Falleció Oriana Fallaci, una periodista de primer nivel

| Corresponsal de guerra, gran entrevistadora, novelista, vivió hasta el límite la historia de hoy

2006-09-16 00:00:00 200x148

GUILLERMO ZAPIOLA

Se fue una mujer formidable. El pasado jueves murió en un hospital de Florencia, a los 77 años, la periodista y novelista italiana Oriana Fallaci, vencida finalmente por el cáncer contra el cual luchara durante largo tiempo. En los últimos años, Fallaci había sido cuestionada (y denigrada) por sus posturas antiislámicas, pero sería una injusticia quedarse solamente con ese aspecto de figura pública.

No fue solamente una periodista excepcional (el volumen Entrevista con la historia, que reúne algunos de sus mejores reportajes, debería estar en todas las bibliotecas), sino también una mujer de un coraje y una independencia de criterio ejemplares. Trabajando como enviada especial del periódico italiano Corriere della Sera fue corresponsal de guerra en Vietnam, estuvo luego en el Medio Oriente, entrevistó a los grandes de este mundo y supo que había que desconfiar de ellos.

TRAYECTORIA. Quienes la han motejado de "fascista islamófoba" tal vez ignoren que fue una resistente antifascista a los dieciséis años, que atravesaba las líneas alemanas para llevar municiones a los partisanos. Quienes aplaudieron sus críticas a los estadounidenses en Vietnam le retiraron su apoyo cuando descubrieron que también criticaba al otro bando. Nunca "se casó" con el poder, y por eso odió a (o se hizo odiar por) muchos de sus entrevistados, desde Henry Kissinger a Yasser Arafat, desde Mohammed Alí al vietnamita general Giap. Este último, luego de irse de boca ante ella pretendió que publicara una entrevista adulterada que decía lo que no había dicho. Oriana lo hizo, pero también dio a conocer la versión original.

Ese incidente fue apenas uno de los muchos que salpicaron una existencia agitada. Para poder entrevistar al Ayatollah Ruollah Khomeini, que como virtuoso musulmán no podía recibir a una mujer soltera que viajaba acompañaba por un hombre (su intérprete iraní) se casó con éste, que ya tenía esposa ("española y celosa"), en una ceremonia musulmana. El "matrimonio" duró tanto como el reportaje, claro.

FICCIONES. Su trabajo periodístico la condujo insensiblemente hacia la literatura: su experiencia en Beirut produjo Inshallah; su relación sentimental con el militante griego Alekos Panagulis, que se convirtió en su pareja y fue asesinado por esbirros de la dictadura de los coroneles, fue novelizada en Un hombre. Otros libros suyos (Penélope en la guerra, Carta a un niño que no llegó a nacer), se nutrieron también de sus vivencias personales.

Sus tres últimos libros (La rabia y el orgullo, La fuerza de la razón y El Apocalipsis: Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci) insistieron acerca de lo que percibía como el peligro de la "islamización de Europa. Debió enfrentar un proceso por "injurias al Islam", y mucha crítica "políticamente correcta", aunque también encontró el apoyo y la comprensión de gente inteligente (desde Giovanni Sartori a Cristina Peri Rossi). Se la va a extrañar: era un placer leerla, aunque sólo fuera para pelearse con ella.

"Occidente se odia a sí mismo: Europa ya es Eurabia"

En una de las últimas entrevistas que dio, en mayo pasado, Oriana Fallaci declaró a The Wall Street Journal que "Europa no es ya Europa, es Eurabia, una colonia del Islam donde la invasión islámica no viene sólo en un sentido físico, sino también mental y cultural". Duele, afirmó, "que el servilismo con los invasores ha envenenado la democracia, con consecuencias obvias para la libertad de pensamiento y para el mismo concepto de libertad". La periodista, cuya vida ya estaba amenazada por una larga enfermedad, tuvo, en consecuencia, serios problemas con el Islam.

Fallaci sostuvo que el mal de Europa es generalizado: "Occidente revela un odio por sí mismo que es extraño y sólo puede ser considerado patológico; ya no siente amor por sí mismo: sólo ve lo que es deplorable y destructivo, mientras que no ve lo que es grande y puro".

La falta de líderes era, según ella, una de las causas de esa situación. "Hemos dejado de tener líderes a finales del siglo XX", y aunque alaba a Juan Pablo II y lo califica de "guerrero", nunca le perdonó "su debilidad hacia el mundo islámico. ¿Por qué ha sido tan débil?".

lo que ella dijo sobre ellos

ARAFAT. "La entrevista duró noventa minutos, gran parte de los cuales se perdieron traduciendo las respuestas que él daba en árabe. Lo quiso él, para meditar cada palabra, supongo. Y cada uno de los noventa minutos me dejó insatisfecha".

KISSINGER. "Su nombre bastaba para ponerme nerviosa. Lo detestaba hasta el punto de no llegar siguiera a darme cuenta de que el pobrecillo no había tenido otra elección que echarme la culpa a mí. Y por supuesto, sería inexacto decir que en aquel período le deseé cualquier éxito o felicidad".

MOHAMMED ALI. "Me explico: desde un punto de vista humano no encontré nada de respetable en aquel hombre de veinticuatro años, bocazas e ignorante, que lo único que sabía hacer bien era dar puñetazos y punto".

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