Viernes | 04.08.2006
Montevideo, Uruguay | 05:14
  - Editorial
Derecho, valores y pobrezas

LEONARDO GUZMAN

Ayer 3 de agosto, se cumplió medio siglo del Decreto que, regulando el valor del dólar y los recargos para importar, reconoció la caída de reservas en la posguerra de Corea y la debilidad del peso otrora orgulloso.

Lo redactó el Ministro Ledo Arroyo Torres -escribano, ex actuario, legislador-, de noble memoria, que atendía personalmente el teléfono sin las ínfulas internacionales que iban a travestir el Ministerio de Hacienda en pomposo Ministerio de Economía y Finanzas y a montar en su torno una costosa turistocracia.

El Decreto fue homenaje a la verdad, pero zurcido insuficiente. Preludió la derrota batllista de 1958 y, por contraposición, aparejó la Reforma Cambiaria y Monetaria de 1959. Allí el Ministro Juan Eduardo Azzini -¡el mismo que felizmente sigue en estas columnas!-, como economista generó un dólar veraz y buscó una economía sin dirigismo, y como humanista procuró para el hombre un proyecto de vida luchador, productivo y autoafirmativo.

Sosteniendo esos bamboleos -ricos en polémicas- regía el sólido andamiaje institucional que Aréchaga impartía desde su meditación propia sobre Lasalle, Jellinek y Léon Duguit: de los derechos individuales a la propiedad y de la propiedad a la función social de la riqueza. Sin guerra de clases, con la persona fuerte y compartiente, la Constitución por guía, la idea purificada sintetizándose en ley. Después vinieron las desviaciones.

No realizamos el ideal de hombre firme, creador de riqueza y sembrador de buena fe. Al revés. Como si el 4 de agosto de 1789 -hace hoy 217 años- Francia no las hubiese abolido para el mundo entero, seguimos hasta hoy arrastrando la "pertenencia" a corporaciones gremiales y trasnacionales: eso sí, con la persona -lucha de sentimientos, ideas y valores- a media máquina.

Le quitamos alma, imperio, lógica y contexto a la norma, dejándola desleír en la vaguedad de "el sistema". Le rendimos culto a la exhibición pública -hasta impúdica- de los conflictos por intereses, mientras callamos la exigencia valorativa y sintetizadora del Derecho, lo mismo en Familia que en Derecho de la empresa.

Con persona con poco proyecto y norma sin vector inspirador, ¿qué tanto bueno podíamos esperar? A la salida de la dictadura -respuesta contraria a Derecho a una guerrilla contraria a Derecho- pudimos y debimos entrar en tiempos de siembra de ideas, de filosofía pública, de prédica. No creyeron en eso los dirigentes: en vez de la disputa en la plaza pública, prefirieron campañas mediáticas por encargo. Gracias a lo cual ningún gobierno -este, elegido sin balotaje, tampoco- cuenta con el ánimo público que le hace falta.

El resultado no es sólo político: es económico.

Calloia confirmó lo que Mujica confirmó de lo que El País confirmó hace meses: por falta de suficientes iniciativas en el Uruguay ¡el BROU y la banca privada le están prestando nuestros ahorros al gobierno de Bush! La cuestión nacional no es entonces cómo conseguir que Chaves ponga más empresas ni cómo explicar la adhesión a un Fidel Castro que para operarse se desviste de unos cargos, un poder y unas décadas cuya acumulación repugna.

La cuestión es cómo ser nosotros mismos, con los valores del Derecho inspirando nuestra lucha moral y material por la vida, en vez de seguirle prestando a gatas un "marco normativo" para que el corporativismo siga matando al hombre: de frío en las calles o de miseria al tiempo de soñar y sembrar.

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