Tres personajes en una habitación de hotel, enfrentados a recuerdos, vivencias dolorosas y fantasmas propios y ajenos. Una peripecia concentrada en un escenario excluyente y desarrollada en tiempo real (algo menos de noventa minutos), cumpliendo los viejos principios aristotélicos de unidad de acción, tiempo y lugar, según una obra de teatro adaptada al cine por su propio autor, lo que permite sospechar una considerable fidelidad al original. La expresión "teatro filmado" surge inevitablemente, y sin embargo hay muy poco de teatral y en cambio mucho de cinematográfico en esta película de Richard Linklater.
El reencuentro de tres viejos amigos de la secundaria (Ethan Hawke, Robert Sean Leonard, Uma Thurman) pretexta un mecanismo de ocultamientos y revelaciones mutuas. El tiempo no ha pasado en vano: Hawke es ahora un traficante de drogas que hace horas extra como bombero voluntario, Leonard un cineasta independiente que ha llegado a la ciudad a presentar su nuevo film, Thurman trabaja para la fiscalía. Pronto se sabe que los dos hombres amaron a esa mujer, y que algo ocurrió en el medio que los separó para siempre. La discusión que se plantea a partir de ahí no es tanto lo que ocurrió hace diez años (una posible violación), sino la percepción que los tres personajes tienen de ese hecho del pasado. Es algo así como si los personajes de Rashomon se reunieran a discutir aquel drama en el bosque, sin que Kurosawa mostrara en "flashback" las diversas versiones de lo ocurrido.
El tema es, entonces, la memoria, la diversidad de los puntos de vista, y las complejas razones por las cuales la gente actúa como actúa. Hawke es básicamente un pobre diablo que pretende mejorar su autoestima mediante lo que presenta como un acto de justicia, pero en el que hay también un componente de celos y venganza. Leonard es el artista e intelectual que declama con cierta solemnidad, se mete en la vida de los demás e imparte lecciones de moral, aunque varias de sus seguridades se derrumban cuando se lo enfrenta a ciertos acontecimientos. Y cuando Thurman irrumpe y dice lo suyo, quedan súbitamente en el aire varias nociones de culpabilidad e inocencia, de verdad y mentira. La vida no es en blanco y negro.
La proeza del director Linklater y su pequeño equipo es la de lograr con recursos mínimos un drama tenso, con personajes tridimensionales y motivaciones complejas. Los estudiantes de cine deberían prestar atención a este film rodado en seis días, en un único decorado, con un presupuesto de cien mil dólares y un empleo de la cámara digital que permite una agilidad y al mismo tiempo una intimidad y un acercamiento a los personajes realmente envidiables.
La inteligente esgrima verbal del diálogo y un elenco superior (Hawke y Leonard tienen las mayores oportunidades de lucimiento y más cámara, pero Thurman también está muy bien) son dos de las nítidas virtudes del film. Por sobre ellas hay otra mayor: el grado de libertad creativa que Linklater, ese individuo instalado en las fronteras de la industria (dentro de ella puede hacer La pandilla Newton o Escuela de rock, afuera Antes del amanecer o la espléndida Antes del atardecer) se permite, especialmente cuando no lo traban las limitaciones del gran presupuesto. Hasta la renuncia a la música, que no enfatiza lo que ocurre (solo está Brenda Lee cantando Only You en los créditos finales) forma parte de ese ejercicio de libertad.
CRITICA/GUILLERMO ZAPIOLA
TAPE
Director. Richard Linklater.
Libreto. Stephen Belber.
Fotografía. Maryse Alberti.
Montaje. Sandra Adair.
Productores. Alexis Alexanian, Anne Walker-McBay, Gary Winnick.
Elenco. Ethan Hawke, Uma Thurman, Robert Sean Leonard.
Estados Unidos 2001.