Europa consagra investigación científica hecha en Uruguay

| Director Medico del Laboratorio Clausen

Miguel Carbajal

Por primera vez fue otorgada la ansiada Patente Europea a un desarrollo biotecnológico uruguayo en el área de la biomedicina. ¿Qué significa esta información de pronto demasiado técnica? Que por primera vez logró la Patente Europea, y su consiguiente circulación internacional, un producto uruguayo que puede culminar en un medicamento de éxito. Y un medicamento importante, además. Detrás del logro está un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina y de los Laboratorios Clausen que empezó a trabajar en 1998. Es una noticia científica de peso. Lo que viene a continuación es una entrevista al doctor Gustavo Amaro, director médico de Clausen y uno de los responsables del logro uruguayo.

—¿Qué es más importante? ¿El producto?, ¿o que ese producto tenga Patente Europea?

—Las dos cosas van unidas. Si el medicamento da los resultados previstos es fundamental contar con la Patente Europea. De alguna manera la Patente, su otorgamiento, preanuncia la aceptación internacional que puede venir después. Las dos cosas van juntas entonces.

—¿En qué consiste el producto en sí?

—En la obtención de una proteína capaz de estimular la producción de los trombocitos o plaquetas.

—Se habla de medicamentos salidos de la biotecnología. ¿Cuáles son?

—Hay muchos hoy día. Pero hay que circunscribirse a los últimos 15 años, que es cuando se produce la explosión. La penicilina fue considerada en su momento un producto biológico, de alguna forma, porque se obtenía de un cultivo de hongos. Pero el concepto biotecnológico ha cambiado y proviene de las áreas de la biología celular y la ingeniería genética.

—Proporcióneme algunos ejemplos.

—Hay dos o tres que resultan muy claros y que tienen que ver con lo que el equipo investiga. Están los pacientes con cáncer, que reciben dosis de quimioterapia: el tratamiento puede aparejarles la destrucción de otras células además de las terminales. Algunas de ellas están en la médula ósea y se ven afectadas en la producción de glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas. Las consecuencias son la anemia por falta de glóbulos rojos, las infecciones por falta de glóbulos blancos, y el sangrado por falta de plaquetas. La investigación permitió aislar y producir un producto para generar glóbulos blancos, el filgrastine, la eritoproyetina para actuar sobre la serie roja y lo que faltaba era un tercero que formara trombositos (o plaquetas). Este tercer elemento es el que nosotros pretendemos haber encontrado. Le comunico que hay mucha gente en el mundo detrás de estos mismos pasos. Nosotros pensamos que hallamos el camino. El proyecto nuestro consistió en el diseño y construcción de un sistema de expresión de Trombopoyetina humana recombinante. Se utilizan técnicas de biología molecular y de combinación de ADN para obtener el gen humano que la codifique. En el 2000 se obtuvo la proteína que se buscaba y demostró tener actividad biológica comprobada en animales. A partir de ahí Clausen desarrolló una costosa plataforma para obtener la patente correspondiente. Como primer resultado se obtuvo la patente uruguaya. Paralelamente se iniciaron los trámites en Argentina y en Chile, dos países que no están afiliados al PCT. Y se inició la incorporación en el PCT que reúne a USA, los 23 países de la Comunidad Europea, y muchos de Asia y América Latina.

—¿Qué significa entrar en el PCT?

—Es una protección dentro de los países adheridos. Significa que durante un tiempo nadie puede patentar su descubrimiento o invento y si se presenta algo similar se rechaza. Se le da prioridad a la fecha de ingreso. Por un problema estratégico de "status" se intentó entrar a la Comunidad Económica Europea a través de Uruguay, y al mismo tiempo de Suecia, ya que uno de los investigadores tiene ciudadanía sueca. Y alcanzó la aprobación primero por el lado de Suecia porque ese país tiene una experiencia mayor en este tipo de gestiones. Pero antes habíamos obtenido la patente en Sudáfrica en 2004, y en Nueva Zelanda en 2005.

