La campaña electoral aún no ha comenzado. ¿Todavía no? Oyendo al presidente Lula Da Silva se tiene la impresión de que sí. Cada día hay un nuevo "espectáculo".
Sin arrepentimiento por el anuncio del fracasado espectáculo del crecimiento económico, ahora alardea del "mayor aumento del salario mínimo desde 1985". Falso: en 1995, el aumento nominal fue de 42.9% y el real, de 21.8 %, mientras que el de este año, dependiendo aún de la inflación en 2006, podría alcanzar, cuando mucho, el 13 %.
Aun así, en promedio, rebasaría por muy poco el aumento real de salarios dado en tiempos del gobierno anterior. ¿Será motivo de tanta conmemoración, viniendo de un gobernante que se propuso duplicar el salario mínimo y que veía con desdén el esfuerzo de su antecesor para, a despecho de todo tipo de crisis, aumentar progresivamente su valor real?
Hay una diferencia: el gobierno en 1995 estaba comenzando, la simple estabilización de la economía les proporcionaba ya a los trabajadores mayor poder de compra y había tiempo para que se tomaran las medidas necesarias para equilibrar las cuentas de Asistencia, toda vez que el salario mínimo afecta el piso de las viviendas y las pensiones. Aun así, fue un ahogo.
Ahora se trata de un gobierno en fin de mandato, en año electoral que, como se hacía en el pasado remoto, después de estrechar el presupuesto y los salarios durante tres años, suelta las redes apresuradamente para ganar en el discurso y dar dolores de cabeza de forma irresponsable al futuro gobierno, que tendrá que habérselas con la explosión del gasto corriente y con el estallido del déficit de la Asistencia. ¿Qué nombre tiene esto?
Demagogia electorera.
Tomé el caso del salario mínimo como ejemplo, pero hay muchos más. Aun ahora, gracias a las habilidades mercadotécnicas de Duda Mendonca, ahí viene otra conmemoración. Esta vez cantarán victoria con el trabajo de generaciones: Petrobrás volverá a Brasil autosuficiente en materia de petróleo. Petrobrás se beneficia de su competencia y, coyunturalmente, de los altos precios del petróleo. Y todos los brasileños estamos contentos con eso. Pero, por desgracia, el aumento de la producción no se aceleró en la misma proporción lograda por el gobierno pasado.
"El auge de la producción fue de 1997 a 2002", dice Adriano Pires, director del Centro Brasileño de Infraestructura, en la Folha de S?o Paulo del 30 de enero.
Según este especialista, el promedio diario de producción de petróleo pasó de 869,000 barriles en 1997 a 1.5 millones en 2002, lo que corresponde a un crecimiento medio anual de 12 % por varios años seguidos;
mientras que en el gobierno del Presidente Lula da Silva, la media anual ha sido de 5 % durante no más de tres años, lo que hizo, desacelerando el paso, que alcanzáramos la marca de 1.8 millones de barriles apenas en 2005. Perdemos tiempo y cantamos loas a la supuesta eficiencia de un gobierno descuidado, por decir lo menos.
Ya deberíamos haber alcanzado la autosuficiencia. Las plataformas que expandirán la exploración de petróleo, construidas todavía en el gobierno anterior, la P-43 y la P-48, están dando cuenta del mensaje y, hay que decirlo, tanto esas plataformas como las que ahora están en construcción, tienen la misma proporción de equipo fabricado en Brasil: 40 %.
En la mayoría de las áreas ha sido así. En la reforma agraria, bajo la lluvia habitual de protestas del Movimiento de los Sin Tierra (MST) en cuanto al modo de contabilización del número de asentados (contra el cual,en el pasado, el PT era el primero en hacer coro para extraer dividendos políticos), el gobierno se desató a hacer asentamientos para rebasar, en 2005, la marca de los 100.000, después de dos años de retraso. En promedio continúa "perdiendo" ante el gobierno anterior. Pero ése es el problema: no es hora de hacer más de lo mismo, sino de mejorar lo ya hecho y de innovar.
Como niños jugando a ver quién es mayor, los heraldos del petismo gobiernista se distraen y distraen a la opinión pública con la obsesión de mostrar que "yo soy el mejor", en comparación con el gobierno anterior.
Además de no ser cierto en muchos casos, o de ser resultado natural de la aceleración de programas que continúan (caso de la Bolsa de Familia, con las distorsiones conocidas), es poco, muy poco, para quien en el pasado criticaba todo y se decía capaz de refundar al Brasil.
No obstante, no nos ilusionemos. Da Silva y el gobierno no están interesados en estadísticas. Quieren apenas, por la fuerza de la repetición de consignas, hacer una maniobra publicitaria con fines electorales, dirigida principalmente a los miles de brasileños que no disponen de información adecuada.
Nunca se vio tal desfachatez: comenzar una campaña antes de tiempo, usando los medios y los recursos públicos. Parte de los medios, tal vez debuena fe, reproduce acríticamente la basura gubernamental y no le da voz al otro lado. La verdad, desnuda y cruda, es que el presidente está en campaña en flagrante desprecio a la legalidad, aun cuando diga que todavía no sabe si será candidato.
© 2006 Agencia O Globo