POR PABLO PERA PIROTTO
Desde el año 2000 Graciela Rompani aplica a través de la asociación civil Ventura Grameen, el modelo de otorgamiento de microcréditos a personas de nivel socio económico bajo, creado por el actual Premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus.
Desde esa fecha ha entregado 180 de estos préstamos para impulsar emprendimientos, fundamentalmente llevados a cabo por mujeres que se convierten así en dueñas de sus propias microempresas. "Yo en este momento tengo un retorno del 100%, que es la envidia de la banca tradicional", dice con orgullo Rompani.
-¿Qué sintió cuando Yunus ganó el premio Nobel de la Paz?
-Sentí una gran emoción y orgullo. Ya lo habían nominado antes para el Nobel de Economía pero me gusta más que haya ganado el de la paz, porque yo creo que con pobreza no puede haber paz. El dio mucha alegría y esperanza a tanta gente que es un premio muy merecido. Yo lo conocí personalmente en el año 2001 en Argentina.
-¿Cómo se enteró de la existencia del modelo de microcréditos de Yunus?
-Yo me enteré de casualidad, un día que me iba de viaje en febrero del año 2000. Esa mañana, un amigo me dijo "Tenés que leer `Hacia un mundo sin pobreza`, mejor dicho, tenés que estudiarlo". Una hora después compré el último ejemplar que quedaba en una librería y me lo llevé. Cuando lo leí quedé realmente fascinada con el método y con los resultados.
-¿Fue en ese año que decidió implementarlo en nuestro país?
-Sí. Pocos meses después me capacité con gente que vino de Argentina, aunque, de todas formas, cada país es distinto; el sistema se debe adaptar, porque no es lo mismo la pobreza en Bangladesh, en Arkansas, donde lo impuso Clinton cuando era gobernador, que en el Uruguay. Tampoco nuestro país es el mismo ahora que antes del año 2002. De todas formas, Yunus dice que, con seguir exactamente lo que dice el libro, todo aquel que tenga cinco personas para otorgar un préstamo debidamente capacitadas eso ya constituye un "grameen", que significa aldea.
-¿En qué se basa el método?
-Se trata de grupos de cinco personas, en donde cada uno debe presentar un proyecto propio y distinto al resto. Deben ser productivos, viables y debe tratarse de algo de venta rápida, para que tenga un pronto retorno que se pueda reinvertir en su propia empresa. Esas personas reciben un préstamo de 3.000 pesos -cifra que está por aumentar- que deben gastar únicamente en mercadería para su negocio. Ese dinero lo deben devolver en cincuenta cuotas semanales con un pequeño interés.
-¿Por qué grupos de cinco?
-Esa es la cifra ideal a la que llegó Yunus después de haber probado con muchas otras. Entre todos se apoyan moralmente, se crea un clima de unidad y compañerismo, aunque cada proyecto es individual.
-¿Es sólo para mujeres?
-No, también hay hombres aunque son menos porque en general tienen otra mentalidad. Siempre les parece que con ese dinero no van a hacer nada, incluso sienten oprobio en ocasiones. Pero he tenido grupos de hombres que son muy cumplidores.
-¿Qué rubros son los más frecuentes?
-La vestimenta es lo más frecuente, tanto confeccionar como comprar y revender prendas. También se ven muchas rotiserías y los quioscos, que es algo entretenido y fácil de implementar; basta tener una mesa y ponerla contra una ventana abierta, como dice Yunus. Hay muchos emprendimientos que se pueden hacer mientras se está en la casa, cuidando a los hijos.
-¿Cuál es la respuesta que obtiene en quienes reciben el crédito?
-Es notable el cambio que se ve en la cara de las personas cuando reciben el crédito en relación a la que tenían en la primera entrevista. Es una forma de darles dignidad, ayudarlos a que se sientan artífices de su destino. Yo creo que la verdadera libertad es la económica.
El premio nobel
Muhammad Yunus, el llamado "banquero de los pobres" y su banco de microcréditos Grameen Bank fue galardonado con el último Premio Nobel de la Paz "por su lucha por una economía justa para las clases pobres".
Su labor se ha extendido a lo largo de treinta años a cien países y ha sacado de la pobreza a once millones de personas.
Su revolucionaria idea nacida en Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo, fue un éxito rotundo que ha prestado 5.700 millones de dólares (de los cuales más de 5.000 millones ya se pagaron) y que ha ayudado especialmente a las mujeres, el 86 por ciento de sus clientes.