Mucho más que un acuerdo comercial

| Cambio de máscaras: en corsódromo Kirchner mezcló sin pudor el conflicto con sus aspiraciones políticas internas

Análisis político de Alfonso Lessa

Las escenas del presidente Tabaré Vázquez junto al mandatario norteamericano, George Bush en la Casa Blanca, resultaron históricas en por lo menos dos planos: marcaron un quiebre en el discurso tradicional de la izquierda en relación a los Estados Unidos; y establecieron con claridad una importante autonomía frente al Mercosur.

La semana estuvo cargada de gestos y mensajes cruzados a diverso nivel y en múltiples escenarios: Washington, Puerto Iguazú y Gualeguaychú estuvieron mucho más cerca de lo que indican las distancias geográficas. En la capital norteamericana, el gobierno de Vázquez recibió toda clase de señales de un apoyo impensado tiempo atrás de parte de los Estados Unidos; en la triple frontera, paradójicamente, tres presidentes de izquierda trataron de disimular el malestar que les generó el hecho de que otro mandatario -Evo Morales- concretara una reivindicación histórica de la propia izquierda como es la nacionalización de los hidrocarburos; y el "Corsódromo" de Gualeguaychú -natural escenario del carnaval- cambió de máscaras, para concretar un acto político disimulado bajo el pretexto de las reivindicaciones medioambientales; cargado, dicho sea de paso, de una retórica entre prepotente y paternalista. En La Haya, en tanto, el gobierno de Kirchner presentaba la demanda con la que amenazó tantas veces.

EN ESTADOS UNIDOS. Seguramente Vázquez trajo de Estados Unidos lo que fue a buscar; y quizás más. El inédito tratamiento que recibió significó un apoyo muy fuerte, justo cuando el Mercosur atraviesa el peor momento desde su creación. Los símbolos abundaron y no sólo por la reunión con Bush. Las demostraciones de afecto y los elogios de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice -la señorita Arroz como se la presentó Bush al igual que había hecho con Batlle años atrás- constituyeron señales contundentes. Parece claro que Washington aprovechó la ocasión para separar aguas y marcar diferencias, entre gobiernos como el de Vázquez y otros del estilo Chávez.

Para Uruguay también fue la oportunidad de enviar señales: parados en el Mercosur pero abiertos a todo el mundo, definió Vázquez cuando se le preguntó sobre la estrategia uruguaya. Uruguay ha ido acotando en los últimos años la histórica dependencia de sus vecinos y con este gesto advirtió que puede seguir profundizando este proceso. La visita tenía un objetivo económico-comercial, como es el de aumentar el intercambio entre los dos países. Pero fue mucho más que eso. En cuanto al comercio, es evidente que el Presidente deberá dar no pocas explicaciones al menos a algunos de los miembros de su coalición de gobierno. Muy poco tiempo atrás afirmaba enfáticamente -ante los aplausos de Chávez- que no estaba en agenda un nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos. Hoy muestra un cambio muy fuerte, asegura que se explorarán todas las vías y no descarta incluso un Tratado de Libre Comercio. ¿Qué pasó entre medio? No está claro. Quizás si no hubiera existido una profundización tan dramática del conflicto con Argentina frente a la impasibilidad o complicidad del Mercosur, no hubiera existido este cambio. Pero también es cierto que Danilo Astori planteó este tema en el verano, tal vez adelantando una discusión que, en parte, ya se decantó. Probablemente ya supiera de lo que estaba hablando.

EL ENOJO K. No fueron pocos los que vieron en la propia Argentina, una intención político-electoralista en el acto de Gualeguaychú, adelantando la intención reeleccionista del señor K. Lo cierto es que, por las dudas, el propio K refirió directamente a esos temas internos en este acto en el que se mezclaron sin mucho pudor el conflicto con Uruguay con la política interna argentina. Nadie quedó demasiado conforme con un discurso en el que la preocupación ambiental fue sólo un enunciado genérico sin ningún tipo de anuncios concretos: en Gualeguaychú, según medios argentinos, hubo decepción; Greenpeace lo calificó como un "papelón"; y en sectores de la oposición se lo percibió como un claro acto electoral.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar