¿El último asalto?

Enrique Beltran

Bien ha hecho el Directorio del Partido Nacional al colocar la lucha por la calidad de la educación en el centro primordial de su atención y de sus inquietudes. Tanto más, cuando desde las alturas parecen enfilarse sus baterías, con el propósito de rebajar el tema para convertirlo en una herramienta del partido, y si cabe, de la concepción totalitaria que sigue nutriendo a buena parte de sus filas. De acuerdo a la información recogida en nuestras páginas, tres hechos, cada cual más inquietante, fueron señalados en el seno de la autoridad partidaria como otros tantos jalones hacia aquel objetivo:

a) La versión flechada del reciente pasado, que en cierto sentido ha sido elocuentemente anticipada por las declaraciones, conferencias y clases del profesor Carlos Demasi.

b) El debate educativo impulsado por el Ministro de Educación y Cultura Jorge Brovetto, previo a la que sería una nueva ley de la Educación. El titular de la cartera es el mismo que durante ocho años desempeñó el Rectorado de la Universidad de la República. Si algo caracterizó su opaca gestión, fue su oposición a cualquier transformación importante de esa Casa de Estudio y más aun, al debate público sobre ello. Por eso recibió, casi con iracundia, el famoso documento de los cuatro decanos, que ya en sus primeros párrafos, hace casi una década, decían: "Nuestra opinión es que el sistema de educación superior ha quedado fuertemente retrasado con respecto a las necesidades de nuestra sociedad y a los requisitos de modernización de la época".

Un observador distraído podría creer que este ambiente de multitudinaria discusión en torno a la futura ley de Educación contrasta en su amplitud, con aquel que el Rector Brovetto pretendía que no saliera de los ámbitos universitarios. Expresaba su fastidio a aquellos universitarios que lo llevaban al terreno de la opinión pública. Sin embargo, ya se verá que no hay tal contraste.

c) El Debate Educativo se anuncia como una vaga, confusa, heterogénea, consulta popular a través de una variedad de temas que es imposible de abordar en estado de asamblea. Es así que más allá del anuncio y de su promoción, se va perfilando todo ello como un decorado engañoso y manipulado. Lentamente asoma el objetivo: procurar que sea la sindicalización politizada, donde además está bien asegurado el dominio del partido, quien elabore la ley de la educación. Los poderes institucionales, entre ellos el Parlamento, serían así simples refrendadores de lo que se ha cocinado fuera de sus recintos. Para lo cual se requiere ir montando un escenario que finja la presencia de una voluntad popular que dé un barniz de legitimidad, para ver de desplazar o embretar a la única que lo es, por tener su fuente en la Constitución.

Pablo da Silveira, en uno de sus últimos artículos aparecidos en nuestras columna, con su autoridad y su claridad de estilo, señala la farsa del decorado: "sonaba extraño que se intentara recoger la gran diversidad de opiniones educativas mediante la pirámide de asambleas territoriales: o bien esas asambleas van a recoger una cantidad de puntos de vista sencillamente inmanejables, o bien van a crear una falsa homogeneidad al estilo soviético. Solo que ahora sabemos que no es un acto de romanticismo. El propósito del Debate no es el debate en sí, sino la realización del Congreso en octubre. Que la Comisión Organizadora definió este congreso como "representativo y resolutivo". Lo que al principio parecía una invitación a un intercambio de ideas empieza a parecerse a una estrategia de las corporaciones de la enseñanza para maniatar a los legisladores, y ellos son los auténticos representantes de la ciudadanía".

Si; bien ha hecho el Partido Nacional de comprometerse a fondo en esta lucha. Adueñarse de la enseñanza es un largo empeño de esta izquierda, empeño siempre en avance. Es incompatible con la constitución, con la calidad de la enseñanza, con la libertad. De las embestidas contra el Estado de Derecho, es la más peligrosa. Lo hiere en su esencia y hace duradero el robo de su futuro. El nacionalismo así lo ha comprendido y lo hará comprender a todo el país.

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