BEIRUT | EFE
La resistencia de la milicia islámica libanesa de Hezbollah, que ayer mató a seis soldados israelíes, parece desconcertar al Ejército de Israel.
Los oficiales que al comenzar las operaciones calculaban que la campaña para desmantelar la infraestructura de los milicianos del Partido de Dios llevaría "unos días, hasta finales de esta semana o principios de la próxima", hablan ahora de "unas semanas".
Los guerrilleros, en contra de las conjeturas de los primeros días de combate, no muestran señales de fatiga ni debilidad. El miércoles, por ejemplo, dispararon contra Israel 140 cohetes Katyusha.
El comandante de las Fuerzas Armadas israelíes, general Dan Halutz, ex jefe de la Fuerza Aérea, declaró que los guerrilleros libaneses, que desencadenaron la crisis tras el secuestro de dos soldados en Israel, quieren "una prolongada guerra de desgaste".
Según fuentes militares citadas por el diario Haaretz, la aviación y la artillería israelíes, han destruido un tercio de 600 casamatas, y depósitos de armas y misiles de los milicianos.
El jefe del cuerpo militar destinado a la Defensa Civil, general Isaac Guershon, dijo hoy que la ofensiva para alejar a Hezbollah de la frontera internacional -trazada por la ONU tras la retirada militar israelí del Líbano en mayo de 2000-, e impedir que puedan atacar el norte de Israel, llevará "semanas, meses... o terminará en un día".
Según el viceprimer ministro israelí, Shimon Peres, la milicia libanesa, "que sirve los intereses de Irán, no los del Líbano", cuen- ta con 7.000 efectivos. Según fuentes iraníes citadas por la prensa árabe en Londres, son adiestrados por 200 instructores de ese país.
La aviación y la artillería han bombardeado sin cesar día y noche objetivos de Hezbollah y otros de la infraestructura civil libanesa, como aeródromos, puentes, carreteras y depósitos de combustibles con el argumento de que sirven o facilitan la lucha a los milicianos, que de momento siguen devolviendo el guante.
A principios de la semana próxima llegará a la zona la secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, cuyo Gobierno ha exhortado a Israel a abstenerse de atacar nuevos objetivos civiles en la destrozada infraestructura libanesa.
La firmeza con que sigue actuando Hezbollah a pesar de los bombardeos graneados de las Fuerzas Armadas israelíes demuestra, según analistas locales, que los milicianos aprovecharon los seis años transcurridos desde la retirada israelí del Líbano para armarse y entrenarse.
Otras de las conclusiones después de ocho días de ataques aéreos, principalmente para evitar víctimas entre la infantería israelí si invadiera el Líbano, es que no fueron suficientes, y que el gobierno del primer ministro Ehud Olmert, que goza del respaldo casi total de la población para terminar la ofensiva contra Hezbollah, tendrá que considerar finalmente si la "lleva a tierra".
Desde ayer, confirmó un jefe del comando militar del norte, coronel Alón Fridman, están operando "pequeñas unidades" en el sur del Líbano, en una franja pegada a la frontera.
Además, Israel movilizó esta semana al menos a tres batallones de reservistas.
Al comenzar las operaciones tras el secuestro de dos soldados en territorio del norte de Israel por comandos de Hezbollah, hace nueve días, la aviación atacó posiciones y bases de los milicianos islámicos en el centro del Líbano, y en el barrio de Dahia, al sur de Beirut, donde se supone que se oculta su líder, Hasan Nasrallah.
Fuentes de la Fuerza Aérea informaron del lanzamiento ayer de madrugada de 23 toneladas de bombas contra el supuesto refugio subterráneo de Nasrallah en el campo de refugiados palestinos de Burch el Barachne, al sur de Beirut, y que los pilotos lograron "impactos certeros", pero Al Manar, la televisión de Hezbollah, dice que "bombardearon una mezquita".
Nasrallah, el carismático líder, desde hace catorce años secretario general de Hezbollah, lleva cuatro días sin aparecer o hablar en público y, de momento, se ignora el resultado del masivo bombardeo contra su búnker.