El debate educativo que tanto desvela al gobierno e irrita a la oposición es no sólo necesario, sino a todas luces impostergable. Tanto que del mismo, estimo, deberíamos participar todos y cada uno de los uruguayos. Sin excepción alguna.
Es menester actuar ya. La crisis por la que atraviesa la educación en el Uruguay es terminal. Los síntomas están a la vista. No los ve solamente el que no los quiere ver.
Hay que ir a fondo. La falta de educación es una bandera de este gobierno que todos, sin exclusiones de ningún tipo, tenemos que levantar ya con decisión. No hay tiempo que perder.
¿Se imaginan el día que tengamos un ministro de Educación (y ex rector de la Universidad de la República) que, a diferencia del ingeniero Brovetto, diga "hubo" en lugar de "hubieron"? ¿Acaso los uruguayos no nos merecemos un ministro de Educación que hable correctamente nuestro idioma, aunque más no sea para con él denostar a la oposición desde una tribuna cuando se pone la gorra de presidente del Frente Amplio?
¿Se imaginan el día en que no tengamos en el gabinete a un ministro que le diga "nabos" a los periodistas, o que se refiera a la primera dama de un país vecino como "la patrona", o que pida públicamente que "no rompan los huevos" a quienes le preguntan por su futuro político?
¿Verdad que será más fácil educar a nuestros niños y jóvenes cuando "el ídolo" de las multitudes no sea un señor para quien no existen las eses ni la buena educación, como tampoco las corbatas y los peines?
¿Se imaginan el día que el canal del Estado sea utilizado para educar a distancia, no sólo a niños y jóvenes, sino incluso a adultos mayores, en lugar de servir como instrumento para difundir la Revolución Cubana o el régimen chavista, como sucede hoy en día? ¿Cuánto bien se puede hacer con un canal que llega a todo el país?
¿Se imaginan el día que TV Ciudad nos eduque respecto a cómo conducirnos en el tránsito, a cómo clasificar nuestros residuos, a cómo cuidar el medio ambiente de la ciudad en que vivimos y, por qué no, a cómo actuar de modo de no facilitar la tarea a los delincuentes que pululan por la ciudad en que vivimos?
¿Se imaginan el día en que el gobierno condicione la asistencia a los adultos carenciados a la prohibición de que éstos pongan a sus hijos a ejercer la mendicidad en la calle? ¿Cuánto podríamos avanzar desde el punto de vista educativo si a esos niños, que son los que menos tienen y tanto necesitan, los pusiéramos en la escuela y les diéramos no sólo alimento para paliar el hambre, sino también para desarrollar el intelecto y elevar su espíritu? ¿No estaríamos, en ese caso, asegurándoles un futuro mejor, lejos de los semáforos y de los peligros de la calle y la noche?
Falta poco. El gobierno está trabajando en la reforma educativa. Y seguro que algunas cosas que hoy nos duelen y agreden, van a empezar a cambiar. ¿O no?