BAGDAD | AP y ANSA
Líderes religiosos convocaron a chiitas y a sunitas para orar conjuntamente en las plegarias de ayer, en momentos en que se cumplía un toque de queda diurno destinado a frenar una ola de violencia sectaria que mató a casi 130 personas desde la destrucción de un venerado santuario chií.
Policías y soldados rodearon los principales caminos de acceso a las dos principales mezquitas sunís en Bagdad, mientras esta ciudad de casi siete millones de habitantes estaba prácticamente vacía. Circulaban muy pocas personas o vehículos por las calles.
El gobierno iraquí ordenó continuar el toque de queda diurno en Bagdad y tres provincias aledañas. El toque de queda que rige desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde seguirá vigente en Bagdad y en las provincias de Diyala, Saladín y Babil, informó la televisora estatal.
Un comunicado del primer ministro Ibrahim al-Jaafari dice que la decisión se tomó debido a las "circunstancias extraordinarias por las cuales atraviesa nuestro querido país".
Por otra parte, guerrilleros dispararon dos proyectiles contra una venerada tumba chiita al sur de Bagdad, pero sin lastimar a nadie ni dañar al santuario, informaron los militares iraquíes y estadounidenses.
Los cohetes fueron dirigidos contra la tumba de Salman Pak, un persa que se convirtió al Islam en el siglo VII y que fue barbero del profeta Mahoma.
Irak está a punto de una guerra civil, y la estrategia estadounidense en Irak enfrentaba su prueba más grave desde la invasión de marzo de 2003.
Pese al toque de queda, una gran multitud asistió a las plegarias en la mezquita Abu Hanifa de Bagdad, el sitio más importante de los sunitas. Allí, el imán Ahmed Hasan al-Taha denunció el ataque contra el santuario chiita de Askariya, en Samarra, como una conspiración destinada a arrastrar a los iraquíes a una lucha entre facciones religiosas.
Residentes en Samarra recibieron órdenes de mantenerse en sus hogares "hasta nueva orden". Muchos proyectaban asistir a un servicio religioso conjunto entre sunitas y chiitas en el destruido santuario de Askariya, cuya famosa cúpula dorada quedó reducida a escombros.
En Basora, un bastión chií, más de 10.000 personas convergieron en la mezquita al-Adila, donde un representante del principal clérigo chiita de Irak, el gran ayatolá Alí al-Sistani, convocó a otro servicio religioso conjunto con los sunitas.
Las extraordinarias medidas atenuaron pero no eliminaron del todo la violencia.
La posibilidad de que se desate una guerra civil es una de las perspectivas más desastrosas tanto para Londres como para Washington, cuya estrategia en Irak sigue siendo cada vez más cuestionada.
Actualmente los aliados se enfrentan a la crisis más peligrosa desde la invasión de Irak. Sin haber conseguido asegurar la estabilidad del país, tampoco lograron el establecimiento de un gobierno representativo (de la mayoría chiita y de la minoría sunita), que representa para Irak su única esperanza de paz, juzgó el diario británico Daily Mail.
En este contexto se sitúa el llamamiento realizado por el embajador de Estados Unidos en Bagdad, Zalmay Jalilzad, para que los sunitas participen en el gobierno de unidad nacional que se intenta formar tras la victoria chiítas en las elecciones legislativas de diciembre de 2005.
Jalilzad consideró que hay buenas posibilidades para formar un nuevo ejecutivo porque no hay otras alternativas.
"Ninguna comunidad está interesada en provocar una guerra civil, si se miran las cosas objetivamente, ya que ahora disponen de un mecanismo que les permite resolver sus dificultades por medio de la política", había señalado anteriormente el canciller británico, Jack Straw.
Por su parte, el jefe del mando central estadounidense, el general John Abizaid, también dudó que Irak vaya a caer en la guerra civil a menos que los principales líderes no la preconicen, algo que yo no noté hasta ahora.
Y es que Abizaid resumió la realidad que se vive en la mayoría de los hogares civiles iraquíes: "que hay más gente que quiere mantener la unidad del país que los que desean su destrucción"
Encuentran13 muertos
A pesar del día de oración y el toque de queda, la violencia no paró. Los cadáveres de 13 personas no identificadas, con las manos atadas y acribillados a tiros, fueron descubiertos por la mañana en varios barrios de Bagdad, informó una fuente del ministerio del Interior. En Basora, a 550 km al sur de Bagdad, un coche bomba estacionado cerca de la mezquita de Al Abella explotó, causando dos heridos, según la policía. Allí fueron secuestrados tres hijos de un diputado chiíta.