque el Oscar a mejor película y mejor director haya ido para Los infiltrados y Martin Scorsese, porque el viejo Marty se lo merece desde hace tiempo y es (con Eastwood) el último de los grandes cineastas clásicos. Pero incluso en su caso se trata de la "remake" de un film hongkongués. Los cruces se dan de la manera más inesperada. Sin ir más lejos, ya se rumorea que en Silence, el próximo proyecto de Scorsese sobre misioneros cristianos en el Japón del siglo XVI, actuará el español Javier Bardem, quien también está siendo solicitado por Woody Allen. Bardem ha dicho recientemente que lo de Scorsese "son rumores, pero algo hay", y que lo de Allen es más concreto.

Marty no fue el único norteamericano premiado: al fin y al cabo el "afroamericano" Forest Whitaker no nació en Uganda sino en Texas, y Jennifer Hudson es igualmente nacida en los Estados Unidos, aunque no pertenezcan a la declinante mayoría "blanca, anglosajona y protestante".

Y hablemos de Clint: un norteamericano que se convirtió en una estrella en Italia, cuando el "western" norteamericano agonizaba: no es casual que la Academia lo haya elegido para presentar el Oscar a la carrera del músico Ennio Morricone, que se inició junto a Eastwood en los "spaghetti westerns" de Sergio Leone y agradeció en italiano. Clint le sirvió de intérprete. Casualmente, ese hombre competía por una película hablada en japonés. Italianos, argentinos (el músico Santaolalla), varios mexicanos y españoles (por El laberinto del fauno). ¿Xenofobia? Parece que no.

MULTICULTURALISMO. Cuando Ken Watanabe y Catherine Deneuve señalaron que solo el Oscar podía reunir a un japonés y una francesa en Los Ángeles aludían al "melting pot" que ha sido uno de los mejores rasgos de los Estados Unidos. Pero sus palabras tuvieron el apoyo de dos de las selecciones de clips que ilustraron la ceremonia: los films en lengua extranjera premiados con el Oscar (con todos los errores de juicio que se quiera, la Academia ha sabido galardonar a Fellini, de Sica, Bergman, Kurosawa y Ang Lee, entre otros), o los muchos films norteamericanos que han recogido los temas de la inmigración y la variedad étnica. El dato estuvo hasta en la sección "in memoriam", que incluyó a gente como la italiana Alida Valli, el francés Philippe Noiret o el sueco Sven Nykvist.

"No siempre estamos de acuerdo en muchas cosas", se dijo en más de un discurso, pero la idea era la diversidad: entre los clips se vieron escenas de El nacimiento de una nación de Griffith (esa apología del Ku-Klux-Klan) y de indios aullantes asaltando caravanas, pero también imágenes de minorías reivindicadas o heroicas, y las oleadas de inmigrantes de los más diversos orígenes que "hicieron América".

Otros cruces a destacar: el "espíritu independiente" que tampoco estuvo ajeno al Oscar: Pequeña Miss Sunshine (premio a guión y a Alan Arkin) había arrasado el día anterior en los Independent Spirit Award, que también premiaron la fotografía de El laberinto del fauno y eligieron al mismo film alemán que la Academia como el mejor en lengua extranjera.

SUNDANCE. Por otra parte, Sunshine es también la típica "película Sundance" con el impulso de Robert Redford a un cine distinto al de la industria, pero no a sus espaldas. El nombre de Redford y la palabra Sundance no se pronunciaron durante la ceremonia de los Oscar, pero planearon sobre ella.

Otro rasgo llamativo fue la espontaneidad, o si se quiere el informalismo. Para ello ayudó sin duda la gran Ellen De Generes, que animó la fiesta de manera extremadamente distendida, bromeó con ganadores y perdedores, le ofreció un guión a Scorsese y se sacó una foto con Clint, quien está sordo como una tapia y le agradeció los audífonos que al parecer ella le regaló hace dos años.

Jennifer Lopez

glamorosa

La actriz lució un vestido Marchesa con un cuello enjoyado que creó un efecto de eslabones. Marc Anthony dijo que fue él quien eligió el vestido, a lo que ella agregó "me hace sentir muy glamorosa, chic y sexy".

Anika Noni Rose

diamantes son eternos

Llegó a la alfombra roja con unos zapatos aguja en cuyo empeine brillaban cintas con diamantes de 30 kilates, cotizados en 500.000 dólares. La integrante de Soñadoras se cambió para bailar en la fiesta de Vanity Fair.

El Oscar está en la cartelera

No hay fecha todavía para el estreno de La reina. Todos los otros ganadores de los principales Oscar están en cambio en cartelera (Los infiltrados. El último rey de Escocia, Pequeña Miss Sunshine, Babel, El laberinto del fauno, Soñadoras), o lo estuvieron y quizá vuelven (Una verdad incómoda). Los "completistas", esos aficionados que se empeñan en no perderse un Oscar, pueden hacerlo, Y La reina va a llegar.

Keisha Whitaker

una escultura

Al lado de su marido tenía todo para pasar desapercibida. Pero no ocurrió: la esposa del premiado Forest transformó su cuerpo en una escultura hecha en tela y un primaveral aplique por espaldas.

Anne Hathaway

enjoyada

Aparte de dos grandes moñas negras aplicadas sobre un vestido blanco (en el pecho y debajo de las caderas), la compañera de Meryl Streep en El diablo viste a la moda también llamó la atención por su arsenal de joyas.

Antes de ir a las fiestas casi todas las actrices cambiaron de ropas. Pero la protagonista de muchísimas series no se sacó mucho peso de encima porque llegó a Vanity Fair con un rosedal aplicado al cuello.

Suzanne Somers el rosedal

Los mexicanos que se están abriendo paso en la industria

Cuando Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu posaron juntos para una foto durante un intervalo de la ceremonia de los Oscar, alguien les preguntó si eran algo así como los Tres Mosqueteros. Con el buen humor a toda prueba que lo caracteriza, del Toro prefirió definirlos como los Tres Chiflados, pero su presencia allí iba más allá de la broma. Se trataba de hecho de otra comprobación del peso creciente que los cineastas mexicanos están teniendo en la industria transnacional, con productos con los que no renuncian a un perfil y una identidad propias. Que El laberinto del fauno del propio del Toro haya competido por seis Oscar y ganado tres (pese a tratarse de una producción hispano-mexicana hablada en español) es todo un dato. González Iñárritu tuvo que conformarse también con algunos Oscar secundarios para Babel y perdió los importantes (película, director), pero su mera presencia entre los candidatos es una suerte de triunfo. Y si a Cuarón no le fue tan bien, Niños del hombre es para él, de todos modos un triunfo. A estar atentos al fenómeno.

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