Víctor Hugo Morales
Tres argumentos presentó San Lorenzo para llevarse el clásico de ayer en la Bombonera: la histórica paternidad, la idea de que técnico que debuta gana, y una concentracion fenomenal de sus jugadores.
Mientras los de Boca lucieron otra vez ese juego sin brillos de este año, el planteo de Ruggeri, piqueteando la cancha en el círculo central para obligar a Boca a tirar pelotazos interminables, y la zurda magnífica de Barrientos, merecieron el éxito largamente festejado.
Tres excusas válidas tiene Boca, y son las ausencias de Battaglia, Gago y Palacio, los puntales de los mejores éxitos xeneises. Pero los demas, también son jugadores importantes.
Se han apagado las figuras y cuando salgan de la siesta puede ser demasiado tarde para un campeón aún discutido hasta por sus propios hinchas.
San Lorenzo con sus nuevos carasucias evidentemente motivados por la presencia de un ténico recién estrenado, trabajó como para que sus hinchas vuelvan a creer en el equipo. El hombre de peor rendimiento en los de azulgrana jugó bien, al extremo de que la pérdida de Paolo en el primer minuto de juego, fue disimulada sin problemas por un juvenil zaguero de 20 años al que la Bombonera para nada afectó.
Un horizonte bien distinto se ofrece a los dos equipos, aunque estén iguales en el puntaje.
Cada partido será un examen severo para Boca y Basile. El crédito abierto por Ruggeri, en cambio, es muy amplio.