Puntualizando

A raíz de que el nombre de Uruguay ha comenzado a sonar entre los países de la región para integrar el Consejo de Seguri-dad de la ONU como miem- bro no permanente -dado que Guatemala no alcanza los vo- tos necesarios para desplazar definitivamente a Venezuela- el inefable canciller Gargano ha intentado obtener rédito político de ello. Es así que, muy suel-to de cuerpo, afirmó que se tra-ta de "una respuesta categórica a aquellos que afirman en nuestro país que Uruguay no tie- ne rumbo ni política exterior".

Se equivoca el canciller: quienes miran a Uruguay no lo hacen pensando en su gestión -gris, dogmática e intrascendente- sino en base a un pasado y una tradición que otros hombres forjaron para convertir a nuestro país en un referente. El prestigio de Uruguay no es obra de Gargano -vaya fatuidad-, sino del equilibrio, la mesura y seriedad de muchos años, que permitieron construir una sólida imagen, que él, hasta ahora, no pudo destruir.

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