Energía y seguridad

Nuestra civilización depende del acceso a fuentes de energía seguras, económicas y amigables para el medio ambiente. Ello es especialmente cierto en el caso de nuestro país, que no dispone de yacimientos de hidrocarburos o de carbón y cuya capacidad de generación hidroeléctrica habría alcanzado su máximo.

Hoy, el segundo mayor consumidor de ese mineral es China. Los Estados Unidos (296 millones de habitantes) consume en torno de los 20-21 millones de barriles de petróleo por día. China (población 1.304 millones de habitantes) consume 6,5 millones de barriles diarios. A medida que este último país avanza en su proceso de rápido desarrollo económico, aumentará la demanda china por hidrocarburos. Para dar un ejemplo, los Estados Unidos tienen alrededor de quinientos autos por cada mil habitantes (la Unión Europea tiene 469 autos por cada mil habitantes). En el año 1990 China tenía, en promedio, un auto cada mil habitantes, en la actualidad el promedio es de más de tres vehículos. Algo similar sucede con otros países asiáticos como la India, Indonesia y Filipinas. En todos estos casos, el aumento de la población sumado al desarrollo económico se traducirá en un significativo aumento de su demanda por energía, incluyendo la obtenida a partir de la combustión de los derivados del petróleo.

En cambio, la oferta de "oro negro" es limitada. En el corto plazo, por el desarrollo tecnológico en la exploración y explotación de los yacimientos existentes. En el largo plazo, por la capacidad de las reservas disponibles y de las posibles. Ya se ha extraído una proporción importante de las reservas conocidas. Ahora el gran debate es cuánto se puede sacar de lo que queda. Cualquiera sea la posición que se adopte, la pesimista (restan unos 850.000 millones de barriles) o la optimista (todavía quedan unos siete billones de barriles), es indudable que el costo de producción seguramente habrá de aumentar en el largo plazo.

A todo esto sería necesario agregarle el riesgo político. El Medio Oriente ha recibido la bendición y la maldición de contar con el 65 % de las reservas mundiales de petróleo.

En nuestra región se ha propuesto construir un gran gasoducto continental para transportar gas natural desde Puerto Ordaz, en Venezuela, hasta Buenos Aires, y que abastecería Montevideo. Su longitud sería de alrededor de 9.000 kilómetros y atravesaría regiones especialmente difíciles. ¿Cuánto costaría la construcción y mantenimiento del sistema? Se habla de una inversión que supera los 15.000 millones de dólares. Además, el gas natural es un recurso no renovable. Este tipo de propuestas funambulescas debe ser considerado con un sano escepticismo. Como señaló La Nación de Buenos Aires en una nota sobre el tema, "convendría ser cautos con los planes chavistas. De cualquier forma, la idea tiene la debilidad esencial de atarnos a una sola fuente de suministro".

Y esa es una diferencia fundamental con lo que sucede con el petróleo. A pesar de todos sus problemas, existen muchos productores de petróleo (en la mayoría de los casos empresas estatales), lo que le daría una cierta seguridad a un país con un mercado pequeño, como el uruguayo. Si se desea utilizar gas natural, existen métodos para transportarlo por vía marítima. Una opción que nos dejaría la opción de recurrir a los mercados mundiales. En lugar de depender de un solo proveedor.

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