—Y finalmente la Patente Europea. ¿Qué significa?

—La protección en Europa, claro. Y mucho más. Sin patente se hubiera podido vender acá, y si es bueno se puede vender en los países que no tienen Ley de Patente. Queda todavía un mercado que está fuera de la Organización Mundial del Comercio donde se pueden vender como copias o genéricos. Con el asentimiento europeo se llega a su mercado pero además se recibe la confirmación de que la proteína recombinada uruguaya es un producto innovador, que tiene altura inventiva y que además puede tener una aplicación industrial o comercial.

—¿Cuáles son los pasos próximos?

—Empezar las fases toxicológicas y clínicas. Ahora estamos en la purificación de la proteína para tenerla en un frasquito pronta para utilizar.

—¿Las próximas fases se pueden aplicar en el Uruguay?

—La toxicológica insumirá de 8 meses a un año. Se necesita operar en animales chicos, monos, en este caso, para lo cual se requiere una empresa internacional especializada en ese tipo de operaciones. La otra etapa, la clínica, requiere una infraestructura sanitaria que de seguro el Uruguay no posee.

—¿Se harán afuera entonces?

—Se ha llegado al momento de la negociación. Hay que ver hasta donde puede, o le conviene seguir, a Clausen. Lo de la patente europea abre grandes posibilidades al respecto.

—¿Cómo funciona el convenio entre la Universidad de la República y una empresa privada como Laboratorios Clausen?

—Se prevé que la Propiedad Intelectual y la Patente del producto son propiedad exclusiva del equipo investigador y de la Universidad, y que las posibles aplicaciones comerciales que devengan del hecho son derecho exclusivo de Laboratorios Clausen.

—¿Y qué sucede si el producto no termina en el éxito previsto?

—Ya es un éxito. Alcanzar la Patente Europea es un enorme logro para el Uruguay científico. Es la primera vez que la Patente Europea se otorga a un producto biotecnológico para aplicación en Biomedicina, desarrollado y financiado en el Uruguay. Lo que significa que el país cuenta con recursos humanos altamente calificados, con una infraestructura básica de investigación instalada, así como una voluntad emprendedora empresarial. Con esos elementos se puede armar un verdadero polo de desarrollo biotecnológico en general.

Trabajoen equipo

—¿Quiénes son los autores del logro uruguayo?

—El equipo investigador básico es de la Universidad de la República. Lo conforman los Dres. Cayota, Pritsch y Robello. Algunos se formaron en el Instituto Pasteur y otros en la Universidad de Granada. Volvieron en 1988 y Clausen trabajó con ellos primero en Control de Calidad, y luego en este proyecto. Hay gente en el equipo del Departamento de Bioquímica, el Departamento de Patología Médica y del Laboratorio de Inmunología de la Facultad de Medicina; de la Unidad de Bioquímica Analítica de la Facultad de Ciencias, y del Instituto Clemente Estable. El proyecto fue financiado básicamente por Laboratorios Clausen y gente suya intervino también en otras fases del proyecto.

Resultado en cuatro años

—¿Qué pasará en un futuro inmediato?

—Puede haber algún tipo de negociación con una multinacional o con una universidad del exterior. Venga lo que venga en la futura comercialización, Clausen ha decretado un porcentaje de retorno para la Universidad en cuanta transacción se haga. Parte de la estrategia del futuro es buscar la mejor forma de viabilizar el proyecto. Hay siete u ocho proyectos similares al uruguayo, pero el uruguayo tiene un diferencial y ahí radican sus ventajas. Se puede decir que el tiempo definitivo para obtener el producto final podría estar en cuatro años. Que se sumarán a los seis años de trabajo. Es un período apropiado para un logro tan importante. Estamos todos muy satisfechos", afirmó el doctor Gustavo Amaro.

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