Envenenando conciencias

No hay urgencia mayor que la de alertar sobre lo que se está incubando en el ámbito de la educación. Toda insistencia o reiteración sobre el tema se justifica por la gravedad del peligro que se cierne sobre los trascendentes valores en juego.

El ruido aquí lo hacen los debates, los procesamientos, la seguridad, los desmanes de Kirchner, los excesos de los delincuentes entrerrianos, las volteretas del gobierno con los acuerdos de comercio internacional, las evidencias de lo que le espera a la gente con la reforma tributaria. Pero en donde la izquierda está trabajando en silencio y a fondo es en la conciencia de nuestros jóvenes. Bajo la apariencia de procedimientos de democracia directa como el de las asambleas populares, avanza lo que se ha dado en llamar el "debate educativo" que culminará en un pomposo "Congreso Nacional de Educación" en el que se aspira a fijar las bases de una reforma.

Nuestra sociedad ha perdido las referencias de lo que sucede en el campo de la educación pública. A pesar de la integración -en otras épocas- de personalidades de prestigio en los órganos superiores del sistema, se ha dejado el campo libre para que la izquierda haga y deshaga a su arbitrio en la vida real, en el acontecer del día a día de las escuelas, los liceos y la Universidad. El deterioro en calidad de la enseñanza pública es notorio, pero además de ello -de por sí alarmante- la izquierda, que siempre entendió a la enseñanza como un instrumento para llegar al poder, ahora pretende usarla para consolidarse. Encarada así como una cuestión de poder de quién es el que manda, es el peor de los caminos. Lo resaltó en su carta renuncia a la "Comisión Organizadora del Debate Educativo" ("CODE") el Profesor José Rilla, que inspiró el editorial del sábado.

A la renuncia del distinguido docente -militante del Partido Independiente- se le dio amplia publicidad y por esa razón algunos ciudadanos parecen empezar recién a tomar conciencia de lo que se proyecta hacer y a interesarse en el tema.

Nunca será tarde, pero hay que descontar el tiempo y el terreno perdidos.

Las bases de la discusión se adelantan en asambleas barriales de vecinos que no sólo no están debidamente informadas y preparadas para ingresar en un debate sobre la reforma sino que están manejadas por una minoría de sindicalistas de los gremios interesados que se llevan por la nariz a la gente. Es la clásica estrategia del marxismo leninismo. Se está proyectando que el Congreso con miras al cual se trabaja, excluya a los partidos políticos en la participación de la reforma, salvo en lo que atañe a la etapa parlamentaria posterior, porque como se ha dicho se les considera al margen de la sociedad como "representantes de la burguesía". Esta intención le recuerda al Profesor Rilla "los peores antecedentes de los peores momentos que terminaron en una dictadura".

Como era de esperar, el Presidente del Codicen, Luis Yarzábal, le quitó trascendencia a la decisión de Rilla. Sin embargo esta renuncia ha sido la primera y más fuerte voz de alerta que está poniendo en conocimiento de la ciudadanía la gravedad de lo que, si prospera, contaminará nuestra enseñanza por lo menos por el resto del siglo. Hablamos de la enseñanza en general, porque a la politización en la rama pública seguirá, inexorable, el envenenamiento de la conciencia de los estudiantes de institutos privados.

Hemos vivido sin mucha agitación la experiencia de Demasi, al cual se le ha criticado no por negarle el derecho al ejercicio de la libertad de cátedra sino porque no se enseña historia deformando con expresiones inapropiadas -no malinterpretándola, que es otra cosa- la realidad de los hechos ocurridos. Algunos se han tomado a la chacota -y da para cualquier cosa menos para reírse- la charla del diputado del MPP que practicó en una escuela la apología del asalto tupamaro al Club de Tiro de Nueva Helvecia y que debió merecer cuando menos una sanción a la docente que tuvo la ocurrencia de invitarlo.

Lo cierto es que quedarnos de brazos cruzados ahora, es comprometer seriamente el futuro de nuestros jóvenes. Ya regalamos demasiado espacio.

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