El otrora galán de quijada esculpida es noticia por estos días. Hace poquito volvió a airear su condición de "liberal" -así le llaman en Estados Unidos a cualquiera que no vote o exprese apoyo a los republicanos- cuando criticó, una vez más, a George W. Bush por su manera de conducir la gestión estadounidense en Irak luego de la invasión estadounidense a ese país. El actor y director dijo que "Luego de todo lo acontecido desde el 11 de septiembre del 2001 a esta parte, creo que es hora de que George W. Bush y su gobierno nos pida una gran disculpa".
El mentor del festival de cine independiente de Sundance pronunció esas palabras justamente en el marco del festival, que se realiza año a año en la ciudad de Utah, la capital mormona de EE.UU. y donde Redford se instaló hace más de dos décadas para impulsar el Sundance.
Es probable que Redford quisiera desviar la atención de su persona a la del presidente, porque en un libro de reciente edición no queda muy bien parado.
Se trata de Sexo, drogas y Hollywood, de Peter Biskind, el mismo que defenestró a la generación de Spielberg, Lucas, Scorsese, Cimino y otros barbados directores en el libro Raging bulls, easy riders. En su nuevo libro, Biskind apunta sus dardos hacia el cine independiente, uno que tuvo su explosión en la década pasada, en gran parte gracias al empuje de Redford desde Utah y al de los hermanos Weinstein y su empresa Miramax en Nueva York.
Ahora que el modelo de cine independiente está cómodamente instalado en el sistema de financiación y distribución de Hollywood y que casi todas las empresas emblemáticas del movimiento fueron adquiridas por los grandes estudios, Biskind le da con un caño a Redford, los Weinstein y Tarantino, otro símbolo de ese cine.