MATIAS CASTRO
Pablo Echarri parece haber sido seducido por una suerte de revisión del pasado reciente. Interpretó a Huguito, un militar torturador en la película Crónica de una fuga, de Adrián Caetano. Y por otro lado su papel protagónico en Montecristo, la segunda telenovela más exitosa en Argentina después de Sos mi vida, sufre las consecuencias de hechos ocurridos en la dictadura.
En la telenovela de Telefé, que acá viene emitiendo Canal 4, interpreta a Santiago, el hijo de un reconocido juez. En los primeros episodios se entera que su padre descubrió que un conocido suyo es culpable de un delito cometido durante la dictadura. Y por ello Santiago termina acusado de un crimen y es enviado a una cárcel en Marruecos.
"En nuestra sociedad, donde faltan 30 mil personas, la justicia y la identidad son centrales. Por primera vez aparece en una telenovela la relación entre un torturador y su esposa", comentó a Clarín, aludiendo a los desaparecidos de la dictadura y a su agrado porque esto se esté dando en un medio repleto de banalidades.
A partir de ese arranque la historia se diversifica y evoluciona. En la cárcel conoce a Ulises, un veterano traficante de arte y prisionero desde hace muchos años, que lo ayuda a recuperarse y a descubrir el complot que lo llevó hasta allí. La venganza pasa a ser entonces el motivo central para Santiago.
Su personaje no es precisamente el bueno de la historia, aunque el mismo actor eligió definirlo en la misma entrevista como ni bueno ni malo. "Lo contradice el discurso social que insta permanentemente al olvido y al perdón. Es imposible olvidar y perdonar ciertas cosas. Pero no necesitamos ningún justiciero, ni siquiera el Conde de Montecristo", reflexionaba con dureza.
La serie está concebida para alcanzar un público muy amplio, y parece pensada especialmente para adquirir un aura de seriedad y compromiso al haber incluido el tema de la recuperación de hijos de desaparecidos durante la dictadura.
repercusiones. En Argentina, según Ibope, la serie ha llevado un promedio de 26 puntos de rating, es decir poco más de 2 millones 600 mil espectadores. Sos mi vida se ha mantenido primero con unos 30 puntos. Una de las características de Montecristo ha sido la de que el grueso de su audiencia es masculino, cosa extraña para un producto televisivo protagonizado por un galán.
En la base de la historia está la novela de Alejandro Dumas, que durante una primera etapa se adaptó en tiempo y espacio con bastante fidelidad, dicen sus seguidores. Este origen literario, combinado con el reparto, también contribuyó a generar una fuerte expectativa y una imagen seria para lo que se iba a ofrecer. Igualmente no se han visto repercusiones específicas en cuanto a los aspectos literarios y políticos de la historia, como si la propia trama de ficción y los propios protagonistas hubieran logrado pasar por encima de todo.
La novela ha llegado lejos y ya se anuncia una versión chilena en la que Gonzalo Valenzuela, el galán de El tiempo no para, hará el papel de Echarri. Un galán por otro, aunque el argentino dice que está huyendo de su fama y condición de sex symbol, que durante varios años disfrutó, cosa que Valenzuela no dice todavía.
En Argentina su competencia directa por el horario es Sos mi vida. Aunque el que le disputa verdaderamente el rating es Showmatch, y sobre todo el segmento Bailando por un sueño, que es el más atractivo del programa y que volvió el lunes pasado cuando Tinelli regresó de Alemania ante la eliminación de su selección. De acuerdo a lo que informaba el portal Infobae, los ratings de ambos estuvieron bastante parejos y superaron los 25 puntos, es decir por más de 2.5 millones de espectadores.
Y con independencia de estas repercusiones o de la imagen que pueda generar la difusión de las peleas entre Paola Krum y el director de la serie Miguel Colon, el eje para muchos de los protagonistas siguen siendo los aspectos más serios.
Oscar Ferreiro, que interpreta a uno de los villanos contó en una entrevista con el diario argentino El Litoral, que el programa "demuestra que plantearle opciones a lo superficial también es negocio. La repercusión de Montecristo confirma que era necesario salir a hacer televisión en serio, que si queríamos hacer un melodrama, hiciéramos esto en lugar de poner gente gritando". Echarri remataba en la entrevista con Clarín que "Cuando la ficción es fuerte no hay con qué darle. Ni el fútbol ni el Mundial son rivales para una buena historia".
Lucha televisiva por el rating
Al igual que en Argentina, Montecristo compite directamente en Uruguay con Showmatch. Pero las diferencias de rating han sido notorias, ya que en la vecina orilla están parejos y en Uruguay hay una clara diferencia.
De acuerdo a datos proporcionados por la empresa Mediciones y Mercado, la primera vez que ambos programas coincidieron, Tinelli se llevó 15.8 puntos de rating mientras que Montecristo tuvo 7.4. De ahí en adelante el programa de variedades bajó su rating promedio aunque siempre estuvo por encima, mientras que la ficción se mantuvo e incluso se apoyó en los seis puntos.
El miércoles pasado, cuando volvió Bailando por un sueño, Tinelli llegó a 12.9 puntos.